Podría parecer que Lidl ha decidido, simplemente, reforzar su presencia en el mercado de operadores móviles virtuales (MVNO, por sus siglas en inglés), apoyándose en la experiencia acumulada con Lidl Connect en algunos países europeos. Sin embargo, el acuerdo firmado junto a 1GLOBAL apunta en otra dirección y ambas compañías han establecido una alianza estratégica a largo plazo que convierte a Lidl en operador móvil con capacidad propia, respaldado por una plataforma tecnológica global, licencias regulatorias y acuerdos mayoristas en más de una docena de mercados, con previsión de expansión a más de treinta.
Es importante entender este matiz porque podría estar señalizando algo mucho más serio. Un MVNO tradicional depende de un operador anfitrión en cada mercado, negocia condiciones locales y asume las limitaciones que esa dependencia impone sobre la experiencia de cliente y los márgenes. Lo que plantea la alianza con 1GLOBAL es diferente ya que Lidl operará con una arquitectura replicable a escala internacional, donde 1GLOBAL actúa como socio tecnológico exclusivo durante al menos cinco años aportando infraestructura, licencias y acuerdos con operadores en cada territorio, mientras Lidl gestiona de forma centralizada la relación con el cliente. No es escalar un despliegue local exitoso y replicarlo en varios mercados. Es construir una plataforma de conectividad capaz de adaptarse a distintos entornos regulatorios y comerciales sin perder coherencia en la propuesta de valor.
El elemento verdaderamente diferencial, sin embargo, no está en la arquitectura técnica sino en dónde encaja este servicio dentro del ecosistema de Lidl. La compañía no plantea la conectividad como un producto independiente como han venido haciendo —como han venido haciendo los retails con sus MVNOs—, sino como una extensión de su aplicación Lidl Plus, que cuenta con más de 100 millones de usuarios a nivel global. Y esto es importante porque Lidl Plus no es solo un canal de distribución, es un entorno donde ya conviven pagos, promociones, identidad digital y hábitos de consumo documentados. La conectividad móvil se incorpora como una pieza más de esa relación continua con el cliente, lo que permite a Lidl transformar una necesidad básica en un habilitador de servicios adicionales y, sobre todo, en una fuente de datos que refuerza su negocio principal y que eventualmente se potenciarán todos a sí mismo gracias a los datos combinados —es todo un tinglado—.
Las cifras que circulan en el sector dan una idea de la escala potencial. Walmart México convirtió a través de Bait el 40 pr ciento de sus visitantes en suscriptores móviles en cinco años. Si Lidl replicara esa proporción sobre sus 150 millones de visitantes únicos mensuales, el resultado sería un operador de más de cincuenta millones de líneas construido enteramente sobre tráfico retail existente, sin inversión en red propia y con una base de cien millones de usuarios ya activos en la aplicación de fidelización.
¿Exagero? No lo creo, no serán usuario de conectividad, serán usuarios controlados en un entorno físico y digital.
La alianza contempla además el desarrollo de nuevas soluciones sobre STACKIT, la plataforma cloud del grupo Schwarz, con énfasis explícito en soberanía y seguridad de los datos. Lidl no solo integra la conectividad en su ecosistema, sino que construye también las capacidades tecnológicas para tratarla y reducir dependencias externas. Lo que emerge no es un nuevo operador móvil sino un modelo híbrido en el que un retailer combina distribución física, base de clientes, plataforma digital y conectividad para articular una propuesta integrada que ningún operador tradicional puede replicar con la misma estructura de costes —lo dicho un tinglado—.
Pero el diagnóstico importante no tiene que ver ncon lo que Lidl está construyendo. Es lo que revela sobre quién se está llevando el negocio y quién se queda fuera de él. En este modelo, la cadena de valor queda distribuida de forma muy clara: Lidl captura al cliente y sus datos, 1GLOBAL captura el margen de plataforma y la relación comercial con el ecosistema, y el operador de red recibe ingresos de wholesale por un commodity que no puede diferenciar. No es solo que el operador pierda la relación con el cliente final. Es que no forma parte relevante de la arquitectura. Aporta capacidad de red del mismo modo que una eléctrica aporta kilovatios: necesario, invisible, sustituible.
Y aquí es donde la historia se vuelve más estructural. Porque 1GLOBAL no ocupa ese espacio por superioridad tecnológica inherente. Lo ocupa porque los operadores nunca decidieron ocuparlo ellos. El negocio de habilitación de MVNOs, con plataformas de activación ágiles, portales de onboarding y modelos de soporte comercial, era un negocio natural para el operador porque tenían la red, tenían los acuerdos regulatorios en cada mercado, tenían las relaciones comerciales. Pero construirlo requería pensarse como plataforma habilitadora en lugar de como marca de consumo, y esa decisión nunca llegó porque el operador sigue pensando en el “killer application” del año 2000.
No es el único espacio que se cedió con esa misma lógica. Los proveedores de eSIM han capturado buena parte del negocio de silent roamers —viajeros que históricamente generaban ingresos de roaming para los operadores— porque ningún operador construyó una propuesta suficientemente ágil y digital para ese segmento. Los servicios de gestión de datos, analítica de red y inteligencia de cliente han migrado hacia proveedores cloud que utilizan la conectividad como insumo pero capturan el valor en las capas superiores. En cada uno de estos casos, la excusa fue la misma: complejidad regulatoria, falta de escala, incapacidad de justificar la inversión. Sin embargo, la escala no llega de golpe. Se construye llegando primero con los retail, luego con las fintech, luego con otro vertical, acumulando músculo de plataforma en cada ciclo. El problema es que ese proceso de acumulación requiere haber decidido antes que eres una plataforma. Y esa decisión se fue aplazando mientras otros la tomaban. Esto lo explico en mi libro El Gran Legado.
Esta dinámica no es nueva ni sorprendente para quien ha seguido la evolución del sector con atención. Es, en realidad, el mismo patrón que ha definido las últimas dos décadas de la industria con una secuencia de oportunidades que habrían ido construyendo escala de forma progresiva, cedidas una a una bajo argumentos de corto plazo, hasta que la acumulación de esas cesiones configura una posición estructural difícil de revertir. El sector telco lleva años ganando las batallas tecnológicas —5G es una red más capaz que cualquier generación anterior, las APIs de red existen, las arquitecturas cloud-native funcionan— y perdiendo la guerra del valor.
Lidl no es la causa de ese problema. Es su expresión más reciente y más legible. La combinación de eSIM, plataformas cloud y ecosistemas digitales con base de clientes masiva hace que este tipo de movimientos sean cada vez más replicables, y la pregunta relevante ya no es si este modelo funciona en términos de cuota de mercado, sino qué le queda al operador cuando la capa de habilitación, la capa de datos y la capa de relación con el cliente han migrado sistemáticamente hacia otros actores.
No se trata de que Lidl haya entrado en telecomunicaciones. Se trata de que las telecomunicaciones llevan años saliendo de las telcos, y Lidl acaba de hacer el movimiento más visible de ese proceso.