Vodafone y Twilio apuestan por un viejo sueño telco: hacer del RCS algo relevante

Mientras Vodafone y Twilio ensayan en España el resurgir del RCS empresarial, en el resto del mundo —y especialmente en Latinoamérica— los operadores observan con cautela si este viejo estándar puede recuperar terreno frente al dominio absoluto de WhatsApp.

Durante años, los operadores móviles han intentado recuperar un espacio que perdieron sin remedio: la mensajería. Su último intento llega desde España, donde Vodafone y Twilio anunciaron —según un comunicado de prensa— una alianza para ofrecer servicios de Rich Communication Services (RCS, por sus siglas en inglés) a empresas. La promesa es familiar: dar a las marcas un canal más seguro, visual e interactivo para hablar con sus clientes, directamente en la aplicación de mensajes del teléfono.

El comunicado asegura que el 81 por ciento de los consumidores prefiere RCS sobre SMS y que el 71 por ciento de las empresas planea adoptarlo durante el próximo año —afirmaciones, quizás, optimistas—. Pero España es, de hecho, uno de los pocos países europeos donde la mensajería RCS empresarial empieza a consolidarse. Se estima que alrededor del 15 por ciento de los usuarios de smartphones ya recibe comunicaciones comerciales por este canal. Luis Suñer, de Vodafone España, explica que el acuerdo “refuerza la confianza y la seguridad entre marcas y clientes”. Y para Peter Bell, de Twilio, RCS es “una herramienta poderosa” para destacar en un entorno saturado.

En teoría, RCS debería haber sido el heredero natural del SMS. Es un estándar abierto, impulsado por la GSMA, que permite enviar imágenes, botones o enlaces dentro de un mensaje nativo, sin depender de aplicaciones externas. A diferencia de WhatsApp o Telegram, no requiere instalación ni registro adicional: basta con el teléfono. Desde que Apple decidió integrar el estándar en iOS 18, la compatibilidad entre iPhone y Android ya no es un obstáculo. Sobre el papel, todo parece alineado para que el RCS finalmente florezca.

En la práctica, pocos lo notan. Aunque RCS está activado en millones de dispositivos, casi nadie lo usa activamente para comunicarse. Su adopción visible ocurre en el mundo empresarial, no en el personal. Mientras tanto, el dominio de Meta sigue siendo casi absoluto. WhatsApp supera los 3.000 millones de usuarios activos mensuales y su versión empresarial acumula más de 1.000 millones de descargas. En Latinoamérica, la aplicación se ha convertido en una especie de tejido social digital: más del 90 por ciento de los internautas en Brasil, México o Colombia la usa a diario, según We Are Social y DataReportal. En países como Chile y Costa Rica, la cifra ronda el 88 por ciento. Allí, WhatsApp no es una app más, es una infraestructura social sobre la que se apoyan tanto las conversaciones cotidianas como el comercio digital.

El desafío para los operadores es evidente. RCS no puede competir con WhatsApp en familiaridad o alcance, pero sí intenta ocupar un terreno diferente como es el de la mensajería transaccional y verificada. Su valor está en permitir que las empresas envíen mensajes auténticos —con identidad visual, logotipo y sello de confianza— en un canal nativo del teléfono. Es el sucesor moderno del SMS pero menos intrusivo que el correo, más controlado que los OTTs, y lo bastante seguro como para ser adoptado por bancos, aerolíneas o administraciones públicas.

Las estimaciones más recientes —procedentes de DataIntelo, Future Market Insights y Zion Market Research— sitúan el mercado global de RCS Business Messaging entre los 2.000 y 4.000 millones de dólares en 2024, con previsiones que superan los 16.000 millones hacia la próxima década. Paralelamente, Infobip y Omdia proyectan que el tráfico RCS, tanto empresarial como personal, se cuadruplicará entre 2024 y 2029, pasando de 1,5 a más de seis billones de mensajes. Y Juniper Research estima que el RCS Business Messaging representará el 18 por ciento de los ingresos de mensajería empresarial de los operadores para 2029, frente al tres por ciento en 2024.

Estas cifras no son deslumbrantes si se comparan con el volumen de WhatsApp, pero reflejan un crecimiento sostenido en un terreno que los operadores podrían dominar, como es el de las comunicaciones seguras y verificadas. RCS no compite con las apps de mensajería social, sino que intenta posicionarse como la infraestructura invisible que sostiene las conversaciones críticas entre empresas y clientes.

España se ha convertido en un laboratorio europeo de esa transición. Su alta penetración de Android y la voluntad de los operadores de experimentar con nuevos modelos hacen del país un terreno fértil para ensayar la monetización del canal. Pero incluso aquí, el fenómeno es técnico antes que cultural ya que la mayoría de los usuarios recibe mensajes RCS sin saberlo.

La alianza entre Vodafone y Twilio no pretende destronar a WhatsApp, sino reivindicar el papel de los operadores en la comunicación digital. Si logran posicionar el RCS como el canal de confianza para notificaciones, autenticaciones o avisos de marca, podrían convertir un estándar relegado en una fuente renovada de ingresos. Si no, será otro capítulo más en la larga historia de cómo las telcos siguen intentando —sin demasiado éxito— volver a ser relevantes en las conversaciones que ocurren dentro de sus propias redes.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.