La 5G cierra un ciclo sin que sepamos cómo abrir uno nuevo

Los lanzamientos de redes 5G parecen ir más rápido que los de las redes 4G, al igual que esta última fue más rápido que la 3G. Con cada nueva generación, la velocidad en su lanzamiento y adopción se realiza de forma más acelerada por parte de los operadores —nada nuevo para los más veteranos del sector—.

Este fenómeno no es solo responsabilidad de los operadores móviles, sino de todo el ecosistema que se mueve más rápido para resolver los problemas típicos de lanzamiento de nuevas tecnologías. En el pasado esto estaba muy ligado a la respuesta de los fabricantes de dispositivos en lanzar nuevos modelos y, en la actualidad, más asociado a la capacidad de crear nuevos servicios.

El supuesto o necesario —según a quien se le pregunte— cambio de foco con la 5G debería resultar en un menor peso en los smartphones como factor clave para el crecimiento de la nueva tecnología porque otro tipo de dispositivos y nuevos clientes, los verticales, emergen como el objetivo de los operadores.

Sería ciertamente contradictorio que, a estas alturas, los operadores se escudaran en la falta de un ecosistema de smartphones robusto para justificar una forzada ralentización en el lanzamiento de la 5G cuando se viene defendiendo un modelo de negocio basado en servicios para una variedad de dispositivos (IoT).

Hasta aquí todo en su sitio si no fuese porque, en realidad, parece haber mayor desajuste del que se quiere reconocer. El sector está lanzando la 5G sin que, realmente, se vea un avance significativo en la captura de clientes alternativos al consumidor final o se hayan desarrollado los novedosos servicios y modelos de monetización para la red 5G. Si bien todos los operadores apuntan en esa dirección, todavía no se ha logrado un volumen de negocio en el sector corporativo que evite la tentación de poner al usuario final como prioridad.

Esta situación, donde la 5G aún no se auto financia con el supuesto nuevo modelo, podría provocar —si es que no lo está haciendo ya— que los operadores intentaran volver a tentar a los usuarios mediante campañas agresivas. Tal estrategia no sería necesariamente negativa, pero si poco fructífera en el largo plazo y, sobre todo, alarmante de prolongarse mucho en el tiempo. Si este fuera el caso, los operadores podrían sentirse estafados con la nueva tecnología. Recordemos que desde 2012 o 2013 ya habían advertido que no apoyarían una tecnología que solo ofreciera mayor velocidad, más capacidad y menor latencia. La nueva tecnología debía aportar algo más al negocio y, ese algo, debía ser tangible.

Hay que empezar a decirlo claro, el famoso modelo de negocio no es tangible con los primeros lanzamientos 5G. Es decir, el sector ha vuelto a ser víctima de la expectativa y la especulación sobre cómo una tecnología podía transformar a una industria centenaria.

El modelo de negocio asociado a la 5G me recuerda a veces como a la “aplicación de los 10 segundos” asociado a la 3G. Debates y foros donde se intentaba encontrar la “killer application” para la 3G, con razonamientos que, vistos ahora en perspectiva, nos hacen quedar a todos como torpes intelectuales cuando se trata de desarrollar nuevos modelos de negocio. Es muy injusto juzgar el pasado bajo los conocimientos del presente, pero también sería un error no mirar a atrás para ruborizarnos y evitar, así, otro bochorno en el futuro.

Con la 5G podríamos estar cayendo, en parte y con algunos matices, en el mismo error: la búsqueda de esas aplicaciones que sostengan un modelo de negocio que ahora se encuentra en una nebulosa —no confundir con la nube—. Ese servicio que, una vez activado, tiene un retorno directo.

El problema podría no ser encontrar el qué, sino el cómo. A veces, en los negocios, ir del punto A al B no es una línea recta. Es muy posible que los operadores no deban buscar directamente ese modelo de negocio, sino que deban centrarse más en mirar a sus organizaciones, ver cómo están configuradas y que estructuras son las que no permiten sacudir ese peso histórico de ser una industria de más de cien años, excusa utilizada de vez en cuando sin ningún tipo de vergüenza.

La 5G no viene a salvar a nadie de su incompetencia o falta de pericia. Por el contrario, la 5G viene a desnudar a todos aquellos que aún siguen mirando al lugar equivocado como, por ejemplo, los propios fabricantes de dispositivos que creen que la 5G les ofrece una oportunidad porque sí, porque es una nueva tecnología y el usuario siempre pica el anzuelo de las nuevas tecnologías.

Esta vez el cuento llegó a su fin, la 5G es, si acaso, el final de un camino cuyas luces se están apagando y el principio de otro que aún está, prácticamente, a oscuras. Da la sensación que estamos al final de un ciclo sin que sepamos como, realmente, abrir uno nuevo.

Rafael A. Junquera
Cuenta con más de 16 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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