Latinoamérica trabaja en llegar a los desconectados mediante proyectos tan ingeniosos como Loon

El concepto de universalización de servicios o cierre de la brecha digital no es tangible. Es casi una utopía que sirve de faro a quienes se ocupan de las telecomunicaciones para tener presente que nunca es suficiente, que por cada uno que se conecta hay varios que todavía esperan. La lucha constante por ganar el día, llegar antes o hablar con más herramientas sobre 5G deja atrás la premisa que en algún tiempo se persiguió con más ansias: llegar a los desconectados.

Se podría indicar que hay tres grandes grupos de razones que explican que en este momento de la historia, y con algunos países con índices bien altos de conectividad, todavía haya personas que ni siquiera tienen un teléfono apto para realizar una llamada. Estos tres grupos, a riesgo de perder alguno en el camino, está compuesto por quienes cuentan con cobertura pero no tienen dinero para contratar el servicio, quienes están en sitios cubiertos y no están interesados, y quienes viven en zonas sin cobertura.

Hace poco más de un año GSMA le ponía cifras al asunto en Latinoamérica: el 33 por ciento de la región está conectado a una red de banda ancha móvil, el 57 por ciento no accede a pesar de contar con la infraestructura necesaria y hay un 10 por ciento que no está cubierto. Ya por entonces estaba claro que “cualquiera que está desconectado está postergado” y todavía no estaba tan latente una segunda brecha de la que se habla ahora con más frecuencia, que podría reducirse al término calidad.

La primera brecha, entonces, divide a quienes tienen acceso de quienes no tienen acceso. En el mundo hace poco que el segundo grupo pasó a ser mayoritario según las cifras de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), que a 2018 registró que 3.900 millones de personas tienen acceso a Internet, el 51,2 por ciento de la población mundial. La segunda brecha es la calidad y aquí no están tan claros los números, pero es necesario hacer la distinción de que es mejor tener acceso que no tenerlo, pero no es lo mismo contar con una velocidad de 2 Mbps que de 50 Mbps.

Los distintos actores de la región trabajan en mejorar la situación de conectividad de los habitantes de Latinoamérica. El problema en las ciudades se fue resolviendo de la mano de distintas alternativas y ahora se trabaja un poco más fuertemente en sitios aislados o de difícil acceso. Al desconocimiento de la población sobre los beneficios de estar conectado y al precio como barrera se suma que las zonas menos habitadas son las menos rentables para los operadores, que en casos deben hacer inversiones que no recuperan por la baja demanda.

Las empresas estatales han sido una herramienta fundamental de los gobiernos a la hora de llegar a sitios aislados. Ejemplo de esto es que el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) se ocupó de más del 70 por ciento de los proyectos en telecomunicaciones que puso en marcha la administración de ese país. Este argumento es, de hecho, uno de los que usan quienes defienden que los operadores estatales siguen siendo necesarios a pesar de que los privados se muestran aptos para ocuparse del asunto y de que los gobiernos de la región tienen otras prioridades que atender fuera de las telecomunicaciones.

Los operadores privados de toda la región ponen a la fibra como uno de los focos de sus inversiones en el corto plazo. Dicen que de esa forma pueden llegar a nuevos sitios para dar acceso a quienes no lo tienen y al mismo tiempo mejorar la calidad de servicios de los que ya cuentan con las prestaciones. En Brasil, por ejemplo, todos los competidores del mercado han dicho que expandir y robustecer su fibra óptica es un objetivo que está a la misma altura que mejorar la prestación de servicios móviles.

Cuando se habla de llegar a sitios aislados ganan protagonismo las redes comunitarias, que son ni más ni menos que un bien que pertenece a una comunidad. Cada una tiene su propio modelo de negocio y no solo beneficia desde el acceso sino que genera herramientas y soluciones específicas para cada comunidad. Pero no es tan sencillo implementarlas, pues hay por lo menos tres etapas a superar para hablar de éxito de este tipo de redes, resistidas por los operadores: regulación, financiación y formación técnica.

La tecnología a utilizar es un punto álgido a la hora de llegar a los desconectados por falta de cobertura. Lo que no se logró por tierra ahora parece tener una respuesta mirando hacia arriba. Los accesos satelitales a Internet se multiplicaron en algunos países de la región, como Brasil, en los últimos años. Las alternativas crecieron y la competencia aportó su parte para lograr que los precios no se conviertan en restricción para los que esperan por conectividad.

En este contexto es que Internet para Todos (IpT), una iniciativa conjunta de Telefónica, Facebook, BID Invest y CAF, acaba de llegar a un acuerdo con Loon para llevar Internet móvil con globos a los clientes del operador en Perú. Hasta el momento la iniciativa llevó conectividad móvil a más de 800.000 personas en 3.500 comunidades rurales en el país y el objetivo es conectar más de 30.000 comunidades para 2021, dijeron las compañías en un comunicado.

Para refrescar la memoria vale recordar que IpT funciona como un operador mayorista de infraestructura móvil rural, que tiene como foco conectar a los 100 millones de latinoamericanos que no tienen acceso. Fue presentado en Perú este año y llegará pronto a otros mercados. Funciona bajo un modelo mayorista de Network as a Servicie que permite a operadores lanzar servicios de telecomunicaciones fuera de las ciudades. Loon, en tanto, es una iniciativa puesta en marcha por Google para conectar a sitios remotos con globos enviados a la estratósfera.

Inicialmente, IpT y Loon ofrecerán servicios en determinadas zonas de Loreto, donde viven unas 200.000 personas. El 25 por ciento de ellas no tiene 3G o superior y muchos otros ni siquiera cuentan con servicios móviles, ampliaron. Será la primera vez que el uso de globos funciona para una prueba general en Latinoamérica, de forma ininterrumpida, y no ante casos de emergencia. Ya habían sido utilizados, por ejemplo, por el terremoto que azotó la selva peruana este año o tras las inundaciones de 2017.

Los globos del proyecto Loon permiten extender la penetración de Internet móvil en áreas con baja densidad poblacional, usando objetos que operan a 20 kilómetros sobre el nivel del mar, por encima del tráfico aéreo. Estos actúan como torres de telefonía flotante que transmiten el servicio de un operador al dispositivo del usuario. Una vez fuera de servicio, los desechos llegan a tierra paracaídas y son recogidos por personal autorizado.

Solo resta entonces la aprobación del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) para que se ponga en marcha una nueva alternativa que combina acuerdos con nuevas tecnologías en un combo que aportará herramientas a la idea de cierre de la brecha digital en Perú. Todavía quedan millones de desconectados y Latinoamérica trabaja, con estrategias más y menos eficientes, en alcanzar a todos. Algunos tratan por tierra y otros por aire. Todo vale.

Nicolás Larocca
Nicolás Larocca es Técnico Superior en Periodismo (TEA) y Locutor Integral (ISER). Durante su carrera profesional se desempeñó en diferentes medios radiales, digitales y en gráfica como productor de contenidos, redactor y analista. Tiene conocimientos en comunicación interna, deportes, bancos y seguros, y desde 2013 se especializa en el mercado de las telecomunicaciones a escala regional.

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