Probablemente ha habido más avances en los últimos 10 años que durante el siglo anterior. Inclusive para los que estamos en esta industria, sentimos que cada semana, e incluso todos los días, hay algo nuevo, y que las cosas que estaban de moda hace unos pocos años están quedando obsoletas e inclusive se convierten en algo vergonzosas.
Y según esa cuenta, el mundo ha entrado en un estado exponencial. Pero, ¿alguna vez se desacelerará de nuevo? ¿Siempre será así?
Me atrevo a afirmar que no solo no se desacelerará, sino que las cosas serán aún más rápidas. Puede parecer difícil creer que no haya límites para nada, y también es difícil estimar lo que ocurrirá de manera generalizada en el mundo en los próximos tres a cinco años, por lo que baso mi argumento en algo mucho más simple y que podemos experimentar en un marco de tiempo más intuitivo. Veamos cómo se introduce cada tecnología individual.
La mayoría de las tecnologías tardan un tiempo en desarrollarse y hacerse útiles. Algunas de ellas ni siquiera tienen una aplicación o caso de uso que ayude a su adopción, lo cual de por sí ya es un problema; pero inclusive cuando los productos o soluciones maduran y tienen todas las características necesarias, toma tiempo para que la adopción se vuelva generalizada. Como resultado, la introducción de la mayoría de las tecnologías termina pareciendo una “curva S” (o “sigmoide” por su función matemática). El conocido gráfico de “entusiasmo tecnológico” popularizado por la empresa de análisis de mercados Gartner, es una ligera variación, con una sobre-reacción inicial que está relacionada con las expectativas iniciales.

Ahora me voy a atrever a tomar un salto. Uno pequeño, pero aún así un salto. Voy a sugerir que los beneficios totales que una tecnología proporciona a la sociedad en general también sigue una curva S. Sin adopción, no hay beneficio. Máxima adopción, máximo beneficio. A esto podremos llamarlo la “curva de beneficio tecnológico” o la “curva de impacto tecnológico”. Se podría argumentar que hay algunas tecnologías que no requieren mucha adopción para tener un impacto, pero aún así necesitan ser adoptadas por unos pocos usuarios que son necesarios para tener un impacto, y aún así tendrán un período donde hay cero impacto y luego, después de un tiempo, máximo impacto.
Pero las innovaciones nunca ocurren de forma aislada. Siempre hay varias tecnologías que se adoptan en cualquier momento dado, en diferentes etapas de su ciclo. En realidad, puede haber docenas, cientos de estas curvas S superpuestas en diferentes momentos. Si aceptamos que este es el comportamiento general aproximado del impacto de cualquier tecnología, y le sumamos el hecho de que pareciera haber una nueva invención -por más pequeña que sea-, o una mejora que aparece cada día, obtendremos algo como el gráfico a continuación, donde cada color representa una tecnología específica.


No será absurdo decir que el mundo ha entrado en una exponencial y que nunca volverá a ser lo que era. Continuaremos viendo cambios que se acercan más rápido que nunca y que seguirán acelerándose. Pero, ¿qué significa todo esto para todos nosotros? ¿Qué significa para la industria de las Telecomunicaciones?
El efecto de los exponenciales en las empresas
Un mundo exponencial y concretamente un entorno, un mercado exponencial donde se desenvuelven las empresas, tiene efectos profundos en cómo operan las empresas. Analicemos uno de los artículos fundamentales en la teoría de negocios, publicado en 1937 por Ronald Coase. A pesar de que el artículo prácticamente le valió a Coase el Premio Nobel de Economía y que ha sido citado más de 40,000 veces, “The Nature of the Firm” no es un artículo muy popular entre el público en general, pero ofrece una explicación económica de por qué la gente prefiere formar asociaciones, empresas y otros negocios en lugar de simplemente intercambiar bienes y servicios en un mercado de forma bilateral. “La naturaleza de la empresa” (que es como se traduciría el nombre del artículo al castellano), argumenta que la razón principal por la que existen y se forman estas organizaciones es porque permiten tener costos de transacción más bajos paredes-adentro de la organización, comparado con fuera de ellas. Son básicamente máquinas para la eficiencia de las transacciones.
A medida que las tecnologías se vuelven más poderosas, también se vuelven más ampliamente disponibles, y la consecuencia eventual es que los productos y servicios tienen una mejor calidad, son menos costosos y salen al mercado más rápidamente. A medida que estas tendencias continúen acelerándose, y especialmente si hay digitalización involucrada, el ritmo de cambio entra en una espiral irreversible. En general, cuatro tendencias comienzan a retroalimentarse mutuamente:




En general, la tendencia exponencial hacia una mejor calidad, menor costo y mayor rapidez, también reduce los costos de transacción para todos y funciona como un gran igualador, anulando efectivamente la ventaja de realizar transacciones dentro de la empresa. Una vez que se alcanza este punto, la competitividad y -podríamos argumentar-, la razón de ser de la empresa desaparece. Aunque intuitivamente suene plausible, puede ser difícil imaginarlo. Personalmente, cuando encuentro algo que es difícil de imaginar, tiendo a llevar el experimento mental al límite para ver qué sucedería en ese caso. Imaginemos un escenario en el que tenemos “freelancers” (por llamarlos de alguna manera), y que estos trabajadores independientes tienen acceso a herramientas y recursos que ahora solo las corporaciones más grandes y capaces tienen acceso. Supongamos que esos recursos y herramientas también estén disponibles bajo una base de “pago por uso”, o incluso mejor, de forma gratuita. Estas herramientas incluirían todo lo necesario para realizar el trabajo, software, herramientas reales, vehículos, etc., incluso recursos de manufactura que se podrían utilizar para producir una unidad. Este escenario no es tan difícil de imaginar ahora que tenemos software sofisticado de gestión del tiempo, herramientas de código abierto, etc., disponibles por muy poco costo o de forma gratuita, y que existe la impresión 3D capaz de fabricar piezas funcionales en pocos minutos. Entre estos “trabajadores independientes”, incluso podríamos tener profesionales legales que estructuren contratos para un proyecto, especialistas en recursos humanos que contraten a otros trabajadores independientes y administren sus beneficios como parte de su paquete de compensación. Podríamos preguntarnos (dejando de lado aspectos importantes como la gestión de la propiedad intelectual y otros que podríamos mencionar), ¿cuál es la diferencia entre esto y una gran corporación? En este escenario, esta “pandilla variopinta de inadaptados” podría competir eficazmente con cualquier corporación, para cualquier proyecto.
Este tipo de disrupción ha ocurrido en el mundo Telco con anterioridad. La aparición de las OTT es un ejemplo. De un ambiente totalmente controlado, donde conexión, almacenamiento, y contenido eran todos ofrecidos por la operadora, ahora tenemos un escenario donde el contenido viene de diversas fuentes, y en algunos casos, está desmonetizado.
En esencia, en este escenario, es fácil ver cómo se desafía la capacidad de las organizaciones tradicionales para crear (y acumular) valor. Pero lo que pueden hacer las organizaciones para garantizar que sigan brindando valor y subsistan es acelerar sus operaciones para mantenerse a la vanguardia. La única forma en que las organizaciones pueden seguir existiendo y mantenerse competitivas es adoptar atributos similares a los que crean estas tendencias exponenciales.
En el caso de las operadoras de telecomunicaciones, es imperativo que utilicen estrategias similares a las utilizadas por empresas tecnológicas más ligadas al género IT, y a las hyperscalers, adoptando, en sus operaciones ligadas al negocio, activos apalancados, personal bajo demanda, paneles de control o “dashboards”, e interfaces mejoradas para interactuar con sus clientes.
Debe estar conectado para enviar un comentario.