El IoT satelital despega: promesas, realidades y lecciones del pasado

El crecimiento previsto por Berg Insight abre nuevas oportunidades, aunque persisten desafíos técnicos, regulatorios y comerciales.

El mercado global de comunicaciones satelitales para IoT ha vuelto a captar la atención de la industria con cifras que prometen cambiar las reglas del juego. Según el último informe de la firma especializada Berg Insight, el número de suscriptores de IoT por satélite superó los 5,8 millones en 2024 y se espera que alcance los 32,5 millones en 2029, lo que supone una tasa de crecimiento anual compuesta del 41,1 por ciento.

Este crecimiento proyectado se apoya en una realidad bien conocida pero aún poco resuelta y es que solo el 10 por ciento de la superficie terrestre cuenta hoy con acceso a redes de conectividad terrestre. El 90 por ciento restante representa una oportunidad latente que el ecosistema satelital quiere capitalizar, especialmente en sectores donde la conectividad no es opcional sino estratégica, como la agricultura, el seguimiento de activos, el transporte marítimo, la exploración de petróleo y gas, la gestión de infraestructura crítica o los servicios públicos y gubernamentales.

En este contexto, el informe de Berg Insight identifica a Iridium como el líder actual del mercado, con dos millones de suscriptores tras crecer un 10 por ciento en el último año. Le siguen Orbcomm, que ha evolucionado de operador satelital a proveedor de soluciones de extremo a extremo —incluyendo servicios sobre su propia red y también como revendedor de Viasat—, con 742.000 suscriptores combinados, y Globalstar, con 510.000 conexiones.

El comunicado de prensa de la firma deinvestigación también menciona a otros actores emergentes con cifras en los rangos de decenas de miles de usuarios, como Myriota en Australia, Kineis en Francia o Thuraya en Emiratos Árabes Unidos.

Más allá de los incumbentes, Berg INsight destaca la aparición de más de dos docenas de nuevas iniciativas centradas en IoT satelital, muchas de ellas basadas en constelaciones de satélites pequeños en órbita baja (LEO), lo que permite reducir costos de lanzamiento, minimizar la latencia y escalar más rápidamente.

Proyectos como Astrocast, AST SpaceMobile, Geespace, Hubble Network, Lynk, Omnispace, Sateliot, Skylo, OQ Technology y otros, apuntan a dinamizar el mercado con propuestas técnicas variadas y, en muchos casos, apostando por estándares abiertos como 3GPP —para 4G y 5G—, LoRa o incluso Bluetooth.

Berg Insight subraya además un fenómeno clave que podría marcar la diferencia respecto a ciclos anteriores de innovación: la creciente colaboración entre operadores satelitales y operadores móviles tradicionales, incluidos MVNOs. En este sentido, el informe menciona a Skylo como uno de los proveedores más activos en la integración de redes no terrestres con infraestructura celular, con alianzas ya establecidas con Deutsche Telekom (DT), Verizon, KPN, O2 Telefónica Alemania, BICS, emnify, floLIVE, Monogoto, Transatel, Soracom, G+D y 1GLOBAL.

También menciona a otros operadores satelitales como Sateliot, Starlink, Omnispace, OQ Technology, Viasat, SES, AST SpaceMobile y Terrestar como parte de esta ola de integración híbrida que busca borrar la frontera entre cobertura terrestre y satelital. Al apostar por estándares y alianzas tempranas, el ecosistema satelital parece decidido a no repetir los errores del pasado.

Sin embargo, y precisamente por eso, conviene hacer una pausa crítica. No para desmentir a Berg Insight, cuyos datos reflejan un análisis de lo que está ocurriendo, sino para recordar que ya hemos vivido algo similar en el pasado reciente con el IoT móvil terrestre.

Durante la última década, también se proyectaron curvas de adopción espectaculares para el IoT celular, con estimaciones que hablaban de miles de millones de dispositivos conectados en poco tiempo. Pero la realidad se mostró menos lineal. En muchos casos, los despliegues fueron más lentos, más costosos y más complejos de lo previsto. A menudo, el costo total de propiedad de las soluciones superaba el valor generado por los datos recolectados.

La interoperabilidad entre tecnologías como NB-IoT, LTE-M o incluso 2G y 3G fue una barrera constante, y los fabricantes no siempre encontraban economías de escala. Además, muchos de los casos de uso propuestos no estaban suficientemente maduros o no contaban con modelos de negocio sostenibles. La falta de estandarización temprana, sumada a la fragmentación entre operadores y regiones, terminó limitando el alcance real de muchas de las promesas que entonces se hacían.

Aun así, el momento actual del IoT satelital tiene elementos que invitan a pensar que esta vez podría ser diferente. Por un lado, hay una propuesta de valor más clara y acotada porque no se trata de conectar neveras ni farolas inteligentes, sino de habilitar casos de uso en entornos donde no hay otra alternativa.  La conectividad satelital no compite con la red móvil terrestre, la complementa.

Por otro lado, la apuesta por estándares como 3GPP y LoRa desde el inicio facilita la integración con ecosistemas ya existentes. A esto se suma la caída de los costos asociados a la puesta en órbita de satélites pequeños, lo que abre la puerta a modelos más flexibles y asequibles. Además, la colaboración con operadores móviles añade un puente comercial y operativo que podría acelerar la adopción y facilitar la experiencia del usuario final, sin necesidad de que este siquiera distinga entre conexión terrestre o satelital.

Y lo más importante, a diferencia de la euforia que marcó los primeros años del IoT celular, hoy existe en la industria una mayor conciencia sobre la necesidad de construir modelos de negocio viables y sostenibles. De hecho, esta madurez ya se percibe en varios de los casos destacados por Berg Insight, como la transformación de Orbcomm hacia soluciones completas end-to-end o el énfasis en tecnologías interoperables que permiten acortar los ciclos de integración y comercialización. Esa conciencia actúa como un paraguas que limita el riesgo de sobreestimación y ayuda a que el optimismo esté mejor fundado.

Por eso, más allá de las cifras, lo que se necesita es una mirada equilibrada. Si el IoT satelital quiere evitar repetir la historia de su contraparte terrestre, deberá enfocarse menos en los millones de conexiones prometidas y más en la calidad, sostenibilidad y valor económico de esas conexiones. No se trata de frenar el entusiasmo, sino de ponerlo en contexto. Porque al final, las tecnologías no fracasan por falta de capacidad técnica, sino por no encontrar un modelo de negocio que las justifique. Y ese modelo, hoy más que nunca, debería estar en el centro de la conversación.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.