La narrativa dominante dice que las telcos deben integrar inteligencia artificial (IA) en sus redes para sobrevivir. Es una narrativa correcta, pero posiblemente incompleta. Openreach, la filial de infraestructura de BT Group y operadora de la mayor red de banda ancha del Reino Unido, acaba de publicitar lo que lleva tiempo construyendo con Google Cloud: un sistema que aplica IA no a los conmutadores ni a los sistemas OSS/BSS, sino a sus 24.000 vehículos de trabajo.
Sin embargo, la noticia no es solo sobre flotas. Es sobre qué tipo de problemas resuelve la IA cuando se aplica con pragmatismo.
Openreach opera el equivalente a 200 millones de millas por año sobre las carreteras del Reino Unido. Sus técnicos visitan hogares y empresas para instalar y mantener la fibra óptica que ahora alcanza 22 millones de inmuebles y con una meta de 25 millones para finales de 2026. Gestionar esa logística con métodos tradicionales implica ineficiencias que se acumulan: rutas subóptimas, vehículos diésel donde ya podría ir un eléctrico, tiempo de taller innecesario.
La empresa migró la telemetría de su flota a Google Cloud y desplegó BigQuery para geoanalítica avanzada. El resultado incluye la identificación de qué rutas admiten ya vehículos eléctricos según datos reales de uso —no teóricos—, lo que permitió acelerar la implantación de estos vehículos a un ritmo que evita unas 10.000 toneladas de CO2 al año. Además, construyó un “gemelo digital” de los corredores de transporte del Reino Unido usando Vertex AI, integrando datos de 35 millones de hogares con la red viaria y ferroviaria, para identificar dónde extender la fibra con menos fricción. En el plano de ingeniería interna, Gemini Enterprise convierte consultas legacy en código limpio para BigQuery, reduciendo el tiempo hasta el insight en más del 50 por ciento, dice la empresa.
No se trata de que Openreach haya descubierto la IA. Se trata de que aplicó la IA donde los incentivos son inmediatos y medibles: menos litros quemados, menos horas perdidas, más inmuebles conectados por euro gastado. La diferencia con el hype habitual —”IA transformará las telecomunicaciones”— es que aquí hay una ecuación operativa clara.
Para las telcos de América Latina, que también operan flotas masivas en geografías complejas y tienen compromisos de despliegue de fibra con reguladores y accionistas, el modelo es transferible. No requiere una arquitectura de red nueva. Requiere datos buenos y voluntad de tomarlos en serio.
Hacer bien lo básico con IA es más difícil, y más valioso, que prometer transformaciones sin fecha.