En telecomunicaciones, hay errores que parecen inevitables. El más tentador es creer que la tecnología puede doblegar cualquier problema estructural de una industria. DISH lo intentó porque pensó que una red 5G cloud-native basada en Open RAN bastaría para romper la lógica de un mercado estadounidense que, desde hace años, solo tolera tres grandes operadores nacionales.
Pero el problema nunca estuvo en el hardware ni en las interfaces abiertas; estuvo en la aritmética de un sector maduro, saturado y con ingresos estancados. Si Sprint, con su escala y experiencia, no sobrevivió, ¿qué probabilidades reales tenía un recién llegado cargado de deuda?
El reciente comunicado de EchoStar solo puso el sello oficial a esa constatación. La compañía venderá por unos 23.000 millones de dólares sus licencias de espectro en 3,45 GHz y 600 MHz a AT&T y pasará a ser un operador híbrido, apoyado en la red de su competidor mientras mantiene un núcleo 5G cloud-native propio.
Para millones de suscriptores de Boost Mobile no habrá interrupciones y seguirán conectándose, ahora mayoritariamente a través de las torres de AT&T y, en menor medida, de T-Mobile. Pero para la industria telco, la noticia cierra un capítulo de enorme simbolismo porque la primera gran red Open RAN a escala nacional será apagada con el tiempo.
Lo fácil es disparar contra la tecnología. Desde hace meses, titulares y analistas culpan a Open RAN del fracaso de DISH. Sin embargo, reducir la historia a un problema de arquitectura de red es, cuando menos, simplista. Open RAN no salvó a DISH, pero tampoco lo hundió. El verdadero error fue otro mas relacionado con la cabezonería de intentar ser el cuarto operador nacional en un mercado que ya había demostrado que solo admite tres.
La aritmética del mercado estadounidense no deja mucho espacio a dudas. Sprint, un operador mucho más maduro, con décadas de experiencia y decenas de millones de clientes, no sobrevivió como jugador independiente. Su fusión con T-Mobile en 2020 fue el epílogo de un proceso de consolidación que reflejaba una realidad básica: Estados Unidos solo puede sostener tres redes móviles nacionales rentables. Pretender que una compañía con poca experiencia operativa, mucha deuda y un portafolio de clientes heredado pudiera prosperar como cuarto actor era una apuesta osada.
DISH quiso darle la vuelta a esa ecuación mediante la tecnología. El discurso de Charlie Ergen, fundador y presidente, sugería que Open RAN y la virtualización cloud-native cambiarían las reglas del juego. Construir una red modular, abierta y en la nube parecía la manera de entrar con ventaja en un tablero dominado por incumbentes cargados de infraestructura heredada.
El problema es que la industria móvil no sufre por falta de innovación en el RAN. Su crisis es más profunda y está relacionada con ingresos que llevan años estancados, su capacidad de monetizar servicios nuevos es escasa y las estructuras operativas siguen siendo propias de la era pre-digital.
En ese contexto, cualquier cuarto operador estaba condenado a ser un zombie. Con una base de clientes reducida, márgenes comprimidos y la necesidad de invertir decenas de miles de millones en espectro y despliegue, la viabilidad era frágil desde el inicio. Es plausible que incluso con un RAN tradicional – Ericsson, Nokia o Samsung en modo llave en mano – el desenlace hubiese sido el mismo porque el mercado estaba —y está—saturado, DISH era un nuevo jugador sin escala y un modelo financiero imposible de sostener.
Que DISH pensara que podía reinventar el sector desde la capa de acceso radio fue un exceso de optimismo. La paradoja es que la red sí se construyó y alcanzó el 70 por ciento de cobertura poblacional, cumplió con todos los hitos exigidos por la FCC —más o menos— y demostró que Open RAN podía funcionar a gran escala. Pero la cobertura no se tradujo en clientes, ni en ingresos. Lo que falló no fue el protocolo de fronthaul, sino la imposibilidad de competir contra tres gigantes que ya habían agotado el espacio de crecimiento.
El anuncio de EchoStar es, por tanto, menos un epitafio de Open RAN que un recordatorio de la realidad telco. La industria no tiene un problema de hardware, tiene un problema de miopía estratégica. Los operadores siguen atrapados en un modelo que prioriza la conectividad como commodity y no han logrado desplegar procesos digitales capaces de crear valor más allá de los megabytes. DISH quiso corregir eso con un núcleo en la nube y una arquitectura disruptiva, pero la solución no estaba en los racks de servidores ni en las interfaces abiertas.
El futuro de Boost Mobile será como operador híbrido, un MVNO apoyado en AT&T y T-Mobile. EchoStar, por su parte, usará los ingresos de la venta para reducir deuda y reordenar prioridades. Open RAN sobrevivirá en otros contextos, quizá en despliegues corporativos o en países con políticas industriales más decididas. Pero el verdadero aprendizaje de esta historia no es tecnológico, sino empresarial ya que ni la mejor red del mundo puede compensar la falta de espacio económico en un mercado maduro y problemas estructurales del sector que Open RAN nunca prometió resolver.