El mayor riesgo de la 5G no viene de la competencia dentro del sector sino de lo que no vemos fuera de él

Últimamente me siento un profesional deprimido y siento que mis textos, ideas y conjeturas, vienen teñidas de esa oscuridad profesional. Hace 20 años, cuando empecé en este sector, llegaba la 3G al mercado y el optimismo desmesurado me hacía pensar que había entrado en el sector más dinámico del mundo. Un mercado que incluso tenía tintes de un glamour desmesurado —te invitaban a un evento del sector y salías con una botella de Champán en la mano—. Eran otros tiempos. En 20 años la degradación del sector y la confusión sobre la llegada de los datos móviles no ha parado de generar una realidad muy compleja para los operadores, especialmente una vez que aparece el mundo de la nube. Un mundo tan cercano y a la vez tan poco entendido en la práctica, no así en la teoría, conocida por todos.

Y ahora que los avances de la 5G se van a disparar y los analistas hablan de gran crecimiento, hasta el punto que el deprimido mercado de infraestructura RAN vuelve a crecer e incluso los fabricantes de dispositivos tiene rendidas esperanzas —siempre y cuando el coronavirus no rompa la cadena de producción en China—. El optimismo, no como antaño, pero optimismo al fin y al cabo, vuelve al sector. Como todos somos ya adultos, los analistas, en un acto de responsabilidad, listan los posibles retos que los operadores deberán evitar para que la 5G sea realmente la tecnología definitiva que devuelva a los operadores a una posición relevante en la cadena de valor digital.

Pero, cuando leo las advertencias competitivas propuestas por analistas internacionales, la mayoría se centra en la competencia entre operadores, en qué significa para cada uno de ellos —y con respecto al resto— la 5G. Y sin embargo, veo a pocos reconociendo que el principal problema de los operadores de telecomunicaciones móviles ya no está en el propio sector, sino fuera de él. En otro sector, el de la nube, que es quien resolvió por un lado el problema de cómo vender paquetes de datos móviles y, a la vez, los que metieron a los operadores en este agujero en forma de espiral del cual, si no salen, acabarán siendo sólo una red mayorista (o “tubería tonta” como solíamos llamarla cuando le vimos las orejas al lobo con la 3G).

Si bien la llegada de la 5G aporta nuevas funcionalidades y posibles configuraciones (como RAN sharing), los operadores entienden perfectamente cómo lidiar con todos estos problemas relacionados con el desarrollo de la red, como optimizarla, y como competir en base a capacidad, velocidad y cobertura. Las cartas en esta materia hace tiempo que están encima de la mesa y difícilmente ningún operador podrá superar a otro en base a estos factores, porque todos los entienden igual, y su potencial financiero existente es el único factor que los diferencia. Es decir, la configuración de mercado poco va a cambiar, y serán los grandes operadores los que vayan más rápido en lanzar 5G y en aprovechar su escala para ser más competitivos. Nada de lo que digamos en relación al lanzamiento de la nueva tecnología va a ser una alerta nueva para los operadores existentes.

Sin embargo, como ya hemos visto con la 3G y 4G, fuera del sector de las telecomunicaciones aparecen jugadores desconocidos, que siguen monetizando con modelos de negocio extraños y desconocidos. ¿Cómo saben los operadores que la llegada de la 5G no volverá a genera una nueva ola de jugadores que sabrán capitalizar las nuevas funcionalidades de la red incluso cuando no tiene total control sobre ellas?

Sin duda, leyendo a los analistas, parece que los retos que van a enfrentar los operadores son los retos que enfrentaron en el pasado, que ya fueron superados, y poco se habla de la desconexión de las redes 5G de los servicios en la nube o el ecosistema digital. Da la sensación de que seguimos encerrados en nuestra burbuja y que al sector lo que le hace falta es salir más y mezclarse con otros ecosistemas para poder realmente capturar las oportunidades que en dichos ecosistemas se están generando, en lugar de esperar en la burbuja a que estas oportunidades se presenten.

Ni los operadores ni las redes son ya el centro del negocio, son parte de algo mucho más amplio y, sin embargo, los retos a futuro o las advertencias siguen siendo las mismas que cuando se lanzaba la 3G o la 4G. Sigue sin entenderse porque seguimos hablando de retos técnicos o regulatorios propios del sector, que tiene mínimas variaciones con situaciones del pasado y pocos se adentran a alertar que a la velocidad a la que se están lanzando las redes 5G, con su propia complejidad e inversión, los operadores no podrán competir con aquellos que están esperando a que estas redes se activen para exprimirles toda su capacidad, velocidad y latencia.

Y, una de dos, o el sector se hace el despistado porque no sabe cómo tratar con esta compleja situación o simplemente no tiene ni idea de la pérdida de tiempo que supone seguir alertando sobre problemas conocidos mientras nadie explora las profundidades de aquellos espacios aún por conocer. La primera sería dramática pero entendible, la segunda sería imperdonable.

Hay que abrir los ojos, subirse a la escalera y mirar fuera de la verja del sector de las telecomunicaciones. Lo que sea que haya ahí fuera no puede ser peor que lo que les espera a los operadores si no lo enfrentan:

Es una burbuja donde cada vez hay menos oxigeno.

Rafael A. Junquera
Cuenta con más de 16 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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