La bancarrota de OneWeb no es signo de fracaso de los satélites no geoestacionarios pero sí de sus desafíos

Todo cambió en 48 horas. Esa fue la sensación de todos cuando cayeron las bolsas a nivel mundial. En un solo día, Wall Street se desplomó tanto como en la crisis del ‘29.

Siete días después, OneWeb anunciaba que iniciaría el proceso de quiebra bajo el Capítulo 11 del Código de Bancarrota e los Estados Unidos. La medida, tomada apenas unos días después del lanzamiento de nuevos satélites de su constelación, fue justificada por el coronavirus, que impulsó las bolsas hacia la baja y terminó en una decisión de los inversores de no colocar más dinero para financiamiento. “Desde el inicio del año, OneWeb ha estado ocupado en negociaciones avanzadas en relación a inversiones que permitirán financiar a la compañía a través de sus despliegues y lanzamientos comerciales. El proceso no progresó debido al impacto financiero y la turbulencia que se generó en el mercado a raíz del coronavirus”, señalaba la compañía en el comunicado.

El coronavirus precipitó la explosión de la burbuja inversora: la canilla de financiamiento se cortó y las compañías que no estaban preparadas para funcionar sin una nueva inyección de capital se vieron en problemas. “Toda startup está en el borde de la bancarrota”, afirman. Y OneWeb era una startup, a pesar de la espalda que le daban los nombres de sus inversores.

OneWeb ha lanzado, hasta la fecha, 74 satélites como parte de una constelación que inició con una proyección de 700 satélites pero que luego fue reducida, gracias a que la tecnología evolucionó para poder ofrecer mayor capacidad y cobertura con menor equipamiento. La compañía también tiene desplegadas terminales en algunos mercados potenciales y la mitad de sus 44 estaciones en Tierra previstas están completadas o en desarrollo —para la infraestructura terrestre tiene un acuerdo con Hughes—.

Toda esta infraestructura, además de sus posiciones de espectro, están a la venta. ¿Quién puede llegar a comprarlo? Obviamente, las empresas que están trabajando con satélites no geoestacionarios y compañías satelitales tradicionales aparecen siempre como la primera opción. Quienes estén interesados deberán pensar en la utilidad que puede tener para su negocio los activos de OneWeb. El espectro, por ejemplo, en algunos países es compartido y, por lo tanto, su uso está ajustado a un diseño de satélites aprobados para que no interfieran con otros servicios. Además, algunos países tienen como condición que se ocupen las frecuencias en un periodo de tiempo o se pierde la concesión. Pero, al fin y al cabo, el que compre se estará llevando tecnología e innovación. Y, por lo que se estima, a un precio mucho menor del que la compañía realmente podría llegar a valer.

El tema es que OneWeb no es la primera compañía de satélites de baja órbita (LEO) que se presenta a quiebra. Antes que ella, también lo había hecho LeoSat. Otras compañías que están invirtiendo en microsatélites, como Amazon o SpaceX, todavía no han lanzado servicios y mantienen en reserva sus planes de negocio. ¿Qué papel le quedará a lo satélites de órbita baja tras la caída de uno de sus principales impulsores?

La pregunta empezó a gestarse desde que se conoció la quiebra de OneWeb. “Sin dudas es una mala noticia para el mercado”, apuntó Fernando López, uno de los directores regionales de Asiet, una asociación que aboga por una complementariedad entre los servicios móviles y satelitales.

La percepción en la industria, no obstante, es que esta noticia no significa que todos los proyectos de órbita baja terminen en fracaso. “No lo tomaría como un síntoma del mercado”, dijo Oscar González exfuncionario de la Secretaría TIC de Argentina y que tiene experiencia en el mercado de satélites de órbita baja durante la primera ola de inversiones en este tipo de proyectos.

Lo que parece haber sucedido con OneWeb es una mala combinación de un proyecto de gran demanda de capital con un modelo que todavía necesitaba algunos ajustes y una economía mundial en caída libre. Todo esto generó las condiciones para que la compañía estallara. “OneWeb requería de una inversión de capital fuerte con la promesa de ganancias a muy largo plazo. Esta es una industria que requiere inversiones y costos fijos considerables, pero beneficios a muy largo plazo”, explicó López. Cabe recordar que OneWeb tenía recién previsto que sus servicios comerciales iniciaran en 2021.

González comentó que hay que recordar que el mercado satelital es “de capital intensivo y de márgenes acotados” por lo que, en épocas de contracción económica mundial, como la que estamos viviendo, podría verse afectado.

Igualmente, la situación externa no llegaría a provocar un freno en la industria, pero sí retrasos. Gabriela Lago, una especialista en el mercado de satélites que trabajó en OneWeb, comentó que habrá desafíos en temas de insumos. “La industria de satélites no geoestacionarios ya tenía problema de aprovisionamiento y esta situación podría generar más”, señaló.

En un webinar realizado por el portal SpaceNews, algunos analistas internacionales comentaron sobre la situación de los sistemas no geoestacionarios tras la noticia de OneWeb. Por ejemplo, Claude Rousseau Research Director de Northern Sky Research, apuntó que todavía falta trabajar en el caso de negocio de los satélites no geoestacionarios y, principalmente, mayor desarrollo en los terminales. “Es un tema que todavía no está resuelto, hoy los terminales que existen no son económicos”, resaltó. Para Chris Quilty, Founder and Partner, Quilty Analytics, en tanto, esto fue lo que pudo haber provocado que OneWeb virara de un proyecto pensado inicialmente para el consumidor final a servicios para el sector corporativo y público.

“Hoy un alto porcentaje de los servicios satelitales (NdR: GEO y No GEO) son contratados por el sector público para temas de seguridad y educación. Actualmente, los presupuestos de gobierno se ven reducidos para estos temas y las prioridades son otras”, explicó López de Asiet. Por eso, todas las empresas apuntan a llegar al sector residencial, pero para ello es necesario hacer una revisión de los mercados, las ofertas y las condiciones regulatorias para que estos servicios sean posibles. El ejecutivo de Asiet alertó, además, que en la industria se suele hablar mucho de las oportunidades pero no tanto de cómo hacer para poder ofrecer el servicio. “Es un tema que aún queda por definir, ¿qué capacidades se tienen para aterrizar en mercados como el del consumidor final?”, remarca.

Pese a estos desafíos, en general se ve optimismo en relación a los proyectos de satélites no estacionarios. Quizás, en parte por el éxito de O3B, un proyecto con una constelación de satélites en órbita media que fue adquirido por SES para complementar su oferta geoestacionaria. Además, los inversores que están detrás de estas iniciativas, como SpaceX o Amazon, tienen suficiente espalda financiera y condiciones que no tenía OneWeb: SpaceX tiene sus propios lanzadores, lo que le permite una mejor integración vertical para su modelo de negocio. Amazon, en tanto, tiene una demanda propia lo suficientemente amplia como para justificar una inversión en este tipo de despliegues. “Amazon tiene la red y el contenido. Puede ser su propio cliente”, afirma Lago.

Además, el mercado hoy en día es muy diferente a lo que sucedía en el pasado. Por ejemplo, ya no hay competencia entre satélites geoestacionarios y no geoestacionarios. “Antes se veía a los LEO como ‘outsiders’ pero ahora hay mayor complementariedad entre ambos”, recordó González. Además, siguiendo la perspectiva de Asiet, los satélites pueden convertirse en redes mayoristas, y complementarse con operaciones locales para ofrecer servicios terrestres. De hecho, ya se ha hablado de la posibilidad que, desde el cielo se puedan ofrecer servicios similares a la fibra, que se complementen con 5G.

Pero, más allá de los desafíos, los proyectos siguen en pie, básicamente, porque las oportunidades todavía están vigentes. “Los satélites son un complemento de las redes terrestres y son particularmente importantes para cerrar la brecha digital”, apuntaba López.

El nuevo coronavirus, además, demostró que la conectividad es más importante que nunca. “Hay una gran parte del mundo todavía desconectado”, recordó Lago. De hecho, esa parte del mundo es la que pretendía llegar OneWeb con sus servicios de banda ancha.

Todo parece indicar que, en realidad, estamos frente a una situación en que lo que cambia no es el mercado sino el tiempo. La bancarrota de OneWeb no significa el fracaso de los proyectos de satélites no geoestacionarios sino su retraso. Es una muestra de que aún quedan desafíos por resolver pero, sobre todo, que las empresas que hoy dependen de inyecciones de capital están pasando un momento muy complicado por la crisis económica que desencadenó la pandemia.

Leticia Pautasio
Leticia Pautasio es periodista y Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Quilmes (Buenos Aires, Argentina). Durante su carrera profesional se desempeñó en gráfica, radio y medios de comunicación en línea. Desde 2009 se especializa en tecnología, telecomunicaciones y negocios; cubriendo la realidad del sector en América latina. En 2013 obtuvo el diplomado "El Periodista Latinoamericano como agente y líder en el desarrollo social" del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (México). Contacto: [email protected]

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