La geopolítica y la inteligencia artificial (IA), pero también la importancia de asumir un rol ético y sostenible frente a los desafíos de la humanidad ante el avance de la innovación es, grosso modo, el mensaje que dejó la 81° Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Se enfatizó la urgencia de colaborar en la gobernanza de la IA para garantizar su control humano, la transparencia algorítmica y la seguridad en infraestructuras críticas; a la vez que se reafirmó a la conectividad como un servicio público esencial. Aquí, un repaso por las declaraciones, el mensaje para la industria telco y el balance de un encuentro que se desarrolla desde el 22 de septiembre en Nueva York y que se extenderá hasta el 28, que exhibe que lograr un consenso en torno al multilateralismo regulatorio es un gran desafío del presente y el porvenir.
Voces, luces y sombras
La guerra, la desigualdad, el cambio climático y la IA, esos son los cuatro grandes desafíos de poder que enfrenta la humanidad y de cuya resolución y capacidad de hacer prevalecer la vida depende el mismísimo futuro. Esa fue la definición que, parafraseada, arrojó António Guterres, secretario General de la ONU en la apertura de este encuentro de Primer Nivel. “Las fallas en nuestro mundo se están ampliando”, dijo Guterrez, al punto de advertir que “las grietas se han convertido en abismos”. Y no hablaba sólo del campo digital.
“De cara al futuro, nuestro destino estará determinado por cómo afrontemos cuatro grandes desafíos del poder: el poder sobre la guerra y la paz; el poder que concentra la riqueza e impulsa la desigualdad; el poder que alimenta el caos climático y la guerra contra la naturaleza; y el poder desatado por la IA”, dijo en su discurso Guterres –aquí– y advirtió que el peligro principal de la evolución de la IA no reside en la tecnología en sí, sino en que no tenga rendición de cuentas e instó a las potencias tecnológicas a colaborar en evaluaciones de seguridad, transparencia y salvaguardas comunes. También, enfatizó en la importancia de que nunca sea legado a una máquina el uso letal de la IA para, por ejemplo, empuñar armas autónomas.
En el mismo sentido, se expresaron muchos presidentes que pasaron por el atrio. Por ejemplo, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, reclamó acelerar el desarrollo y la firma de una Convención Internacional sobre IA dentro del paraguas de la ONU para establecer normas jurídicas comunes. Otro caso fue el presidente francés, Emmanuel Macron, quien advirtió que el futuro de la IA no puede quedar supeditado exclusivamente al duopolio entre Estados Unidos y China ni a un puñado de gigantes corporativos, y propuso crear modelos de código abierto compartidos, a la vez que capacitar a los países para auditar la tecnología de forma independiente.
Si de bloques se trata, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, subrayó el rol que cumple el multilateralismo en el escenario actual, al que definió como la “única vía realista” para abordar los problemas del presente. “Ningún país, por sí solo, puede prevenir una pandemia, estabilizar el clima, garantizar cadenas de suministro resilientes, regular la IA, asegurar la estabilidad financiera ni lograr un desarrollo sostenible. Ningún país, por poderoso que sea, puede construir una paz duradera por sí solo”, sostuvo y destacó la importancia de avanzar hacia la gobernanza de la IA.
“Necesitamos una arquitectura responsable, transparente y regulada. Necesitamos una IA que sirva a la humanidad, no que la controle. Debemos mantener siempre el control, estableciendo un ritmo seguro de innovación y desarrollo. La industria de la IA no puede ser regulada por unas pocas grandes empresas globales”, definió Costa e instó a Naciones Unidas a “desempeñar un papel central en el establecimiento de estándares mundiales a través del Pacto Digital Mundial de la ONU, el Panel Científico Internacional Independiente y el Diálogo Mundial sobre la Gobernanza de la IA”.
Otros, como Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, y Lee Jae-myung, de Corea del Sur, valoraron que la carrera tecnológica comandada por las empresas sin límites éticos podría profundizar las brechas de acceso, la desigualdad social y las posibilidades de desarrollo de los países (sobre todo los periféricos); a la vez que plantearon a la necesidad de regular a las Big Techs y robustecer los sistemas científico-tecnológicos independientes.
También hubo lugar para expresar la idea contraria. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se manifestó en rechazo a cualquier “esquema de control globalista” a la que renombró como “Super Inteligencia” por considerar que, de esa manera se refleja su verdadero alcance disruptivo, a la vez que advirtió que una hiperregulación pueda frenar la innovación que occidente pueda hacer frente al avance de potencias como China.
Con matices, el primer ministro británico, Andy Burnham, anunció que la gobernanza de la IA será una prioridad en su agenda multilateral para 2027 en el camino a construir estándares globales a la vez que contó sobre un acuerdo con Estados Unidos para robustecer la defensa.
“La IA tiene potencial para ir mucho más allá”, dijo Burnham y subrayó su capacidad para prevenir y curar enfermedades como el cáncer, a la vez que la caracterizó como “la clave del crecimiento económico, el camino para la transformación de la educación y una herramienta vital para mantenernos seguros”. En ese sentido, anunció que desarrollan una alianza de defensa e IA con Estados Unidos para proteger la infraestructura nacional esencial. “Pero sabemos que la IA también será una fuente de cambio en nuestro estilo de vida y en la manera en que trabajamos, sin multiplicar el riesgo. Todos hemos oído las advertencias, y debemos hacerles caso”, sostuvo.
A cada una de las ponencias y los debates expuestos en la ONU se puede acceder a través de su web, aquí.
Resolver la grieta digital
Ante la certeza de que las brechas digitales se transforman en grietas, también hubo lugar para debatir la aplicación de un Pacto Digital Global, como parte del acuerdo multilateral adoptado formalmente por consenso por los Estados Miembros, el Pacto para el Futuro. Así lo había presentado la UIT hace dos años: que era necesario trabajar en un pacto digital común para combatir la inclusión, y lo sigue siendo.
Pero la coyuntura geopolítica involucra tantas tensiones cruzadas, que la adhesión a este consenso sufrió cambios. Aunque la inciaitiva cuenta con el respaldo de más de 93 países firmantes, entre las que destacan las apuestas de Unión Europea, Estados Unidos,China y de países de América Latina como Brasil, México, Uruguay para, por ejemplo, reducir la brecha digital, garantizar la innovación y asegurar la protección de datos.
Inclusive, en febrero de 2026 se consolidó la apuesta a través de la Declaración de Delhi, en la que 88 países pactaron apostar por un marco ético para la IA, en alineación con los objetivos del Pacto Digital Global. Hay excepciones como la Argentina, que anunciaron su salida.
Con todo, se trata de una iniciativa tendiente gestionar la transformación digital y a proteger a las generaciones presentes y futuras ante posibles eventos adversos y crisis. Por eso, entre sus 56 acciones estratégicas estructuradas en cinco ejes principales, se incluye al Pacto Digital Mundial y la Declaración sobre las Generaciones Futuras, donde no sólo se habla de tecnología sino de tender lazos en materia ambiental, educacional, sanitario y financiero, por mencionar algunos que permitan garantizar el cumplimiento de los derechos humanos. En lo que a ciencia, tecnología, innovación y cooperación digital respecta, plantea la necesidad facilitar que los avances lleguen también a las periferias globales.
Lo cierto es que, tal como lo reflejó el reporte de la UIT de hace un mes, el promedio mundial para el pilar de conectividad significativa es de 85, mientras que para el pilar de conectividad universal es de 73, dado que la infraestructura avanza más rápido que la adopción y el uso efectivo por parte de los usuarios.
Gobernanza y multilateralismo
El lema de este 81º período de sesiones de la ONU gira en torno a Restablecer la confianza y gestionar la transformación, algo que puede leerse como la urgencia de encontrar puntos en común. Por ejemplo, porque uno de los puntos más debatidos fue el vinculado a si la IA debe ser regulada o no, dado que el despliegue masivo y avance acelerado de la innovación encarna nuevos y enormes riesgos.
Por ello, se plantea que la infraestructura que sostiene a la IA debe responder a criterios estables de supervisión humana y de soberanía digital, con control de riesgo y mitigación de su impacto ambiental. Además, se exige que los operadores y desarrolladores eviten el uso descontrolado de algoritmos en áreas de alto riesgo, como seguridad, (des)información o sistemas autónomos.
Y vuelve a poner en agenda la importancia de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) previstos para 2030 como es, por caso, el del cierre de la brecha de conectividad, que ya fue definida como servicio público esencial y catalizador socioeconómico; algo que en este contexto se reafirmó. Se planteó la importancia de intensificar el despliegue en zonas rurales y vulnerables, a la vez que garantizar el acceso universal asequible; garantizar la eficiencia energética, reforzar la seguridad de las infraestructuras críticas y de los datos personales.
El período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2026 aún tiene una prometedora agenda por delante, para encontrar puntos en común y avanzar en la promesa de un progreso impulsado por la ciencia que venza el temor de construir brechas insalvables. Aquí, la gobernanza y el multilateralismo tiene mucho por aportar, aun tratándose del mismísimo tablero geopolítico del siglo XXI.