Redes móviles en la línea de fuego: lecciones de Ucrania para América Latina

Los drones representan un valor económico a nivel global, con proyecciones de crecimiento sostenido en industrias tan diversas como agricultura de precisión, inspección energética, logística y respuesta a emergencias. Pero la misma evolución que los convierte en activos estratégicos para la economía revela una faceta más compleja: al conectarse a redes móviles, los drones también pueden convertirse en herramientas de ataque.

La guerra en Ucrania demostró cómo drones civiles, vinculados a redes móviles comerciales, fueron adaptados para reconocimiento y ataques. Operaciones como “Spiderweb” dejaron claro que las redes móviles diseñadas para conectar personas pueden convertirse en soporte a sistemas militares.

En este contexto, la Comisión Europea presentó el EU Action Plan on Drone and Counter-Drone Security, reconociendo que la proliferación de drones conectados exige nuevas definiciones regulatorias, y técnicas, como también coordinación público-privada. La pregunta para América Latina no es si este debate llegará, sino cómo y cuándo estaremos preparados para abordarlo de manera estructurada.

Puntos clave de la investigación

Nuestra investigación técnica Riders on the Cellular Storm analiza cómo drones hostiles utilizan redes móviles 2G–5G para comunicaciones de control y transmisiones de audio y video. A diferencia de los modelos con radio-comunicaciones dedicadas, los drones conectados se “camuflan” dentro del tráfico comercial de las redes móviles: emplean SIMs locales y se benefician de la cobertura global y alta disponibilidad de la red pública, lo que complica su detección sin interrumpir otros servicios legítimos.

Apagar la red no es opción. La defensa exige inteligencia de red: análisis de señalización, Deep Packet Inspection (DPI, por sus siglas en inglés), gestión dinámica de tráfico y herramientas de seguridad capaces de distinguir entre un smartphone y un dron camuflado que utiliza la red como arma.

Por qué esto importa a América Latina

La historia muestra como innovaciones tecnológicas en entornos militares con el tiempo son utilizados por actores ilícitos. En América Latina, ya se observan drones utilizados para contrabando, narcotráfico o vigilancia de tipo ilegal.

La combinación de drones cada vez más sofisticados y la capacidad de redes móviles crea un nuevo espacio de riesgo. Y esto tiene implicaciones directas para tres actores clave:

Fuerzas de seguridad, que deben entender la red móvil tiene un rol en ataques híbridos, incluso en tiempos de paz.

Gobiernos y entidades de regulación, que deben proveer reglas claras sobre detección, cooperación y respuesta ante amenazas aéreas conectadas.

Operadores móviles, quienes tienen un rol de proveedores de conectividad a socios estratégicos en la seguridad nacional.

El nuevo rol potencial de las telcos

Una de las conclusiones centrales del estudio es que las redes móviles pueden aportar un valor adicional como sensores distribuidos (sistemas de detección de seguridad), aportando visibilidad sobre el comportamiento de dispositivos conectados.

Las mismas capacidades que hoy se utilizan para optimizar la calidad de servicio, analizar patrones de tráfico, prevenir fraudes, o proteger las redes de señalización, pueden ser usados para identificar patrones compatibles con el control y comunicaciones de los drones.

Para los operadores latinoamericanos se trata de un rol estratégico: responsabilidad de proteger que su infraestructura no sea utilizada en actividades que afectan la seguridad nacional del país. Dada la competencia técnica y la influencia en las comunicaciones del país, es aconsejable que los operadores participen desde el inicio en la definición de estándares y marcos normativos.

Un llamado a estar preparados

La lección de Ucrania es clara: esperar a que la amenaza se haga presente es la peor estrategia. América Latina tiene una oportunidad: sentar en la misma mesa a operadores, reguladores, autoridades de seguridad y proveedores tecnológicos para definir, con anticipación, el papel de la red móvil en la protección del espacio aéreo y la protección nacional. Sin lineamientos claros, el riesgo es reaccionar de forma fragmentada cuando el problema ya esté en casa.

La pregunta ya no es si las redes móviles forman parte del nuevo campo de batalla, sino si América Latina elegirá prepararse a tiempo o bajo la presión cuando el costo sea mucho mayor.

Riders on the Cellular Storm es un estudio técnico publicado por Enea que analiza cómo drones hostiles utilizan redes móviles 2G–5G como vector de operación. plantea una discusión urgente: cómo defender la red sin apagar el país, y cómo convertir a las telecomunicaciones en un activo estratégico frente a amenazas emergentes.

El informe completo está disponible aquí.

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Osvaldo Aldao es director de Producto y Tecnología (Chief Product & Technology Officer) en Enea AB, líder global en software de ciberseguridad y telecomunicaciones. Con casi 30 años de experiencia en la industria de las telecomunicaciones, Osvaldo ha ocupado cargos de liderazgo desarrollando y escalando productos globales en ciberseguridad, inteligencia de redes y software de red central. En Enea, Osvaldo lidera la agenda global de producto y tecnología de la compañía, impulsando la innovación en soluciones de ciberseguridad, monetización y optimización, ayudando a operadores y usuarios finales a protegerse frente a amenazas cada vez más sofisticadas, al tiempo que mejora el rendimiento de sus sistemas. Antes de unirse a Enea, ocupó posiciones de liderazgo senior en Ericsson, incluyendo Jefe de Portafolio de Servicios de Comunicación. Su trabajo en Europa, Latinoamérica y Asia le ha permitido desarrollar un profundo entendimiento de las necesidades en constante evolución de las redes de comunicación seguras e inteligentes. Es un conferencista habitual en eventos de la industria, incluyendo la GSMA. Osvaldo es ingeniero en Telecomunicaciones y Electrónica (MSc) por el ITBA, complementado con formación ejecutiva en la London Business School. Desde hace 20 años reside en Estocolmo, Suecia, junto a su familia.