Lucas Gallitto es director de Políticas Públicas para América Latina de GSMA, la asociación global del ecosistema de conectividad móvil y, en diálogo con TeleSemana.com, repasó las principales discusiones que se dan en la región en materia de asignación de espectro y la evolución de 5G pero también acerca de las nuevas formas de establecer regulaciones flexibles y modernas. Brasil, Argentina, Colombia, Chile y México fueron algunos de los escenarios en los que se posó la mirada en este paseo regional con el ejecutivo.
Brasil está en plena etapa de definiciones de su subasta para 5G. ¿Cómo analiza ese mercado?
En Brasil recién ahora fue aprobado por el TCU (N.de R: Tribunal Federal de Cuentas, por sus siglas en portugués, TCU) y ahora Anatel está analizando algunas de las sugerencias que recibió. Pero, la verdad es que todavía es muy pronto para hacer balances porque recién lo estamos analizando. La subasta de Brasil es muy compleja. El tema de conectar las escuelas, de poder realizar contribuciones adicionales, del fondo para la mitigación de interferencia de 3.5 GHz, el hecho de acelerar los famosos 300 días para las capitales, a todo eso lo estamos viendo. Claramente, va a ser la subasta más grande de la historia de Anatel; hay múltiples bandas, múltiples tecnologías. Es complejo.
Y si miramos Argentina, por ejemplo, hace días se puso a consulta pública el plan de espectro. ¿Cómo ve el escenario allí? ¿Valora que está demorado en materia de los avances necesarios para desplegar 5G?
Demorada probablemente no, creo que tal vez hay muchas expectativas sobre 5G. Me parece que la evolución que va teniendo América Latina, como región heterogénea, encuentra tanto a fast followers como a otros que no lo son tanto, es decir, países cuya dinámica propia hace que la irrupción de las tecnologías tenga otro ritmo. Entonces, no diría que está retrasado, sino que va al ritmo propio que históricamente se ve en América Latina. No es simple. Y también entendemos que se tienen que dar las condiciones. En Argentina se está haciendo un roadmap del reglamento de espectro, bueno ¿dónde juega uno?, ¿cuál es la certidumbre de los planes hacia delante?, ¿qué habrá disponible y qué no, y cuándo, de qué forma? Vamos a contribuir, de hecho, estamos trabajando al respecto.
En Colombia, por ejemplo, se está planteando la discusión acerca de la renovación de licencias y consideramos que es onerosa, y ese es un tema sensiblemente relevante. Sobre el precio de espectro tenemos muchos trabajos realizados y estamos abordando uno en particular sobre ese país. Allí también seguimos con mucha atención el tema de la de la red mayorista, porque entendemos que es un modelo que tiene muchos desafíos por delante, sobre todo de sostenibilidad y sustentabilidad. El otro ejemplo más cercano en la región es México, con un modelo extremadamente complicado, y por eso creo que el desafío principal es la sostenibilidad. Pero nuestra posición es bien cautelosa.
¿Cómo evalúa la necesidad de espectro regional y su administración?
Entendemos que, en promedio, se van a necesitar que 2 GHz de espectro de banda media estén disponibles entre 2025-2030. Nosotros señalamos cómo se va a atacar la demanda que vislumbramos. Obviamente, la banda de 6 GHz no digo que es la joya, la corona, pero es una banda que claramente aporta a esa discusión. Sobre la de 3.5 GHz vemos que en el mundo es la banda pionera para servicios de quinta generación y creemos que América Latina no es la excepción, pero acá sí me parece que un mensaje relevante es que cada caso de uso que promete la quinta generación requiere de un marco de banda específica. Es decir, cobertura y que haya TI en quinta generación. Quinta generación necesita bandas bajas, bandas medias y bandas milimétricas, o sea que no son mutuamente excluyentes en el sentido de asignar una banda o de crear una escasez artificial en bandas medias para generar la demanda de la banda milimétrica. Los casos de uso no se sostienen de esa manera y por eso muchos actores cuestionan que la industria diga que necesita más cuando ya tiene espectro en banda milimétrica. Bueno, la banda milimétrica cumple una función particular para casos de uso particulares y no puede ser considerada para casos otros, que requieren de bandas medias, por ejemplo.
Quizás, el mayor desafío para los países sea cómo se despejan y se las re atribuyen.
Claramente. Este dilema muestra que hay varios caminos por los que se puede optar. Hay varios escenarios. Es bastante heterogéneo lo que pasa en la región y no hay una fórmula única. Y no es que la industria móvil quiera tal o cual banda, somos nosotros, los consumidores, los que hacemos que se vayan modificando esos requerimientos, con el cambio de nuestros patrones de consumos. Nuestros gustos como consumidores van cambiando y eso hace que obviamente la demanda sea mayor y, por ende, sea más necesaria la existencia de espectro atribuido para el servicio móvil.
Chile es otro caso: avanzó con la licitación y el uso del espectro experimental, pero aún no lanzó su oferta comercial. ¿Cómo evalúa ese escenario?
Sí, pero ahí creo que es la estrategia de cada operador mercado. Sí creemos que ha sido bastante poco el espectro que se ha puesto a disposición, sobre todo en la banda 3.5 GHz. Desde la GSMA siempre ponemos en consideración que no deberían ser menos de 100 megahertz por operador en bloque contiguo continuo, y los bloques en Chile son bastante más limitados. También nos preocupa que, en su momento, Chile haya salido de su histórica posición de no tener una mirada recaudatoria. Finalmente, para la banda de 3.5 GHz explícitamente han buscado una mirada recaudatoria. Y creo que eso ralentiza un poco los procesos de despliegue de las redes y lo hemos visto en otros países.
¿Por ejemplo?
En Italia se han pagado millones de euros por la frecuencia y después ves que el despliegue es mucho más lento que en otros países, como por ejemplo en Finlandia, donde hay una mirada mucho menos recaudatoria.
¿Y entonces, como evalúan el escenario de América Latina? ¿Cómo lo ven?
Hoy hablamos de la importancia de la conectividad y de las nuevas tecnologías para aumentar la productividad de las economías de los países de América Latina, pero después vemos que las políticas públicas no están tan alineadas por tener una búsqueda de maximización de la recaudación. Vemos estructuras impositivas que no son consecuentes con la necesidad de tener una mayor conectividad, que siguen habiendo trabas al despliegue de infraestructura, que la renovación de las licencias son problemáticas, que termina existiendo una disminución de la oferta de espectro al momento de tomar decisiones como es el caso de la banda de 6 GHz para uso no licenciado. Entonces hay como un mix match.
Y, en el medio, la necesidad de innovación de los operadores pero también de los usuarios móviles que sus operadores innoven con servicios. ¿Cómo ven ese desarrollo?
Cada una de las empresas telcos tiene su propia estrategia, claro, pero nosotros bregamos por avanzar con una modernización regulatoria, es decir, con tener regulación flexible. Estamos viendo, por ejemplo, el sandbox regulatorio de Colombia. Y lo importante de esa modernización regulatoria es que permita innovar. Recordemos que, en el pasado, estaba bastante clara la diferencia: tenías el par de cobre para teléfono fijo y su regulación; el espectro radioeléctrico y la telefonía móvil con otra normativa. Después, aparecieron los datos sobre eso y el coaxial; pero esas fronteras ya no son tan explícitas. Y un punto relevante, cuando se habla de la innovación y de los nuevos servicios, pasa por la modernización regulatoria y la posibilidad de tener marcos regulatorios a prueba de futuros modulares, que se basen en conceptos.
¿Cree que el resto de los países de la región son permeables a generar regulaciones del tipo de sandbox colombiano?
Sí, sin dudas. Hemos visto diferentes avances y discusiones, pero creo que es un trabajo constante dados los desafíos que plantean las tecnologías por su permanente evolución. Y ese es el punto, ¿cómo hacer una regulación a prueba de futuro? Casi que podría ser una utopía, por eso creo que es importante la regulación de principios. Las viejas leyes de telecomunicaciones eran mucho más restrictivas y hoy el dinamismo de la industria no lo permite. Me parece relevante estar continuamente revisando las posibilidades de cada una de las regulaciones, para no matar a la innovación cultural.
En ese sentido, ¿qué opinión tienen sobre el padrón de usuarios móviles de México, conocido como Panaut?
No existe en ningún país del mundo una experiencia que demostrara empíricamente que el registro de la SIM Card haya contribuido o tenga alguna correlación positiva con la disminución de los delitos ciudadanos, no existe. Y la verdad es que el 99,99 por ciento de los usuarios de las redes móviles lo hace con fines legales y ese cero coma cero cero cero uno siempre encontrará una forma para delinquir. Por eso, creo que lo importante es destacar que no hay una solución mágica. No parece una buena idea.