Se trata de proveedores europeos: Post Telecom (Luxemburgo), con sus socios StackIT (Alemania), Scaleway (Francia) y Proximus (Bélgica), y con el aporte de S3NS (empresa conjunta de Thales y Google Cloud), Clarence y Mistral, que colaborarán al consorcio principal con capacidades de inteligencia artificial (IA) y de seguridad de última generación; ellas se hicieron de la adjudicación de la licitación de la Comisión Europea (CE) para administrar la nube soberana del bloque, por 180 millones de euros (más de 211 millones de dólares) y durante seis años.
El proceso de licitación comenzó en 2025 y, según precisó la CE, sus lineamientos estuvieron en sintonía con la apuesta de “mejorar su propia soberanía, reforzando el control estratégico de las tecnologías e infraestructuras clave”, y detalló que “los proveedores galardonados fueron seleccionados sobre la base de su armonización con el Marco de Soberanía en la Nube de la Comisión”.
Esos lineamientos están basados en ocho objetivos, vinculados a la visión estratégica, legal, operativa y medioambiental local, como también en lo concerniente a la transparencia de la cadena de suministro, la apertura tecnológica, la seguridad y el cumplimiento de la legislación de la UE.

Imagen creada con Gemini
“La Comisión adjudicó cuatro contratos en paralelo para garantizar la diversificación y la resiliencia, evitando la dependencia excesiva de un único proveedor”, dijo en el anuncio y precisó que esta selección se basó en niveles de garantía “rigurosos que garantizaran que terceros no pertenecientes a la UE tuvieran un control limitado sobre las tecnologías que utilizan los proveedores o los servicios que prestan”.
Con todo, esta adjudicación parece permitir que la CE sume, a los servicios de computación que adquiere, el envío de un mensaje por elevación al mercado global, sobre que la seguridad nacional ya no se delega, la construye.
¿Pero Europa no tenía ya una nube soberana?
Si, hace casi un año, AWS anunció la construcción de la primera nube sobereana de la Unión Europea (UE) aunque, se diferencia de esta nueva, sobre todo, en lo que al control legal y de propiedad de la infraestructura refiere. Porque mientras que la AWS European Sovereign Cloud es una solución del hiperescalador estadounidense adaptada a Europa, esta licitación adjudicada por la Comisión Europea busca que los proveedores sean nativos europeos y garanticen la máxima soberanía digital posible.
La AWS European Sovereign Cloud es, en realidad, una nube independiente, físicamente separada y operada dentro de la UE por personal ubicado en la UE, y diseñada para clientes europeos con altos requisitos de seguridad; pero que es propiedad de Amazon. Uno de los requisitos establecidos para crearla había sido tener ciertos criterios de seguridad, entre ellos, que ni los empleados de AWS pudieran acceder a los datos de los clientes, entre otros lineamientos del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y las normas de soberanía.

Imagen creada con ChatGPT
En esta nueva nube, licitada por la CE, los proveedores de raíz europea deberán dar servicio a las instituciones y agencias de la UE; el afán de reducir la dependencia de un solo proveedor de nube y asegurar la soberanía digital, frente a la jurisdicción de países fuera de la UE.
De Europa, para Europa
Esta noticia se conoce en semanas en que la Comisión actualiza su Marco de Soberanía en la Nube, en la que ya adelantó que incluirá criterios específicos y de evaluación, con el objetivo de garantizar la independencia estratégica de la provisión de servicios digitales. Según se supo, el paquete de Soberanía Tecnológica incluirá una estrategia de código abierto, para evitar el lock-in; una Ley de Chips 2, una Hoja de Ruta Estratégica para la Digitalización y la IA en la Energía, y una Ley de Desarrollo de la Nube y la IA, conocido por las siglas CADA (surgidas de su nombre Cloud and AI Development Act), motor que correrá a las IA gubernamentales europeas sin filtrar datos a modelos externos.
En este marco, la ley de Chips 2 (o Chips Act 2.0) se erige como la evolución estratégica de la primera normativa de 2023, en el afán de posicionar a Europa como una potencia en semiconductores para 2030. Y que, a diferencia de la primera donde el objetivo pasaba por atraer a gigantes como Intel o TSMC, esta nueva versión pone el foco en garantizar la cadena de valor europea en lo que a tecnologías de vanguardia respecta.
Sí, el plan pasa por fabricar chips pero con dominio en el diseño y en los materiales y que, sumado a la Ley de Desarrollo de la Nube y la IA (CADA), y la apuesta por la nube soberana, el futuro pasa por la independencia que posibilitará el tener infraestructuras que funcionen con procesadores diseñados y fabricados en suelo europeo y con mano de obra local.
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