¿Es posible reflotar el SMS? Viva Bolivia cree que sí

El acuerdo entre VIVA Bolivia y VOX Solutions reabre el debate sobre cómo extraer valor de infraestructuras existentes frente a las grandes promesas de 5G SA y 6G.

Durante años, el sector de las telecomunicaciones ha repetido una promesa recurrente: la próxima generación de red será la que finalmente desbloquee nuevos ingresos. Primero fue 4G, luego 5G, ahora 5G standalone (5G SA) y, pronto, 6G empezará a ocupar el discurso estratégico. Sin embargo, los casos de uso realmente monetizables siguen siendo escasos, difíciles de escalar o demasiado difusos. En este contexto, resulta llamativo que una de las noticias más sugerentes del momento no tenga que ver con nuevas arquitecturas de red, sino con el intento de repensar uno de los canales más antiguos del ecosistema móvil: el SMS.

El anuncio de que VIVA Bolivia ha seleccionado la plataforma True Signal de VOX Solutions para generar nuevos ingresos publicitarios a partir del SMS no es únicamente relevante por la tecnología en sí, sino por lo que simboliza. No estamos ante una revolución comparable a las grandes narrativas asociadas a 5G SA o 6G. Es, más bien, una iniciativa eficiente que invita a una reflexión para el sector y es que quizá parte del problema no reside en la falta de infraestructura avanzada, sino en la dificultad histórica de extraer valor de activos ya desplegados y ampliamente amortizados.

El SMS fue, durante mucho tiempo, una de las principales fuentes de margen para los operadores móviles. No porque fuese sofisticado, sino porque estaba profundamente integrado en la red, tenía alcance casi universal y formaba parte de la vida cotidiana del usuario. Su declive no puede explicarse por una sola causa. Por un lado, la aparición de aplicaciones de mensajería ofreció experiencias claramente superiores —mensajes enriquecidos, fotos, vídeo, grupos y presencia— que desplazaron el uso cotidiano del SMS. Pero, al mismo tiempo, el propio canal fue perdiendo valor como consecuencia de prácticas poco sostenibles: spam, fraude, tráfico gris y una obsesión por el volumen terminaron erosionando la confianza del usuario.

Este contexto es clave para entender por qué cualquier intento de reactivar el SMS exige hoy un enfoque distinto. No se trata de volver atrás, sino de aprender de lo ocurrido. En este sentido, el planteamiento de VOX parte precisamente de esa premisa: no replicar modelos del pasado, sino redefinir la gobernanza del canal y el tipo de uso que se permite sobre la infraestructura del operador.

Lo interesante de la propuesta no es tanto la incorporación de formatos enriquecidos o capas avanzadas de inteligencia, sino el énfasis en reposicionar el SMS como un canal gestionado con mayor disciplina y orientado a la relevancia. La tesis no es vender más mensajes, sino redefinir qué tipo de mensajes pueden circular por la red del operador y bajo qué condiciones. Menos volumen, más contexto. Menos ruido, más valor. Sobre el papel, una evolución clara respecto a modelos anteriores basados en tráfico masivo y retornos decrecientes.

Este planteamiento conecta directamente con uno de los grandes dilemas actuales del sector. Mientras se debate cómo monetizar network slicing, APIs de red o capacidades avanzadas de 5G SA, los operadores siguen sin modelos claros, repetibles y de impacto económico significativo. En cambio, el SMS ya cuenta con casos de uso consolidados: banca, autenticación, logística, notificaciones críticas. El comportamiento del usuario es conocido y el canal está plenamente integrado en procesos esenciales. Lo que ha faltado históricamente no ha sido tecnología, sino un marco de negocio y de gestión sostenible.

Desde esta perspectiva, el debate sobre el riesgo adquiere otro matiz. Sí, este tipo de iniciativas pueden fallar. Pero el riesgo asociado es sensiblemente menor que el de apostar por nuevas generaciones de red que aún no han demostrado modelos de negocio claros. Aquí no se trata de desplegar nueva infraestructura ni de asumir grandes compromisos de CAPEX, sino de experimentar sobre una red existente, amortizada y con costes bien conocidos. Es un riesgo asumible precisamente porque se apoya en certezas: el canal existe, el usuario lo conoce, los casos de uso están probados y el operador mantiene el control de la experiencia. En términos relativos, es un riesgo casi virtuoso frente a promesas que todavía no han pasado la prueba del mercado.

Esto no elimina la necesidad de cautela. El SMS sigue siendo un canal íntimo, directo y altamente sensible, y su monetización exige equilibrio. Pero este desafío no es exclusivo del SMS. Lo comparten todas las plataformas de mensajería. WhatsApp ha sido históricamente conservadora a la hora de introducir publicidad para no comprometer la percepción de privacidad. Telegram ha experimentado con anuncios de forma limitada y controlada, no sin generar debate entre sus usuarios. La lección es clara: yes que cualquier canal personal pierde valor si se percibe como saturado o intrusivo.

Por eso, el éxito de este tipo de iniciativas no dependerá únicamente del cumplimiento normativo o del uso de datos con consentimiento, sino de la capacidad real del operador para proteger el canal incluso cuando eso implique renunciar a ingresos a corto plazo. En este sentido, el enfoque de “clean-channel-first” que defiende VOX apunta en la dirección correcta y que es asumir que el verdadero activo no es el volumen, sino la confianza.

Más allá del caso concreto, hay una lectura estratégica más amplia. El sector telco parece haber interiorizado que la innovación solo llega con el próximo ciclo tecnológico. Sin embargo, iniciativas como esta sugieren que parte del valor pendiente está en repensar cómo se gestionan y monetizan infraestructuras ya existentes. No es una narrativa tan épica como la de 6G, pero sí mucho más concreta, medible y alineada con la realidad económica actual.

Si el proyecto de VIVA Bolivia demuestra que es posible generar ingresos recurrentes, con bajo nivel de rechazo del usuario y sin fricciones regulatorias, otros operadores lo observarán con atención. No porque el SMS vaya a “salvar” al sector, sino porque refuerza una idea de que en un momento de incertidumbre tecnológica, puede ser más sensato asumir riesgos acotados sobre activos conocidos que seguir apostando grandes recursos a promesas que aún no han demostrado garantías claras.

Si VOX y VIVA logran sostener en el tiempo este enfoque de canal limpio y uso responsable del dato, el experimento boliviano puede convertirse en un caso de referencia para la industria. No como modelo universal, sino como prueba de que todavía es posible innovar en monetización telco sin necesidad de esperar al próximo salto tecnológico.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.