La economía digital mundial depende de una infraestructura que rara vez aparece en el debate público. Más del 99 por ciento del tráfico intercontinental de datos circula por cables submarinos, una red de miles de kilómetros que sostiene servicios financieros, plataformas cloud, comunicaciones empresariales y buena parte del comercio digital internacional. Sin embargo, su principal vulnerabilidad no está en la capacidad de transmisión, sino en la capacidad para recuperarse cuando se produce una avería.
Ese es el mensaje que deja el nuevo informe del International Advisory Body on Submarine Cable Resilience, impulsado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y el International Cable Protection Committee (ICPC). Más que presentar nuevas tecnologías, el documento sitúa la resiliencia de los cables submarinos en el centro de las políticas de infraestructura digital.
Lejos de centrar el debate en escenarios de sabotaje, el informe adopta un enfoque mucho más pragmático. La mayoría de las interrupciones continúan siendo consecuencia de actividades pesqueras, anclas, deslizamientos submarinos o fenómenos naturales. El verdadero desafío comienza después del corte: autorizaciones que dependen de múltiples organismos, marcos regulatorios fragmentados, disponibilidad limitada de buques especializados y procesos administrativos que pueden retrasar durante semanas el inicio de una reparación.
La conclusión de estos organismos es clara: construir más cables ya no basta. El documento propone agilizar los procesos de autorización, establecer un único punto de contacto gubernamental para coordinar despliegues y reparaciones y eliminar barreras regulatorias que ralentizan la respuesta ante incidencias. En un entorno donde la continuidad del servicio resulta crítica, reducir los tiempos de reparación puede ser tan importante como aumentar la capacidad de la red.
El informe también advierte sobre otro riesgo de la concentración geográfica. Una parte significativa del tráfico mundial atraviesa un número reducido de corredores marítimos. Cuando alguno de ellos se ve afectado, las consecuencias pueden propagarse simultáneamente a distintos mercados. Para muchos pequeños Estados insulares y economías con pocas conexiones internacionales, una única avería puede comprometer gran parte de su conectividad exterior.
Por ello, la UIT sitúa la diversidad de rutas entre sus principales prioridades. Desde la perspectiva de la resiliencia, disponer de recorridos alternativos aporta más valor que seguir incrementando la capacidad sobre un mismo corredor. La redundancia deja de medirse únicamente en ancho de banda y empieza a evaluarse por la capacidad de mantener el servicio cuando una ruta queda fuera de operación.
Otra de las aportaciones del informe es ampliar el número de actores responsables. La protección de los cables ya no puede recaer únicamente sobre operadores y propietarios de infraestructura. Gobiernos, reguladores, autoridades marítimas, fabricantes e instituciones internacionales deben compartir información, coordinar protocolos y desarrollar mecanismos permanentes de cooperación.
La infraestructura sigue siendo privada. Su funcionamiento, sin embargo, tiene implicaciones claramente públicas. Esa es una de las ideas más interesantes del documento.
En América Latina, donde continúan desplegándose nuevos sistemas para atender la creciente demanda de cloud, inteligencia artificial (IA) y centros de datos, el informe adquiere especial relevancia. La región ha reforzado su conectividad internacional durante los últimos años, pero muchos mercados todavía dependen de un número limitado de rutas y mantienen procesos regulatorios que podrían dificultar reparaciones urgentes tras una interrupción.
El informe llega en un momento en el que la conversación sobre infraestructura digital está dominada por la IA y los centros de datos. La UIT recuerda que ninguna de esas inversiones funcionará sin una red submarina capaz de recuperarse con rapidez cuando falle. En la próxima década, la resiliencia dejará de medirse únicamente por el número de cables desplegados. También se medirá por la rapidez con la que vuelvan a operar.