Amazon Bee, Apple HomeView y la guerra por los datos: las telecos no pueden volver a quedarse mirando

Mientras las grandes tecnológicas buscan nuevas formas de conocer y monetizar nuestras vidas, las telecos siguen sentadas sobre una montaña de datos sin saber convertirla en dinero. La IA les ofrece otra oportunidad, pero el tiempo juega en su contra.

Amazon acaba de presentar Bee Frontier y Bee Eclipse, dos dispositivos con inteligencia artificial (IA) capaces de escuchar conversaciones, generar resúmenes, recordar compromisos y ayudarnos a organizar nuestra vida cotidiana. El primero cuesta 74,99 dólares y puede llevarse como pulsera y el segundo se adhiere magnéticamente al teléfono y partirá de 99,99 dólares. Ninguno introduce una categoría tecnológica revolucionaria. Los dispositivos que graban conversaciones y utilizan IA para procesarlas llevan tiempo disponibles. Entonces, ¿qué busca Amazon entrando en un mercado donde otros ya ofrecen soluciones similares?

Mi interpretación es que Amazon no está pensando exclusivamente en los ingresos que pueda generar vendiendo dispositivos o cobrando los 11,99 dólares mensuales de su suscripción Bee Pro. Está buscando algo potencialmente mucho más valioso: ampliar su conocimiento del consumidor. El propio comunicado ofrece una pista reveladora, porque Bee permite conectar información de nuestras conversaciones con Amazon.com para generar recomendaciones de compra personalizadas. Amazon ya conoce nuestros hábitos de consumo dentro de su plataforma, pero nuestras conversaciones revelan necesidades, preocupaciones e intenciones que todavía no se han convertido en búsquedas o transacciones comerciales.

Y Amazon no está sola. Apenas dos días antes del anuncio de Bee, Apple presentó HomeView, una pantalla inteligente de 299 dólares diseñada para convertirse en el centro del hogar conectado. Pero aquí aparece exactamente la misma pregunta: ¿por qué Apple decide entrar en una categoría donde Amazon lleva años comercializando sus Echo Show, Google dispone de sus Nest Hub y existen numerosos fabricantes consolidados? Evidentemente, ambas compañías pueden ganar dinero vendiendo dispositivos, pero cuesta creer que ese sea el único objetivo estratégico. Lo interesante es que están ampliando su presencia en espacios de nuestra vida donde todavía existe información que puede ayudarles a comprender mejor al usuario.

Los datos son una de las grandes materias primas del siglo XXI, aunque su verdadero valor no reside simplemente en acumularlos, sino en cruzarlos, integrarlos y transformarlos en conocimiento útil. Cuanto más sabemos sobre una persona, sus preferencias, comportamientos, necesidades e intenciones, mayores son las posibilidades de desarrollar propuestas comerciales relevantes. Y la IA está cambiando profundamente esa ecuación, porque permite pasar de conocer lo que hemos hecho a comprender lo que posiblemente queremos hacer. La diferencia entre saber que alguien compró un billete a París y conocer que está pensando viajar, con quién, cuándo y qué necesita para organizarlo puede ser comercialmente extraordinaria.

Meta, Google y Amazon llevan años demostrando que transformar información sobre los consumidores en publicidad, recomendaciones y transacciones puede generar negocios gigantescos. Ahora los asistentes de IA están abriendo otra fuente de conocimiento: millones de personas comparten voluntariamente información sobre su trabajo, sus finanzas, sus relaciones personales o sus proyectos. Estos sistemas pueden construir memoria y contexto para ofrecer servicios cada vez más personalizados. Naturalmente, existen restricciones sobre qué información pueden conservar o utilizar. Amazon, por ejemplo, asegura que Bee elimina las grabaciones de audio después de procesarlas y protege las transcripciones. Pero la privacidad y la generación de valor económico a partir de información autorizada no son necesariamente incompatibles. La clave está en convertir ese conocimiento en servicios que el usuario considere suficientemente útiles como para querer utilizarlos.

Y aquí es donde resulta inevitable pensar en los operadores de telecomunicaciones. Durante décadas, la industria presumió de disponer de uno de los activos más valiosos de la economía digital: enormes cantidades de información sobre sus clientes. Patrones de consumo, movilidad, utilización de servicios, conectividad y relaciones comerciales forman parte de un conocimiento acumulado durante años. Sin embargo, buena parte de esos datos ha terminado utilizándose para optimizar campañas, anticipar bajas, mejorar operaciones o vender tarifas. Aplicaciones legítimas, pero insuficientes para construir, de manera generalizada, negocios digitales comparables a los desarrollados por las grandes plataformas tecnológicas.

Mientras Amazon y Apple invierten para ampliar los ámbitos de los que pueden obtener conocimiento sobre sus usuarios, los operadores llevan décadas intentando descubrir cómo monetizar una información que ya poseen. Y ahora la IA podría hacer que parte de esos datos adquiriera un valor diferente, especialmente cuando se combina con el conocimiento que están desarrollando las plataformas digitales. Un asistente puede conocer nuestras intenciones de viaje, mientras un operador podría aportar información autorizada sobre ubicación, itinerancia o conectividad. Un agente de IA que realiza transacciones podría aprovechar señales de identidad y prevención del fraude. La combinación de ambos mundos permitiría desarrollar servicios que ninguna de las partes puede ofrecer de la misma manera por separado.

La oportunidad podría extenderse incluso a la IA física. Los robots y vehículos autónomos necesitan información para comprender e interactuar con su entorno, y las telecomunicaciones cuentan con infraestructuras distribuidas que podrían participar en esa generación de conocimiento. NVIDIA y T-Mobile ya exploran aplicaciones de IA física sobre infraestructuras de red, Nokia investiga cómo las futuras redes 6G podrían funcionar como sensores del entorno y TELUS Digital ofrece servicios especializados de datos para entrenar sistemas autónomos. Eso no significa que conectar un robot otorgue derechos sobre sus datos, pero demuestra que hay oportunidades más allá del simple transporte de información.

Por supuesto, tampoco debemos caer en la ingenuidad de pensar que cualquier dato de un operador tiene valor comercial. Google, Apple y otras plataformas ya conocen buena parte de nuestros movimientos y comportamientos. Además, existen restricciones legales, técnicas y de privacidad que condicionan el uso de información personal. Lo importante sería identificar qué datos o capacidades diferenciales pueden ofrecer realmente los operadores y qué necesidades de las empresas digitales podrían resolver. De ahí que la industria debería comenzar a sentarse con Amazon, Apple, OpenAI, Google, NVIDIA, Waymo, Figure AI y otras compañías para hacerles preguntas muy concretas: ¿qué información necesitan para mejorar sus sistemas?, ¿qué conocimiento sobre las personas o el mundo físico todavía no pueden obtener?, ¿qué podrían aportar nuestras redes y cuánto estarían dispuestas a pagar por ello?

Los operadores no deberían conformarse con convertirse en proveedores mayoristas de datos o verificaciones para que otros capturen todo el negocio. Iniciativas como GSMA Open Gateway, que permiten exponer determinadas capacidades de red mediante interfaces controladas, pueden ser un punto de partida, pero no necesariamente el destino final. La oportunidad más ambiciosa consiste en construir alianzas donde puedan combinarse conocimientos y capacidades para desarrollar servicios, compartir ingresos y participar en el valor comercial generado. Si el operador termina cobrando únicamente por una consulta a su red mientras otra empresa controla al cliente, la recomendación y la transacción, podríamos estar repitiendo una historia demasiado conocida.

Quizá esa sea la principal lección de los lanzamientos de Amazon Bee y Apple HomeView. Dos gigantes tecnológicos deciden competir en categorías donde ya existen productos consolidados y, aunque no conocemos todas sus motivaciones internas, ambos movimientos encajarían con una estrategia más amplia de extender el alcance de sus ecosistemas y aumentar su capacidad de ofrecer servicios basados en el conocimiento contextual del usuario. Evaluar esas decisiones únicamente por el número de dispositivos que vendan sería ignorar buena parte de su potencial económico.

En la economía digital, los datos no generan dinero simplemente porque se posean. Lo generan cuando se transforman en conocimiento capaz de anticipar necesidades, resolver problemas e impulsar decisiones comerciales. Los operadores llevan décadas sentados sobre cantidades extraordinarias de información, pero demasiadas veces han confundido poseer los datos con saber generar valor a partir de ellos. La IA les ofrece una nueva oportunidad, esta vez mediante alianzas con empresas que necesitan información y contexto para desarrollar sus próximos negocios.

Porque Amazon puede ganar o perder dinero vendiendo sus nuevas pulseras y Apple puede vender más o menos pantallas domésticas. Pero ambas siguen ampliando las posibilidades de conocer mejor a sus clientes. Mientras tanto, los operadores tienen que decidir si quieren participar en esa nueva economía del conocimiento o volver a conformarse con transportar los datos sobre los que otros construirán los negocios del futuro.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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