Política de visas H-1B: Oportunidad para Brasil

En los últimos doce meses, Washington, DC, ha adoptado tres medidas migratorias que, a largo plazo, pueden resultar contraproducentes para Estados Unidos. Primero, impone una tarifa de 100 dólares para las visas H-1B; segundo, modifica la lotería H-1B para favorecer puestos altamente remunerados; y tercero, una norma final que elimina el estatus de permanencia indefinida para estudiantes extranjeros. En su conjunto, estas iniciativas cierran los dos canales que permitían a Estados Unidos incrementar el número de científicos e ingenieros que trabajaban en su territorio: el posgrado con entrenamiento práctico y el patrocinio directo H-1B. Como efecto inverso, estas medidas incrementan el atractivo de Brasil para retener capital humano y hasta convertirse en un polo de atracción de talentos para trabajar en empresas de desarrollo e investigación tecnológica.

En septiembre de 2025, la Proclamación 10973 impuso una tarifa única de 100 dólares para nuevas solicitudes de H-1B de trabajadores fuera de Estados Unidos. Sin embargo, el 8 de junio de 2026, un juez federal en Boston la anuló por completo, calificándola de un impuesto inconstitucional. La administración del presidente Trump obtuvo una breve suspensión de esta decisión que reinstauró el pago, pero el 24 de julio la Corte de Apelaciones del Primer Circuito se negó a mantenerla, dejando a USCIS “sin base legal para cobrarla” por el momento. Un tribunal en Washington, DC, ya había confirmado la tarifa, así que el panorama legal sigue dividido y la proclamación vence por sí sola el 20 de septiembre de 2026, salvo renovación.

Para Brasil, como para otros países, sobre todo los del bloque BRICS, la oportunidad deriva precisamente del presente caos en el marco legal migratorio de los Estados Unidos y la insistencia de los tomadores de decisiones de política pública de contraproducentes para un país que desea el pilar del desarrollo de la inteligencia artificial y líder tecnológico de la infraestructura digital.

A diferencia de China o la India, que representan el 73% de las solicitudes de este visado, Brasil nunca ha sido relevante para el H-1B. Aunque con apenas unos miles de visas H-1B al año, la misma representa un canal importante para aquellos brasileños que desean convertir un posgrado estadounidense en una carrera en Silicon Valley. La nueva “selección ponderada” de la lotería para 2027, anunciada en diciembre de 2025, añade un obstáculo adicional a esta alternativa.

El 17 de julio de 2026, el DHS eliminó el sistema de duración de la condición migratoria (duration of status) para los visados F-1, J-1 e I. La decisión consiste en sustituirlo por períodos de admisión con fecha fija, generalmente de un máximo de cuatro años, lo que obliga a muchos estudiantes, especialmente a los valiosos estudiantes de doctorados STEM, a solicitar extensiones ante el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos. Esta medida incrementa la burocracia y el riesgo de atrasos en las aprobaciones, lo que puede resultar en la pérdida de empleos de estudiantes altamente calificados que históricamente han sido esenciales para el posicionamiento del país como epicentro tecnológico global.

Sin embargo, lo más importante para Brasil quizá no es quién se va, sino quién se queda, considerando que los sectores domésticos de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y de las telecomunicaciones ya son lo bastante grandes como para absorber ese talento. No son sectores que, por el momento, dependan de mano de obra importada y, al generar empleos formales y bien pagados, se presentan como una alternativa cada vez más competitiva frente a una política migratoria estadounidense incierta para quienes aspiran a una visa H-1B.

Los cambios en este visado pueden incitar a las empresas a ubicar sus contrataciones internacionales en países como Brasil, desde los cuales pueden realizar sus investigaciones y colaborar en el desarrollo del capital humano local. Medida que indudablemente podría llevar al país, así como a sus contrapartes en el bloque BRICS, a facilitar la aprobación de trabajo al talento internacional y, de esta manera, continuar impulsando al país como el principal polo de desarrollo tecnológico de América Latina.

Es importante no creer que la situación actual resuelva los problemas de talento humano que Brasil enfrenta en las carreras STEM. No obstante, la consecuencia inmediata a la xenofobia migratoria que impera en las decisiones de política pública estadounidense allana el camino para que solventar la carencia de personal capacitado en Brasil sea más sencillo. Por ejemplo, un ingeniero que antes apuntaba a Silicon Valley hoy tiene alternativas genuinas en casa, aunque el país aún necesita a todos ellos para su transformación digital.

Si a esta situación Brasil se suma a la lista de países que han creado o reforzado programas específicamente para aprovechar el endurecimiento de la H-1B estadounidense, se podría fomentar la llegada de talento internacional que impulse el crecimiento del sector tecnológico nacional. Esta estrategia no es nueva, pues ya la han adoptado países que destacan en el desarrollo tecnológico, como Canadá, China, Corea del Sur y el Reino Unido.

El mecanismo más relevante que vincula la política de visas estadounidenses con el destino del sector TIC brasileño no es la emigración, sino dónde ubican las empresas estadounidenses el trabajo que no pueden cubrir localmente. El Banco de la Reserva Federal de Richmond estima que una reducción permanente del 10% en la inmigración calificada costaría al bienestar de los nativos estadounidenses unos 2.900 millones de dólares anuales, en gran parte porque las empresas trasladan funciones al exterior.

Cada dólar de fricción que Estados Unidos añade a la contratación de talento extranjero es un incentivo para expandir la capacidad de ingeniería en polos cercanos como Brasil, cuya propuesta de valor (superposición horaria, inglés cada vez más fluido, un ecosistema de startups maduro, demanda interna en pleno crecimiento e infraestructura en expansión) sigue subexplotada. La mayor oportunidad está en marcos fiscales simplificados que permitan a profesionales brasileños trabajar de forma remota o como contratistas para empresas extranjeras sin emigrar, captando divisas y conocimiento sin perder talento ni base tributaria.

Durante los últimos 12 meses, las decisiones de política migratoria estadounidense han sido torpes, miopes y contraproducentes a largo plazo. Inicialmente, focalizada en la visa H-1B; luego, restricciones a la lotería de esta para limitarla a empleos de alta remuneración; y, finalmente, como puñalada, la imposición de un tope de cuatro años al estatus estudiantil, con un menor período de gracia, creando nuevos obstáculos para el entrenamiento laboral y, eventualmente, para el número de estudiantes que acceden al doctorado.

Resumiendo, Washington, DC, ha vuelto más compleja la ruta que el talento brasileño seguía para llegar a empleadores tecnológicos estadounidenses. Esta inestabilidad erosiona la previsibilidad de ese camino, más allá de si cada medida sobrevive a sus apelaciones. Mientras tanto, los sectores TIC y de telecomunicaciones de Brasil generan empleo formal, salarios crecientes y demanda impulsada por la IA suficientes para que quedarse en casa sea una opción competitiva, aun cuando persista una escasez estructural de talento.

El desafío es convertir este momento en una ventaja duradera: invertir en educación STEM y conectividad, y en políticas fiscales favorables al trabajo remoto que fomenten la llegada al país de capital humano que acelere el desarrollo del país como polo tecnológico global. Brasil debe posicionarse no como un premio de consolación ante visas bloqueadas, sino como el destino tecnológico para la manufactura local, la investigación y el desarrollo preferidos de las Américas.

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José F. Otero es instructor adjunto en la Universidad de Nueva York. Ha colaborado en más de 100 proyectos de investigación y es autor de numerosos estudios sobre la industria de telecomunicaciones. Su experiencia incluye trabajar en proyectos relacionados con el desarrollo social, la convergencia, la adopción de nuevas tecnologías y el lanzamiento de nuevas operaciones en los mercados de América Latina y el Caribe. Su experiencia laboral incluye investigación en temas de políticas públicas de tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) para instituciones como la Casa Blanca, el Senado de la República de México, la Unión de Telecomunicaciones del Caribe, el Banco Mundial y la Corporación Interamericana de Inversiones. El Sr. Otero formó parte de la Junta Asesora que revisó la metodología para la sección de TIC del Índice de Conocimiento Global publicado por el Proyecto de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Fundación de Conocimiento Mohammed Bin Rashid Al Maktoum. Su formación académica incluye estudios en diversas instituciones como la Universidad de Boston (EE. UU.), La Universidad de Leicester (Inglaterra), la Universidad de Edimburgo (Escocia), la Universidad de Barcelona (España), la Universidad de Georgetown (EE. UU.) y la Universidad de Cambridge (Inglaterra). Fue también vicepresidente para América Latina y el Caribe de 5G Americas hasta inicios de 2025, desde donde promovió el uso de tecnologías de la información y las comunicaciones como catalizador del desarrollo económico y social de la región.

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