Pocas áreas generan tanto debate, inversión y expectativa dentro del ecosistema telco como el RAN. Desde la virtualización hasta Open RAN, pasando por la obsesión reciente con el ahorro energético, el acceso radiofónico sigue siendo la frontera donde se juega gran parte del futuro operativo de los operadores móviles. Ahora, con la inteligencia artificial (IA) como nueva palabra mágica de la industria, era cuestión de tiempo hasta que el RAN e la IA colisionaran con fuerza. Esa colisión ya está en marcha.
Esta semana, la AI-RAN Alliance —una iniciativa lanzada en 2024 con la ambición de integrar la IA en el corazón mismo de las redes de acceso— anunció haber superado los 100 miembros. La cifra por sí sola dice poco, pero refleja un apetito creciente por convertir las redes en sistemas más autónomos, eficientes y capaces de habilitar nuevos servicios desde el borde.
El último operador en sumarse ha sido Vodafone, que no oculta su interés en desplegar IA tanto para optimizar el rendimiento como para correr aplicaciones generativas sobre la infraestructura RAN existente.
El empuje institucional viene acompañado por proyecciones de mercado igualmente ambiciosas. Según Dell’Oro Group, hacia 2029 hasta un tercio del mercado RAN estará compuesto por soluciones “AI RAN”. No como categoría separada de ingresos —el informe es explícito en eso—, sino como una evolución inevitable dentro de un entorno donde reducir OPEX es tan importante como lanzar nuevas ofertas. Lejos de ser disruptiva, la IA se presenta como salvavidas ya que es una tecnología que no reinventa el modelo, pero que sí podría ayudar a hacerlo viable unos años más.
El enfoque técnico detrás de AI RAN se estructura en tres capas complementarias: usar IA para optimizar funciones del RAN, desplegar cargas de IA sobre la infraestructura del RAN, y compartir recursos entre ambos. SoftBank, uno de los pioneros en esta integración, demostró que un único servidor con GPU puede operar 20 celdas 5G y ejecutar inferencia IA simultáneamente, alcanzando niveles de utilización hasta tres veces mayores que una red convencional. Bajo esta arquitectura, la red no solo transporta datos sino que también piensa.
La AI-RAN Alliance, que reúne a actores como Arm, Nvidia, Samsung, Nokia, Ericsson, T-Mobile, Orange y ahora Vodafone, actúa como catalizador para normalizar esta visión. Sin embargo, no se trata de un terreno nuevo y muchas de estas compañías ya estaban explorando la automatización avanzada bajo el paraguas de Open RAN o virtualización. La IA les ofrece ahora una narrativa común, más ambiciosa, más política y, probablemente, más financiable. El relato importa.
No obstante, el salto del concepto al despliegue sigue siendo complejo. Vodafone y Ericsson han probado algoritmos para poner radios 5G en “deep sleep” durante horas valle, reduciendo el consumo hasta un 33 por ciento sin afectar la calidad de servicio.
En Asia, operadores como China Mobile y China Telecom exploran decisiones autónomas multiobjetivo y modelos generativos para gestión de fallos. En Japón, SoftBank ya proyecta monetizar su infraestructura AI-RAN como capacidad de cómputo para terceros, con promesas de ROI superiores al 200 por ciento. Pero fuera de estas pruebas —técnicamente sólidas—, la adopción masiva sigue esperando.
Tampoco hay consenso absoluto sobre el futuro de arquitecturas más integradas como el llamado AI-RAN, que propone usar la misma infraestructura de cómputo para procesar tanto datos de red como tareas de inferencia de IA. Aunque Nvidia, Samsung, SoftBank y otros grandes actores lo están promoviendo con fuerza, la industria reconoce que su adopción será progresiva, y que sus beneficios más tangibles, al menos en esta etapa, se centran en eficiencia y automatización, no en nuevos ingresos.
Así, la IA se presenta no tanto como tabla de salvación, sino como requisito mínimo de supervivencia. Una vía para reducir complejidad, acelerar despliegues y controlar costes en un contexto donde las inversiones en infraestructura ya no se justifican por promesas de crecimiento, sino por necesidad de eficiencia.
En una industria donde los ingresos no crecen y los usuarios no esperan, la red de acceso necesita algo más que espectro y silicio. Necesita inteligencia y en eso anda todo el ecosistema.