Vision 2040 de la GSMA y el viejo truco del espectro: pedir de más para recibir lo justo

El nuevo informe de la GSMA eleva al máximo las proyecciones de tráfico para justificar más espectro, justo cuando los datos reales muestran un crecimiento más moderado.

En el juego del espectro, la GSMA siempre pide diez sabiendo que, con suerte, le darán siete, y que si pide siete apenas recibirá cinco. Su nuevo informe Vision 2040 sigue exactamente esa estrategia. Es un trabajo serio, con una metodología cuidada, pero construido sobre el escenario más optimista posible para justificar una petición masiva de nuevo espectro móvil. No hace falta una tesis doctoral para verlo, basta con comparar sus supuestos con los datos reales de tráfico y con la evolución histórica del sector.

El documento de la GSMA parte de un supuesto clave que casi lo condiciona todo. Entre 2025 y 2040 proyecta tasas de crecimiento anual del tráfico móvil y FWA que se mueven entre el 10 y el 25 por ciento, según el escenario, y un futuro en el que las aplicaciones “de era 6G” (XR, holografía, servicios impulsados por GenIA, comunicaciones integradas con sensado) terminan representando hasta cerca del 70 por ciento del tráfico móvil global en el escenario alto. Con esos supuestos, la conclusión casi cae por su propio peso y el mundo necesitaría de aquí a 2040 unos 2 GHZ o 3 GHz adicionales de espectro de banda media como promedio global, y entre 2,5 GHz y 4 GHz en los mercados más avanzados.

El informe está bien hecho en términos técnicos. Usa modelado geoespacial, distingue entre denso urbano, urbano, suburbano y rural, separa FWA de móvil puro, contempla mejoras de eficiencia espectral, MIMO masivo, densificación razonable y offload hacia Wi-Fi y redes fijas. No es un panfleto improvisado, ni mucho menos. Pero no deja de ser la visión de parte de un actor que representa a los operadores móviles y que, por diseño, está incentivado a maximizar la presión sobre gobiernos y reguladores para conseguir más espectro licenciado exclusivo y armonizado lo antes posible.

Ahí es donde la foto que aporta Ericsson en su Mobility Report de noviembre de 2025 ayuda a poner las cosas en perspectiva. Según este informe, el tráfico de datos en las redes móviles creció un 20 por ciento entre el tercer trimestre de 2024 y el de 2025, ligeramente por encima de lo esperado. No es un desplome, pero tampoco es una explosión descontrolada. De cara a 2031, Ericsson prevé que el tráfico móvil total, incluyendo FWA, se multiplique por aproximadamente 2,4 hasta alcanzar unos 482 exabytes al mes, lo que implica una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR, por sus siglas en inglés) del 16 por ciento a lo largo del periodo.

La propia Ericsson subraya que estas previsiones son coherentes con las que publicó seis meses antes. No está corrigiendo al alza de forma agresiva, sino consolidando un escenario de crecimiento robusto pero estabilizado, muy lejos de las curvas casi exponenciales que se esbozaban hace cinco o diez años. Y, aun así, contempla ya una primera oleada de servicios XR y aplicaciones de GenIA que empujan el tráfico en la parte final del periodo.

La tensión entre ambas narrativas aparece justo ahí. La GSMA construye sus escenarios altos sobre la hipótesis de que esas aplicaciones inmersivas y de IA generarán un salto de orden de magnitud en la demanda de tráfico móvil, y que buena parte de ese salto se canalizará por redes móviles licenciadas. Ericsson, en cambio, reconoce el impacto de esos servicios, pero lo inserta en una trayectoria en la que el tráfico móvil global, incluso con FWA incluido, “solo” se multiplica por algo más de dos hacia 2031, no por cuatro.

No es la primera vez que la industria móvil juega a este tira y afloja. Durante la fase previa al 5G se repitió el argumento de que, sin entre 1 GHz y 2 GHz adicionales de banda media antes de 2020 y 2022, las redes colapsarían en muchas ciudades. La realidad fue menos dramática. Llegó la banda de 3,5 GHz en bastantes mercados, algo de mmWave en unos pocos, se modernizaron redes 4G, se siguió llevando tráfico a Wi-Fi y redes fijas, y no hubo un colapso sistémico. Hubo congestión puntual en zonas concretas y horarios pico, que se fue resolviendo con ampliaciones de capacidad, pero nada parecido al apocalipsis espectral que se dibujaba.

Hay además un ángulo incómodo que Vision 2040 apenas roza y no es otro que el uso efectivo del espectro ya asignado. En muchas regiones, buena parte de la banda media para 5G sigue infrautilizada fuera de los núcleos urbanos más densos. Eso no significa que sobre espectro, pero sí explica por qué algunos reguladores miran con escepticismo las peticiones de nuevos bloques cuando los actuales no se explotan plenamente en todo el territorio.

La respuesta de los operadores es conocida y en parte legítima y es que densificar en cada ciudad y cada pueblo cuesta mucho más, en CAPEX y OPEX, que encender unos cientos de MHz adicionales en emplazamientos que ya existen. Aunque paguen caro el espectro en la subasta, siguen evitando miles de small cells, fibra, alquileres y facturas de energía durante años.

Esa asimetría económica es precisamente lo que hace que el informe de la GSMA, aun siendo optimista en lo técnico, no sea descabellado en lo político. Pedir más espectro les permite a los operadores comprar tiempo y capacidad a un coste medio por bit menor que el de una densificación agresiva. Y al mismo tiempo les da margen para segmentar comercialmente el servicio, vendiendo “6G ultra” o “premium slices” sobre bandas nuevas, en lugar de limitarse a gestionar mejor lo que ya tienen.

El problema es que, si los reguladores solo escuchan la voz de la GSMA, se corre el riesgo de sobrerreaccionar a un escenario alto que ni siquiera Ericsson respalda con sus números. Vision 2040 plantea tasas de crecimiento de hasta 25 por ciento anual durante década y media, con paquetes de uso de cientos de GB por conexión móvil al mes en 2040 y una avalancha de casos de uso todavía muy especulativos. El Mobility Report habla de tráfico que sigue creciendo con fuerza, pero en una curva que se va suavizando, con un CAGR del 16 por ciento hasta 2031, y donde el peso de FWA, el offload a Wi-Fi y la mejora de las tecnologías de compresión y caché limitan la presión sobre las redes móviles puras.

Lo razonable, para un regulador que quiera proteger tanto la inversión como la competencia y el interés del usuario final, será situarse en un punto intermedio. Asumir que hará falta más espectro de banda media para 5G avanzado y 6G, especialmente en grandes áreas urbanas, pero desconfiar de los escenarios más exuberantes. Dar entrada a modelos de uso compartido, bandas no licenciadas adicionales, esquemas tipo CBRS, refarming más ágil y obligaciones de despliegue que eviten que los nuevos GHz acaben durmiendo en el cajón en medio país.

Al final, la GSMA no está mintiendo. Está haciendo lo que siempre ha hecho en la previa a cada Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones que es pedir diez para que, después de la negociación política, le den siete. Y lo más irónico es que esos siete probablemente sean razonables, no porque el escenario alto vaya a cumplirse, sino porque el espectro sigue siendo, para un operador, la forma más barata de ganar tiempo sin cambiar de verdad su forma de desplegar y explotar la infraestructura. El reto para los reguladores será no confundir esa estrategia negociadora con una verdad científica sobre el futuro del tráfico móvil hasta 2040.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.