Un nuevo informe del Telecom Infra Project (TIP) sostiene que la supervivencia económica de las redes móviles pasa por aprender a compartir. Bajo el título Neutral Host Infrastructure Sharing Framework, el documento propone un modelo de infraestructura abierta que desafía la lógica tradicional de competencia basada en activos físicos. En lugar de que cada operador construya y mantenga su propia red, el enfoque plantea que un “anfitrión neutral” ofrezca una plataforma común donde todos los operadores puedan operar con igualdad de condiciones, reduciendo costos y acelerando el despliegue de 5G.
El informe aparece en un momento en que la industria de las telecomunicaciones atraviesa un dilema estructural. Los ingresos crecen lentamente mientras el costo de desplegar redes se dispara. Ericsson estima que el tráfico de datos móviles alcanzó los 145 exabytes mensuales en 2024 y se triplicará para 2028. La infraestructura necesaria para sostener esa demanda se ha vuelto tan costosa que incluso los grandes operadores dudan ante nuevas inversiones, especialmente en zonas densamente pobladas o en regiones rurales donde el retorno financiero es incierto.
TIP una comunidad global que impulsa tecnologías abiertas y modelos de negocio colaborativos, presenta en este marco una solución pragmática. Los llamados Neutral Host Networks (NHN) son redes gestionadas por un tercero independiente que provee conectividad a múltiples operadores y proveedores de servicios sin discriminación ni control por parte de ninguno de ellos. Se trata de un modelo que rompe con la estructura tradicional de propiedad exclusiva y que busca equilibrar tres principios esenciales: independencia del anfitrión, uso compartido de infraestructura y acceso equitativo para todos los participantes.
La lógica es sencilla. Si la infraestructura es común, la competencia puede centrarse en el servicio y la innovación, no en quién tiene más torres o antenas. El informe detalla cómo los NHN pueden operar tanto con infraestructura pasiva —torres, fibra o energía— como con infraestructura activa —estaciones base, radios o software de gestión—. Modelos como MORAN o MOCN, que permiten compartir la red de acceso o incluso el espectro, demuestran que la cooperación no solo es posible sino eficiente.
El estudio de TIP subraya que las ventajas no se limitan a la reducción de costos. También se mejora la cobertura, se acelera la adopción tecnológica y se reduce el impacto ambiental. Al eliminar la duplicidad de estructuras, los NHN disminuyen el consumo energético y la huella física de las redes. En un momento en que la sostenibilidad se ha convertido en una métrica tan relevante como la rentabilidad, esa eficiencia ambiental otorga a las redes neutrales un valor estratégico adicional.
Ejemplos recientes refuerzan la tesis. En la India, CloudExtel desplegó una red compartida en estaciones ferroviarias de Mumbai que ofrece cobertura 3G, 4G y 5G bajo un esquema MORAN. Según el informe, el modelo permitió reducir en torno a un treinta por ciento el costo total de propiedad. En Suecia, la compañía Proptivity implementó un sistema similar en un edificio comercial de Estocolmo, donde varios operadores comparten una red común sin limitaciones de proveedor. Ambas experiencias confirman que la neutralidad no es una aspiración teórica sino una estrategia comercial viable.
El documento dedica especial atención a los modelos de negocio que sustentan estas redes. Algunos anfitriones neutrales optan por alquilar su infraestructura a largo plazo, replicando el esquema de las compañías de torres. Otros ofrecen servicios gestionados que incluyen mantenimiento y supervisión, liberando a los operadores de la gestión diaria de la red.
Existen fórmulas flexibles de pago por uso, ideales para estadios o aeropuertos donde la demanda es variable, y modelos de reparto de ingresos donde el anfitrión y los operadores comparten beneficios generados por el tráfico. También hay esquemas de colaboración público-privada, en los que los gobiernos aportan espacios o permisos a cambio de conectividad más amplia, y configuraciones híbridas que combinan varios enfoques según las necesidades del mercado.
El objetivo común de todos estos modelos es racionalizar el despliegue de redes, reducir barreras de entrada y fomentar la innovación. Para TIP, la clave no está en quién posee la infraestructura sino en quién la aprovecha mejor. La neutralidad, bien aplicada, puede impulsar la competencia y al mismo tiempo sostener la inversión colectiva en conectividad.
No obstante, el camino no está libre de obstáculos. La adopción de redes neutrales exige una gobernanza clara, transparencia en los precios y regulaciones que garanticen igualdad de acceso. Los gobiernos y reguladores tendrán que redefinir conceptos de propiedad, espectro y licencias para acomodar un modelo en el que varios operadores comparten activos estratégicos. También deberán gestionarse los riesgos de dependencia hacia un único proveedor neutral y las tensiones derivadas de la interoperabilidad entre tecnologías de distintos fabricantes.
TIP no pretende sentar cátedra, sino abrir un debate sobre cómo financiar y estructurar las redes del futuro. Su informe plantea que la cooperación puede ser tan transformadora como la propia tecnología. En lugar de multiplicar infraestructuras, la industria puede multiplicar oportunidades si adopta modelos compartidos que reduzcan la brecha digital y aceleren la llegada de nuevos servicios.
En una economía cada vez más digital, donde las redes móviles son la base del progreso, la neutralidad de infraestructura no es una concesión, sino una estrategia de supervivencia. Tal vez el futuro de 5G —y de 6G que vendrá— dependa menos de quién construye las redes y más de quién se atreve a compartirlas.