El reloj cuántico ya está en marcha en el sector de las telecomunicaciones

Las telcos del mundo se preparan para amenazas que aún no han llegado. ¿Y América Latina?

En el sector de las telecomunicaciones, anticiparse a las amenazas ha sido siempre una cuestión de supervivencia. Pero esta vez, la amenaza no es una vulnerabilidad de software ni una filtración de datos convencional. Es algo más fundamental: la computación cuántica.

Su irrupción, aún incipiente pero inevitable, ha obligado a los operadores a mirar más allá de 5G o la automatización para preguntarse si los cimientos criptográficos sobre los que hoy se apoya toda la infraestructura digital resistirán el mañana. Según una nueva entrega del tracker Q‑Beat de STL Partners, 29 operadores en todo el mundo ya han iniciado proyectos en este campo, y el 44 por ciento de ellos están centrados específicamente en defenderse de amenazas cuánticas futuras.

Lo que las telcos temen no es una hipótesis abstracta. Como recuerda STL, actores maliciosos también están invirtiendo en computación cuántica, y su aplicación podría permitir desencriptar comunicaciones cifradas hoy mediante técnicas de “almacenar ahora, descifrar después”. Este tipo de ataques ya preocupa a gobiernos y sectores críticos, pero para las telcos —cuya infraestructura transporta el grueso del tráfico digital global— supone una disrupción potencial a nivel sistémico. En este contexto, los proyectos en marcha no apuntan solo a proteger su propia red, sino también a ofrecer nuevas soluciones de ciberseguridad poscuántica a terceros.

Aquí es donde entran dos estrategias técnicas complementarias. Por un lado, la criptografía poscuántica (PQC), basada en algoritmos diseñados para resistir ataques de ordenadores cuánticos y que puede desplegarse mediante software, sin necesidad de alterar las redes físicas existentes. Aunque STL destaca esta vía como mayoritaria en los proyectos de defensa registrados, es el análisis más profundo el que permite entender por qué está ganando tracción tan rápido.

A diferencia de tecnologías como la distribución cuántica de claves (QKD), la PQC es más fácil de escalar, más económica y compatible con el legado digital actual. Además, organismos como NIST y el NCSC británico ya han establecido estándares y plazos para su adopción obligatoria antes de 2035, lo que acelera aún más su despliegue.

Por otro lado, está la vía de la detección en tiempo real mediante QKD, que algunos operadores ya han probado en ciudades como París, Madrid o Estambul, según casos recogidos por diferentes iniciativas recientes. Aunque STL menciona que la distribución cuántica de claves forma parte del conjunto de proyectos en marcha, son otras fuentes las que permiten trazar su aplicación específica en estos escenarios.

STL recoge ejemplos como el de Orange, que ha lanzado junto a Toshiba un servicio comercial de ciberseguridad cuántica basado en QKD y PQC para clientes empresariales. Telefónica y Turkcell también han realizado pruebas similares. Sin embargo, el alcance limitado de QKD por fibra —entre 100 y 150 kilómetros— y la complejidad de sus requerimientos técnicos hace que, por ahora, su uso quede restringido a enlaces de alta sensibilidad. Lo que los operadores están construyendo, en la práctica, es un enfoque de defensa en capas. Es decir, usar QKD donde tenga sentido, e implantar PQC de forma generalizada para asegurar todos los datos cifrados a largo plazo.

Este enfoque dual no es casual. Si bien STL pone el foco en la dimensión táctica de los proyectos —quién hace qué y con quién—, lo que se perfila en segundo plano es un cambio de mentalidad estratégica. Las telcos no solo se están blindando; están convirtiendo la seguridad cuántica en una nueva línea de negocio. Tal como hicieron con la nube o los centros de datos, ahora buscan empaquetar sus capacidades en defensa poscuántica como servicio para clientes corporativos. No es solo reacción, es monetización.

Además, hay un elemento reputacional en juego. Tras el éxito obtenido por muchas operadoras al integrar rápidamente GenIA, y presentarse como pioneras tecnológicas, la cuántica ofrece una nueva oportunidad para reivindicar liderazgo.

En un sector donde la innovación muchas veces llega por obligación, no por vocación, adelantarse al problema cuántico permite a las telcos recuperar una narrativa de anticipación y control. No es trivial. En un entorno donde el regulador y el cliente corporativo están cada vez más atentos al riesgo, ser percibido como proactivo puede marcar la diferencia entre conservar una cuenta clave o perderla frente a un proveedor más ágil.

En términos geográficos, los datos de STL muestran una concentración de actividad en Asia, con SK Telecom a la cabeza, seguida por Japón, China y Singapur. En Europa destacan Deutsche Telekom (DT), KPN, Orange, Telefónica y Telecom Italia, mientras que en América del Norte AT&T y Verizon han comenzado a moverse con cierta discreción.

Del lado de los socios tecnológicos, Toshiba es el más mencionado, pero también aparecen ID Quantique, Adtran y Thales. La red de alianzas refleja un ecosistema que comienza a consolidarse alrededor de una amenaza compartida. Y si el ecosistema ya se está armando, es porque la amenaza ha dejado de ser hipotética

Pero quizá el dato más revelador no esté en los porcentajes ni en los nombres, sino en el hecho de que estos movimientos se estén produciendo antes de que las computadoras cuánticas funcionales estén disponibles a gran escala. Las telcos están invirtiendo ahora para protegerse de un riesgo que aún no se ha materializado, pero que, si llega, lo hará de forma irreversible.

En ese sentido, lo que está en juego no es solo la seguridad de las redes, sino la credibilidad misma de los operadores como custodios del nuevo orden digital. Porque en esta ocasión, más que nunca, el futuro no se defiende con parches. Se defiende con anticipación.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.