Nokia y NVIDIA han protagonizado una intensa jornada de anuncios en el marco del GTC de Berlín, acompañadas por algunos de los principales operadores europeos. Deutsche Telekom (DT) ha comunicado mejoras de entre el 10 y el 15 por ciento en el rendimiento de subida gracias a algoritmos de inteligencia artificial (IA) aplicados al procesamiento de señales de radio. Elisa ha demostrado que una misma infraestructura puede ejecutar simultáneamente funciones de conectividad móvil y aplicaciones de IA, mientras Orange Business ha presentado una arquitectura de inferencia distribuida para servicios empresariales. A todo ello, Nokia ha añadido una plataforma de IA agéntica desarrollada con NVIDIA para avanzar hacia la operación autónoma de redes.
Los anuncios son importantes porque ya no hablamos exclusivamente de promesas sobre 6G. Hay resultados técnicos medibles, pruebas sobre infraestructuras comerciales y operadores dispuestos a invertir recursos en validar una arquitectura que combina telecomunicaciones y computación acelerada. T-Mobile ha completado una llamada AI-RAN sobre su red comercial, Elisa ha demostrado la coexistencia de funciones de radio y aplicaciones de IA en condiciones reales y otros operadores preparan nuevas pruebas para 2027. Aunque todavía falta demostrar su viabilidad económica a gran escala, sería un error minimizar estos avances.
El progreso resulta más llamativo si recordamos que el 28 de octubre de 2025, hace prácticamente un año, NVIDIA anunció una inversión de 1.000 millones de dólares en Nokia, posteriormente completada mediante una ampliación de capital que convirtió a la compañía estadounidense en accionista de aproximadamente el 2,9 por ciento del fabricante finlandés. La operación no fue simplemente financiera. Ambas empresas acordaron desarrollar conjuntamente soluciones AI-RAN y explorar oportunidades relacionadas con la infraestructura de IA. Desde entonces, Nokia ha presentado una plataforma comercial AI-RAN, anunciado mejoras superiores al 20 por ciento en eficiencia espectral y ampliado sus programas de evaluación con operadores de distintos continentes.
Tener a NVIDIA como aliado representa una oportunidad extraordinaria. La compañía liderada por Jensen Huang dispone de una posición privilegiada en computación acelerada y de un ecosistema tecnológico que Nokia difícilmente podría reproducir por sí sola. Esta colaboración puede acelerar el desarrollo de nuevas arquitecturas y atraer operadores interesados en preparar sus redes para la próxima generación tecnológica. Sin embargo, conviene separar la capacidad de desarrollar una tecnología prometedora de la posibilidad de convertirla en una ventaja competitiva duradera. En telecomunicaciones, ambas cosas no van necesariamente al mismo ritmo.
El mercado de equipamiento móvil tiene características que dificultan los cambios abruptos en las posiciones de los grandes fabricantes. Los operadores trabajan con ciclos de inversión prolongados, mantienen relaciones comerciales de décadas y han construido sus infraestructuras alrededor de tecnologías cuya sustitución exige complejos procesos de integración. Incluso cuando un proveedor desarrolla una solución superior, sus ventajas deben compensar los costes de migración y los riesgos operativos. Además, muchos operadores distribuyen sus redes entre fabricantes, asignándoles distintas zonas geográficas para diversificar riesgos y mantener capacidad de negociación.
Estas dinámicas explican por qué décadas de innovación no han provocado necesariamente revoluciones equivalentes en las participaciones de mercado de los grandes suministradores. Ericsson, Huawei y Nokia han alternado fortalezas tecnológicas y comerciales sin que cada nueva generación de redes haya supuesto una redistribución radical del negocio. Por eso la alianza entre Nokia y NVIDIA plantea una pregunta interesante: ¿puede la IA alterar unas reglas competitivas que han demostrado una enorme resistencia al cambio?
La respuesta depende menos de la sofisticación de los algoritmos que de su capacidad para modificar la economía del negocio. Ericsson también está demostrando avances relevantes en IA aplicada a la red de acceso. En mayo anunció junto a T-Mobile pruebas comerciales con mejoras de hasta el 15 por ciento en rendimiento de descarga. En agosto, nuevas pruebas con SoftBank mostraron mejoras de hasta el 25 por ciento en eficiencia espectral y del 50 por ciento en velocidad de descarga en determinados escenarios. Las cifras no son directamente comparables con las de Nokia, pero confirman que la aplicación de IA al procesamiento de radio no constituye una ventaja exclusiva de la alianza con NVIDIA. Samsung y Huawei también están desarrollando sus propias capacidades.
Existe además una diferencia arquitectónica relevante. Ericsson desarrolla funcionalidades de IA que pueden ejecutarse sobre sus propios equipos, evitando en determinados casos incorporar hardware adicional. Nokia y NVIDIA impulsan una infraestructura de computación acelerada capaz de ejecutar tanto funciones de radio como aplicaciones de IA. Si el objetivo consiste exclusivamente en mejorar la eficiencia, los operadores tendrán que comparar rendimiento, consumo energético, integración, escalabilidad e inversión necesaria. Una arquitectura más sofisticada no es necesariamente más rentable.
Y aquí aparece el problema que las telecomunicaciones llevan décadas sin resolver. La industria ha demostrado una capacidad extraordinaria para incrementar las prestaciones de sus redes, pero bastante menos habilidad para convertir esas mejoras en nuevas fuentes de ingresos. Cada generación tecnológica ha multiplicado la capacidad disponible y reducido el coste de transportar información, pero los beneficios económicos de esas innovaciones no siempre han terminado en las cuentas de resultados de los operadores que financiaron las infraestructuras.
Recuerdo una conversación que mantuve hace años con un directivo de uno de los grandes fabricantes. Hablábamos sobre monetización y su respuesta fue tan sencilla como reveladora: ellos proporcionaban la tecnología; encontrar la manera de monetizarla era responsabilidad del operador. Aquella división de responsabilidades resumía una dinámica habitual. Los fabricantes desarrollaban nuevas capacidades, los operadores reclamaban modelos de negocio y, cuando esos ingresos no aparecían, ambas partes podían señalar a la otra como responsable de una oportunidad desaprovechada.
La llegada de 5G proporcionó otro ejemplo. Algunos operadores advirtieron que no invertirían en la nueva generación sin encontrar previamente aplicaciones capaces de generar ingresos adicionales. Sin embargo, terminaron desplegándola incluso sin resolver completamente ese problema. En un mercado donde la conectividad se ha convertido en un producto cada vez más homogéneo, no invertir en la siguiente generación puede resultar comercialmente más peligroso que hacerlo sin tener garantizada una nueva fuente de ingresos.
Desde esta perspectiva, conseguir que una red sea un 10, un 15 o un 20 por ciento más eficiente es importante, pero no transforma necesariamente las reglas del mercado. Si Nokia y NVIDIA terminan ofreciendo fundamentalmente mejoras operativas, estarán compitiendo bajo condiciones similares a las de Ericsson, Huawei y Samsung. Tener a Jensen Huang como aliado puede acelerar la innovación, pero difícilmente bastará por sí solo para modificar radicalmente las participaciones de mercado.
La situación podría cambiar si NVIDIA consigue que Nokia no solamente ofrezca una RAN más eficiente, sino una infraestructura capaz de generar ingresos adicionales para los operadores. Ese es el aspecto verdaderamente disruptivo de los anuncios de esta semana. AI-RAN contempla que la capacidad de procesamiento desplegada para operar la red pueda ejecutar aplicaciones de IA para empresas, sistemas industriales y otros servicios. El operador podría convertir parte de su infraestructura en una plataforma comercial que vaya más allá del transporte de información.
Elisa ofrece una primera demostración de esta posibilidad. El operador finlandés ha conseguido ejecutar simultáneamente voz, datos móviles y análisis de vídeo sobre una plataforma compartida en una red 5G Advanced real. Además, está desplegando servidores Dell equipados con GPU de NVIDIA en distintas ubicaciones para desarrollar capacidad distribuida de inferencia. La prueba no demuestra que estos servicios vayan a convertirse en un negocio rentable, pero valida una condición tecnológica necesaria para que esa oportunidad exista.
Orange Business aporta otra perspectiva. Su colaboración con NVIDIA contempla distribuir modelos de IA entre recursos de nube centralizados y ubicaciones regionales, con aplicaciones como traducción simultánea y asistentes empresariales. Este proyecto no constituye un despliegue comercial de AI-RAN de Nokia, aunque Orange mantiene una colaboración paralela con ambas compañías para evaluar esa arquitectura. Precisamente por eso demuestra que NVIDIA está desarrollando oportunidades comerciales en telecomunicaciones que no dependen exclusivamente del fabricante finlandés.
La verdadera oportunidad, sin embargo, no consiste simplemente en instalar capacidad de procesamiento en estaciones base. Consiste en ofrecer una plataforma de inferencia distribuida capaz de garantizar latencia, residencia de datos, seguridad e integración con redes privadas para aplicaciones industriales, robótica, servicios públicos o sistemas autónomos. Pero transformar esa infraestructura en un negocio exige algo más que tecnología: un catálogo de servicios repetibles, herramientas para desarrolladores, acuerdos de nivel de servicio, facturación y clientes dispuestos a pagar. En otras palabras, justamente aquello que históricamente los fabricantes han dejado en manos de los operadores.
Tampoco basta con demostrar que una aplicación funciona cerca del usuario. Los operadores deberán acreditar que la infraestructura distribuida ofrece ventajas económicas o funcionales suficientes frente a los centros de datos tradicionales, considerando inversiones, consumo energético, mantenimiento y utilización efectiva de los recursos. NVIDIA también necesita que esa infraestructura encuentre demanda comercial para sostener su expansión, aunque eso no garantiza que el valor creado se distribuya equitativamente entre fabricantes, operadores y proveedores de computación.
Si esa ecuación funciona, el impacto competitivo podría ser considerable. Un operador dejaría de comparar exclusivamente cobertura, capacidad y coste de propiedad para evaluar también los ingresos que puede generar con una infraestructura. El fabricante capaz de proporcionar una plataforma que sostenga negocios adicionales tendría un argumento comercial mucho más poderoso que una mejora incremental de rendimiento. La posible ventaja de Nokia residiría en llegar antes con una arquitectura comercial madura, acumular experiencia y reunir aplicaciones, desarrolladores y clientes empresariales. Pero también podría ocurrir que Nokia ayudase a construir el mercado mientras NVIDIA captura buena parte del valor y otros fabricantes terminan incorporando capacidades comparables.
La inversión de 1.000 millones de dólares proporciona a Nokia algo más que financiación: un socio capaz de influir en la evolución de la infraestructura informática mundial. Es una oportunidad extraordinaria, aunque todavía falta demostrar que pueda transformar la economía de los operadores y, como consecuencia, el equilibrio competitivo entre proveedores. Durante décadas, fabricantes y operadores se han pasado la responsabilidad de monetizar las redes. Quizá la oportunidad histórica de NVIDIA consista precisamente en romper esa separación.
Si Jensen Huang consigue únicamente que las redes móviles sean más eficientes, habrá contribuido a otro avance tecnológico significativo en una industria acostumbrada a innovaciones que terminan convirtiéndose en requisitos competitivos. Pero si consigue demostrar que una infraestructura de acceso puede generar ingresos más allá del negocio tradicional de conectividad, podría ayudar a cambiar las reglas del sector.
En telecomunicaciones, la genialidad no consiste en introducir más IA en las redes. Consiste en conseguir que esa inteligencia genere dinero. Y esa es todavía la gran promesa que Nokia y NVIDIA deberían demostrar para cambiar su posición en el mercado de infraestructura telco.
