AT&T da el primer paso hacia un RAN verdaderamente abierto, pero ¿quién se atreverá a seguirlo?

El despliegue pionero de una rApp de terceros en la red de AT&T marca un punto de inflexión hacia la automatización abierta del RAN, con implicaciones estratégicas para toda la industria.

La noticia podría marcar el principio de un cambio real en la forma en que se diseñan, operan y optimizan las redes móviles. AT&T y Ericsson anunciaron conjuntamente el despliegue exitoso —dicen que por primera vez a nivel mundial— de una rApp desarrollada por un proveedor externo en una red 5G comercial. La aplicación, orientada a optimizar parámetros del RAN en tiempo no real, fue ejecutada sobre la plataforma Ericsson Intelligent Automation Platform utilizando la interfaz estandarizada R1 definida por la O-RAN Alliance. Más allá del titular, el anuncio representa un salto cualitativo hacia una red programable, modular y verdaderamente multi-vendor.

Durante años, la industria ha hablado de apertura y automatización, pero en la práctica, la mayoría de los operadores han seguido dependiendo de soluciones propietarias integradas verticalmente por los grandes proveedores de infraestructura. El despliegue de una rApp externa en una red de producción rompe con ese patrón, no solo por su valor técnico, sino por su carga simbólica ya que demuestra que es posible incorporar inteligencia desarrollada fuera del proveedor principal sin comprometer la estabilidad de la red.

El RAN —tradicionalmente cerrada, opaca y difícil de reconfigurar— comienza a parecerse a una plataforma de software abierta, donde distintos actores pueden aportar algoritmos especializados para optimizar funciones específicas.

Este despliegue no fue improvisado. La aplicación, según el comunicado oficial de Ericsson, pasó por rigurosos ciclos de validación antes de activarse en vivo, y opera bajo parámetros de seguridad definidos en la arquitectura de Open RAN. La interfaz R1 —a través de la cual la rApp se comunica con la capa de gestión y orquestación (SMO)— permite que estas aplicaciones realicen acciones sobre la red siguiendo estándares abiertos. Su uso en producción, validado en este caso por la empresa sueca, refuerza la idea de que los marcos definidos por la O-RAN Alliance han alcanzado un nivel de madurez suficiente para soportar ecosistemas interoperables.

Otros operadores ya están explorando este camino. Verizon, por ejemplo, desplegó a principios de 2025 una rApp de ahorro energético desarrollada por Samsung, ejecutada sobre una plataforma RIC de Qualcomm, que logró reducir el consumo energético hasta en un 35 por ciento por sector durante horas valle..

Rakuten Mobile, por su parte, ya utiliza su propia plataforma de automatización para gestionar su red nacional en Japón, con rApps que ajustan dinámicamente la capacidad en función de la demanda.

Sin embargo, el caso de AT&T es el primero en demostrar que un operador puede incorporar una rApp de un proveedor externo —probablemente una startup especializada, según fuentes del sector— en una red de escala nacional, bajo estándares abiertos y con un vendor incumbente como soporte.

Este precedente podría acelerar el desarrollo de un mercado más amplio de rApps, donde los operadores puedan seleccionar soluciones específicas para optimizar cobertura, energía, movilidad o auto-curación, sin depender de los ciclos largos de desarrollo de sus proveedores de red tradicionales.

Ericsson afirma que su directorio comercial de rApps ya incluye más de 60 aplicaciones activas desarrolladas por una veintena de empresas, entre ellas AirHop, Infovista, VIAVI y ZinKworks. Si bien aún no existe un “app store” universal para rApps, este tipo de catálogos sugiere que el concepto está dejando de ser experimental para convertirse en una opción real en la toma de decisiones operativas.

La introducción de rApps también altera el equilibrio de poder en la cadena de valor. Durante años, los grandes fabricantes controlaron no solo el hardware, sino también las funciones de optimización, empaquetadas en sus propias plataformas Self-Organizing Networks (SON). Con las rApps, ese monopolio de la inteligencia empieza a disolverse.

Ahora, una empresa pequeña pero altamente especializada puede ofrecer una solución concreta —por ejemplo, un algoritmo de balanceo de carga basado en aprendizaje automático— y llegar a grandes operadores, siempre que cumpla con los estándares de interoperabilidad. Esto abre la puerta a más competencia, más innovación y, potencialmente, a menores costos para los operadores.

Pero también plantea desafíos. ¿Hasta qué punto puede un operador confiar su red a una aplicación desarrollada por una startup? ¿Cómo se certifica su fiabilidad? ¿Qué ocurre si la rApp interactúa mal con otros componentes de la red? Estas preguntas no tienen respuestas simples. Lo que está claro es que la confianza no se transfiere automáticamente, se construye a través de procesos de validación, pruebas en laboratorio, entornos de staging y límites operacionales claros.

La arquitectura SMO y la interfaz R1 están diseñadas precisamente para contener estos riesgos ya que permiten que la rApp acceda a datos específicos y ejecute cambios de forma segura, sin alterar directamente elementos críticos en tiempo real.

Para los operadores, esto implica un cambio de cultura. Ya no basta con depender del proveedor para la optimización y habrá que aprender a integrar, validar, monitorear y actualizar aplicaciones de múltiples orígenes. En otras palabras, la red móvil empieza a parecerse a un entorno DevOps, donde se gestionan ciclos de vida de software, se crean pipelines de integración continua y se toman decisiones sobre qué inteligencia permitir o revocar.

Operadores como AT&T, que lideran esta transición, probablemente buscarán consolidar su ventaja no solo como consumidores de rApps, sino también como curadores y, eventualmente, como desarrolladores.

El impacto potencial va más allá de lo técnico. A medida que más funciones se vuelven programables —y por tanto intercambiables— los operadores que logren dominar este nuevo modelo tendrán una capacidad sin precedentes para diferenciar su red, tanto en eficiencia operativa como en calidad de servicio. No se tratará solo de quién tiene más espectro o mejores torres, sino de quién tiene la mejor inteligencia automatizando esas infraestructuras. La ventaja competitiva pasará de la ingeniería física a la orquestación inteligente.

Para un CTO en Europa, América Latina o Asia, el mensaje es inequívoco: la era de las rApps ya comenzó. No se trata de una moda pasajera ni de un hype de feria tecnológica. Se trata de una transformación silenciosa pero profunda que redefine cómo se gestiona la red de acceso. Ignorarla es arriesgarse a depender aún más de arquitecturas cerradas que pronto serán obsoletas. Adoptarla, aunque sea de forma gradual, es empezar a recuperar el control.

AT&T ha demostrado que es posible. El resto de la industria deberá decidir ahora si lo sigue, lo supera o se queda mirando desde el andén.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.