La noticia se conoció la semana pasada. Viasat anunció que su satélite Viasat-3 F2 había entrado efectivamente en operaciones en las Américas. Esto permitirá a la compañía ofrecer servicios avanzados de conectividad además de abrir nuevas oportunidades de crecimiento en mercados considerados estratégicos. La eficiencia económica de la red termina de completar los objetivos que se persiguen con este lanzamiento.
Este lanzamiento no se parece a los anteriores, aunque siempre quedará vinculado. Tal como lo dijo Mark Dankberg, presidente del Consejo de Administración y CEO de Viasat, esta constelación permitirá ofrecer “conectividad de alta capacidad en los lugares en donde la demanda crece con mayor rapidez”. Es decir, se adaptará a los requerimientos de los clientes. Rutas áreas, corredores marítimos y regiones geográficas podrían ser servidas de manera dinámica cuando la demanda sea mayor.

Que en el comunicado se haya puesto énfasis en ese aspecto tiene una razón que es posible encontrarla en su propio balance. En el cuarto trimestre fiscal 2026, la operadora satelital dio cuenta de la disparidad con que evolucionan sus negocios. Los contratos de servicios de comunicación crecieron un 13 por ciento interanual, mientras que los referidos al segmento marítimo se incrementaron un 50 por ciento, los de gobierno un 18 por ciento y los de aviación un 10 por ciento.
Demanda en espera
Esto se tradujo en 6.550 aviones comerciales y de aviación ejecutiva en servicio conectados a través de Viasat, a los que se sumaron otros 1.350 barcos conectados a NexusWave -el servicio de conectividad marítima de la compañía- mientras otros 1.500 barcos quedaron en lista de espera. Es decir, la operadora satelital ya conoce gran parte de la demanda futura que tendrá de estos negocios.
Esta demanda heterogénea aunque en parte previsible obliga a la operadora satelital a ser flexible y responder a los distintos requerimientos. Una manera de atender con más eficiencia al negocio y llevar esa misma eficiencia puertas adentro de la compañía.
Imagen: Rawpixel/Unsplash
En 2023, la Comisión Europea se refirió a un informe elaborado por Euroconsult en el que se daba cuenta del crecimiento de ultra alta capacidad satelital y estableció que se pasaría de unos 2.500 Gbps registrados en 2022, a más de 7.000 Gbps en 2025 y unos 14.500 Gbps en 2030. La expectativa en ese momento era que la capacidad disponible crecería más rápido que la demanda. En este escenario, entonces, asignar de manera eficiente la oferta de capacidad allí donde hay es requerida se erige como la propuesta más inteligente y sustentable de parte de las operadoras satelitales, tanto desde el punto de vista del negocio como económico-financiero.
Este esquema de responder a las solicitudes de conectividad se parece bastante al diseño de las redes móviles, cuya infraestructura se ubica allí donde hay que satisfacer servicio. No se trata de la disponibilidad de la capacidad sino de establecer con claridad en dónde ubicar las celdas de acuerdo a la cantidad de usuarios que se mueven en torno a ellas y el tráfico que generan, que varía según horarios y demás circunstancias.
Con energía solar
El ViaSat-3 F2 cuenta con una capacidad superior a 1 Tbps para atender a América pero, más importante que eso, será la posibilidad de asignar de manera dinámica sus prestaciones hacia las rutas o zonas de alta demanda.
“Con la constelación VS3 ahora plenamente operativa, hemos ampliado sustancialmente nuestra capacidad para ofrecer conectividad de alta calidad en los lugares donde la demanda crece con mayor rapidez, además de incorporar nuevos niveles de resiliencia para nuestros clientes gubernamentales y comerciales”, agregó el CEO.

Imagen creada con Gemini
Agregó que “los VS3 son los satélites comerciales más avanzados del mundo en términos de formación adaptativa de haces, que permite generar eficiencias de costos; mejoras en el desempeño de los usuarios, al ofrecer mayores velocidades tanto en los enlaces de ida como de retorno; y resiliencia frente a interferencias”. A esto se suma la posibilidad de establecer nuevos estándares comerciales en generación de energía solar y disipación térmica.
Una propuesta que parece cerrar por todos lados.
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