Hay algo que no cuadra en el Mobile World Congress de 2026 (MWC2026). El mayor evento de conectividad del planeta prevé superar los 100.000 asistentes, generar cerca de 585 millones de euros de impacto económico en Barcelona y reunir a miles de expositores en Fira Gran Via. Cifras que apuntan a récord. Y sin embargo, la industria que lo sustenta lleva una década perdiendo masa muscular: la fuerza laboral combinada de AT&T y Verizon, por poner dos ejemplos significativos, se ha reducido a más del 40 por ciento desde 2015, el mercado global de equipamiento de redes de acceso lleva varios años cayendo y los ingresos medios por usuario llevan tiempo estancados. El MWC crece porque ya no es una feria de telecomunicaciones ya que se ha convertido en una plataforma de convergencia donde la IA, la conectividad satelital, la robótica y el gaming compiten por protagonismo con la 5G y la futura 6G. La GSMA ha entendido que para prosperar necesita abrazar a una tribu mucho más grande que la de los operadores de red. La pregunta es si la industria telco sabrá hacer lo mismo.
La señal más contundente de esta transformación es estructural. Por primera vez, tres de los seis ejes temáticos del programa llevan “AI” en su nombre: AI Nexus, ConnectAI y AI 4 Enterprise. La IA ha dejado de ser un tema para convertirse en el principio organizador del congreso entero, y el concepto que lo va a dominar es la IA agéntica — agentes autónomos capaces de gestionar redes enteras, negociar recursos en la nube o resolver incidencias de seguridad antes de que un humano termine de leer la alerta.
Lo más ambicioso está en ConnectAI, donde la industria promete redes que no solo transportan datos sino que piensan para auto-optimizables, con ciberseguridad predictiva e IA distribuida en el edge. El objetivo declarado son las redes autónomas L4 y L5, capaces de anticipar fallos y auto-repararse. Lo que veremos en Barcelona serán mayoritariamente demos y pilotos, y la pregunta que deberemos formular es cuántas de esas demos se convertirán en contratos con SLA firmables antes de que termine el año.
Pero si hay una imagen que define este MWC más que cualquier otra, es la de Gwynne Shotwell —presidenta y COO de SpaceX— dando una keynote en un congreso de telecomunicaciones. La conectividad satelital irrumpe con nueve sesiones dedicadas, un Satellite and NTN Summit completo y el tema candente de Direct-to-Device (D2D) que representa la conexión directa desde satélite al smartphone sin torres intermedias. Esto cambia la ecuación económica de la cobertura global y, con ella, los modelos de negocio. SpaceX puede ser socio o competidor de las telcos. Skylo, por ejemplo, mantiene alianzas con Orange y Deutsche Telekom (DT), lo que sugiere colaboración, pero la capacidad de Starlink de llegar al consumidor sin pasar por operador alguno es la tensión que debe acabar de definir su significado. Para cualquier operador la cuestión ya no es si integrar conectividad satelital, sino cómo hacerlo antes de que otro lo haga en su lugar.
A esto se suma un dilema que la industria arrastra desde hace años sin resolver. Se han invertido cientos de miles de millones en desplegar 5G y la pregunta sigue abierta: ¿genera ingresos duraderos o es un 4G más rápido que nadie paga como premium? La respuesta más concreta es la iniciativa GSMA Open Gateway —APIs que permiten a los desarrolladores construir servicios monetizables sobre las capacidades de red— pero aún está por demostrar que escale. Mientras tanto, Qualcomm confirma que la estandarización de 6G ya está en marcha con llegada comercial prevista para 2029 o 2030, aunque John Hoffman, CEO del MWC, ha sido reveladoramente claro sl respecto y la 6G será menos protagonista que la IA en esta edición. La industria está aprendiendo que no puedes vender la próxima generación de red si no has demostrado que la actual genera valor.
Y por debajo de todo esto corre un debate que no genera titulares espectaculares pero que condicionará las inversiones de los próximos cinco años: la soberanía digital. Ya no hablamos solo de dónde se almacenan los datos, sino de quién controla la infraestructura de IA, quién entrena los modelos y de qué nacionalidad son los profesionales que operan los sistemas críticos. El surgimiento de stacks de IA independientes por región —Francia con Mistral, Alemania con Aleph Alpha, la UE con la AI Act— es la respuesta a una vulnerabilidad que los cambios políticos en Estados Unidos han acelerado dramáticamente.
En paralelo, la lista de ponentes confirma la expansión del perímetro del MWC. Johanna Faries de Blizzard Entertainment, Aaron Paul hablando de bienestar digital, fabricantes de robots como Agibot y ANYbotics, Airbus mostrando cabinas conectadas. No es decoración, es una industria que busca desesperadamente nuevos casos de uso que justifiquen sus inversiones en red, y esos casos vienen del gaming inmersivo, la salud conectada y la robótica, no de vender “más velocidad” al consumidor.
El MWC 2026 es un punto de inflexión no porque presente tecnologías revolucionarias sino porque marca el momento en que la industria tiene que demostrar resultados. Tres preguntas para evaluar todo lo que se vea en Barcelona: ¿tiene impacto medible en costes o ingresos? ¿Se puede contratar mañana con SLA garantizado? ¿Escala más allá de un piloto? Si al salir del congreso hay más contratos firmados que promesas renovadas, habrá sido una edición transformadora. Si no, habremos asistido a un capítulo más del ciclo de hype que la industria lleva repitiendo desde que se inventó la 3G.