El nuevo The State of Mobile Internet Connectivity 2025: Overview Report de la GSMA confirma lo que muchos en el sector intuían. El progreso es real, aunque la brecha digital sigue teniendo dimensiones que comprometen tanto el negocio como la cohesión social. Hoy, 58 por ciento de la población mundial, es decir 4.700 millones de personas, accede a internet desde su propio dispositivo.
Sin embargo, otros 3.100 millones viven dentro de la huella de cobertura móvil y siguen sin conectarse. En la práctica, la infraestructura ha corrido más rápido que la adopción.
El informe de la GSMA no se limita a ofrecer estadísticas. Expone una contradicción estratégica. Los operadores han invertido miles de millones en expandir la cobertura, lo que permite que el 93 por ciento de la población mundial disponga de 4G y que el 54 por ciento ya esté cubierto por 5G. Aun así, más del 90 por ciento de quienes permanecen desconectados viven en lugares donde la red ya existe. No faltan antenas, faltan dispositivos asequibles y competencias digitales que permitan aprovecharlas.
El documento advierte que el precio de los terminales continúa siendo el mayor obstáculo. En países de renta baja y media, un teléfono básico equivale al 16 por ciento del ingreso mensual medio y para el quintil más pobre la proporción asciende hasta el 48 por ciento.
La GSMA también pone el foco en la calidad del uso. La mayoría de usuarios de internet móvil se conecta a diario, pero muchos lo hacen solo para una o dos funciones, principalmente mensajería, redes sociales y entretenimiento. El potencial transformador en educación, salud, servicios financieros o gobierno digital sigue infrautilizado.
Por ello, el informe de la GSMA estima que cerrar esta brecha de uso podría generar 3,5 billones de dólares adicionales en el PIB global de aquí a 2030, lo que convierte esta limitación en un desafío económico de primer orden.
La exclusión digital, además, no se reparte de manera uniforme. El informe detalla que en los países de renta baja y media los habitantes rurales tienen un 25 por ciento menos de probabilidades de usar internet móvil que los urbanos, y las mujeres un 14 por ciento menos que los hombres.
En África Subsahariana, solo uno de cada cuatro ciudadanos está conectado y seis de cada diez lo hacen con terminales 3G o incluso feature phones. La desigualdad digital refleja, y al mismo tiempo amplifica, desigualdades estructurales preexistentes.
Mientras tanto, la carrera tecnológica continúa. El informe confirma que la inversión global se concentra ya en 5G, con más de 700 millones de personas adicionales cubiertas en 2024. Pero la narrativa de avance convive con la realidad de que muchos de los nuevos usuarios todavía dependen de dispositivos obsoletos. Esos equipos limitan la experiencia y frenan el retorno de la inversión en redes más modernas.
El informe cierra con un llamado inequívoco a la acción. Desplegar redes no basta. La industria necesita abordar de forma directa la asequibilidad de los dispositivos, la capacitación en habilidades digitales, las preocupaciones de seguridad y la creación de contenidos relevantes.
Los 300 millones de personas que aún carecen de cobertura representan un desafío técnico y financiero complejo, pero el verdadero campo de batalla está en los 3.100 millones que viven bajo cobertura y siguen sin conectarse.
Para los ejecutivos del sector, el documento no es solo un diagnóstico. Es un espejo incómodo. La industria ha ganado la batalla técnica de la cobertura, pero aún no conquista la guerra de la inclusión. En esa brecha —económica, de género, de dispositivos y de habilidades— se juega la legitimidad de todo el ecosistema digital.