Cuando los operadores convierten al big data en un enemigo

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Imagen: Cohdra/Morguefile.com

Desde la aparición de los proveedores over the top (OTT) en el mundo móvil —porque cuando solo fastidiaban a los fijos nadie les prestaba atención—, los operadores han buscado formas de obtener un mayor ingreso proveniente de estos servicios más allá del acceso. El debate sobre cómo hacerlo es uno bastante revuelto para un problema relativamente sencillo. Tan sencillo como que algunos operadores no esconden casi su sorpresa por el debate que se genera.

A finales de junio empezó a correr por Internet un link a una entrada del blog del operador de Estados Unidos AT&T. En esta entrada de su blog se comentaba el cambio de política del operador con respecto a los datos que recopila de sus usuarios. Este cambio en la política venía a ser una confirmación de lo reportado pocas semanas antes sobre cómo los operadores de Estados Unidos estaban metiéndose de lleno en el big data como negocio (o Network Analytics).

AT&T no tiene reparos en explicar cómo funciona el mundo de Internet y cómo empresas como Google o Facebook —menciona a ambas— utilizan este tipo de prácticas para financiarse. Tampoco tiene reparos AT&T en mencionar a su máximo competidor, Verizon Wireless, cuyo programa, Precision Market, estaría más avanzado en relación al uso de datos individuales y agregados de sus usuarios.

La utilización de estas tres empresas para justificar su nueva política de privacidad y su intención de ingresar adicionalmente a costa de sus propios clientes ya en sí parece una forma de justificar algo potencialmente negativo. AT&T se escuda en que si son muchos los que lo hacen, tan malo no debe de ser, recordándole además al usuario que ellos ya sacrifican sin problema sus datos con Facebook y Google.

La presentación del cambio de privacidad nos parece equivocada, porque al leer la justificación nos parece detectar que AT&T busca más su beneficio que el de sus usuarios, que pagan por los servicios que esta empresa les ofrece. El operador deja claro que hay dos tipos de información. La personal, que el operador utiliza para dos cosas: crear ofertas personalizadas con servicios del propio AT&T y para mejorar su red y, segundo, para vender esta información para que el usuario reciba ofertas especiales del propio AT&T o de sus socios comerciales —es decir, los que le compran la info del usuario—. Luego hay una segunda categoría de información que serían los datos agregados de los usuarios, que ofrecerían tendencias sin ofrecer información individual.

Los operadores de todo el mundo van a seguir este camino, de eso no hay duda. Sin embargo, al final no es lo que el operador hace, sino cómo y de qué forma lo comunica. Porque ya sabemos todos que las nuevas generaciones tienen un concepto de la privacidad muy distinto al que tenemos aquellos que nacimos en los ’60, ’70 u ’80, precisamente debido a la llegada de OTTs como Facebook. Aún así, en la actualidad, somos los que nacimos en esos años los que posiblemente más rentabilidad le demos a los operadores, y mientras eso sea así, este tipo de negocio debe enfocarse con sensibilidad.

Para evitar sorpresas, los operadores podrían cuantificar el mercado potencial de estos datos y empezar con un MVNO que, por ejemplo, ofreciera servicios de voz 2G y SMS gratuitos a cambio de permitir el uso de la información y un pago por el acceso a datos —creo que hoy saldría más a cuenta subsidiar servicios 2G que 3G—. Probar el experimento, ver la reacción y determinar cómo reaccionan los usuarios y qué compensación se les ofrece por este uso de los datos. Porque en un mercado competitivo, si el mercado del big data fuese capaz de sostener a un operador, está claro que el precio de los accesos podría sufrir un fuerte revés.

Rafael A. Junquera
Cuenta con más de 16 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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