Detección sin vigilancia en el Sur Global

Muchos países del llamado Sur Global siguen ampliando sus redes móviles 4G, mientras consideran poco necesario desplegar redes 5G no autónomas en gran parte de su territorio. África, por ejemplo, ya supera a América Latina en número de despliegues de 5G. Sin embargo, en ambas regiones, varios mercados siguen sujetos a subastas de espectro costosas y reiteradamente postergadas, lo que retrasa los lanzamientos comerciales incluso donde ya existe demanda.

En las Américas, México es quizá el ejemplo más claro: las autoridades se han visto obligadas a postergar y cancelar subastas porque el espectro radioeléctrico para servicios móviles es demasiado caro. En otras partes del mundo, los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) enfrentan un desafío adicional: sus mercados son demasiado pequeños para atraer inversiones al ritmo de los de mayor tamaño.

India, Brasil y Chile adoptaron un enfoque distinto. Decidieron hacer excepciones ante las subastas de espectro costosas o reiteradamente postergadas que han frenado a gran parte del Sur Global:

·       Chile: fue el primer país latinoamericano en subastar espectro para 5G, a comienzos de 2021. Como la subasta priorizó los compromisos de cobertura por encima de la recaudación, los operadores lanzaron servicios comerciales antes de que terminara ese año. Algunos críticos afirmaron que esto representaba un retroceso respecto de la tradición chilena de asignar el espectro mediante concursos de belleza.

·       Brasil: su subasta de 2021 convirtió la mayor parte del valor del espectro en obligaciones de inversión, en lugar de en ingresos para el fisco. Estas incluyeron la cobertura de carreteras y escuelas, así como una red troncal de fibra óptica en la Amazonía, lo que permitió que la 5G llegara rápidamente a todas las capitales estatales a partir de 2022.

·       India: aunque su subasta de 2022 fue costosa, el gobierno flexibilizó las condiciones de pago para los operadores. India pasó de la subasta al lanzamiento comercial en cuestión de meses y realizó uno de los despliegues 5G más rápidos del mundo.

En este contexto, un calendario de despliegue de 6G que siga la evolución tecnológica tradicional es una perspectiva para la próxima década, no una decisión a corto plazo. Los obstáculos que separan la promesa de las comunicaciones integradas de detección (ISAC, por sus siglas en inglés) de su despliegue en los países del Sur Global no son principalmente técnicos. Entre ellos figuran una infraestructura desigual, la corrupción, los desafíos de seguridad y un entorno geopolítico que presiona a los países a elegir un bando incluso antes de que se defina el estándar. Estas fuerzas no técnicas determinarán qué tan pronto veremos capacidades de las redes de detección desplegadas en lugares específicos, como redes privadas o instalaciones gubernamentales.

Primero, un punto clave: no hace falta esperar a la 6G para comenzar a utilizar ISAC. Los sistemas inalámbricos existentes permiten realizar experimentos y desarrollar determinadas aplicaciones. La integración nativa en futuras redes 6G podría reducir la necesidad de hardware adicional y los costos de integración, pero su viabilidad económica dependerá de la precisión, la cobertura y la confiabilidad requeridas.

Una brecha que va más allá del espectro

La primera limitación visible es el espectro. ISAC necesita canales amplios para lograr una resolución fina; detectar un dron pequeño requiere un ancho de banda considerable, y las bandas de alta frecuencia y de ondas milimétricas son precisamente las menos disponibles en el Sur Global. Estados Unidos, Corea del Sur y Japón han asignado varias bandas de ondas milimétricas, mientras que gran parte de América Latina, África y Asia del Sur prácticamente no ha asignado ninguna.

Sin embargo, el espectro radioeléctrico es solo una parte de un panorama más amplio, que incluye tanto la infraestructura de telecomunicaciones como la infraestructura civil. Por lo general, las capitales con fibra óptica y 5G conviven con zonas rurales que dependen de enlaces de microondas congestionados, de torres alimentadas por generadores diésel debido a la falta de electricidad confiable y de una capacidad de cómputo concentrada en dos o tres ciudades. Una red de detección requiere una alta densidad de sitios, sincronización precisa, procesamiento en el borde de la red y un suministro eléctrico estable. Cuando faltan estos requisitos básicos, ISAC corre el riesgo de reproducir la geografía de la desigualdad: redes de detección de alta precisión en los barrios conectados y puntos ciegos en las zonas marginadas.

Según la GSMA, el 96% de la población mundial vive en zonas con cobertura de internet móvil, pero 3.100 millones de personas (38%) no lo utilizan. Otros 300 millones siguen completamente fuera de cobertura. La mayoría de estas personas vive en países de ingresos bajos y medios. La brecha de uso es diez veces mayor que la de cobertura. Frente a este panorama, presentar la detección mediante redes como la próxima gran frontera puede parecer, como mínimo, inoportuno.

No obstante, sería un error descartar ISAC como un lujo importado. Si se plantea adecuadamente, esta tecnología podría responder a necesidades particularmente urgentes en el Sur Global: terremotos, inundaciones y huracanes recurrentes; desarrollo urbano informal; infraestructura crítica con pocos instrumentos de monitoreo; y servicios de emergencia con recursos limitados. Un modelo de detección como servicio, orientado a la alerta temprana, la protección de la infraestructura o la seguridad vial en corredores sin sensores dedicados, podría aportar un valor real al aprovechar la infraestructura móvil existente, en lugar de requerir costosos despliegues paralelos. La clave es desarrollar ISAC a partir de las prioridades locales, en lugar de adoptar casos de uso diseñados para otros mercados. Pero esto requeriría comprender a fondo las necesidades locales en países en los que históricamente se han ignorado las jurisdicciones rurales y remotas.

Los primeros adoptantes y la oportunidad del Golfo

El Sur Global no es un único mercado con un calendario único. Incluye tanto países que luchan por ampliar la conectividad básica como países ricos capaces de financiar los primeros mercados de detección. Más allá de Estados Unidos, China y la Unión Europea, entre los posibles primeros adoptantes figuran países que enfrentan amenazas importantes para la seguridad y otros que lideran la adopción de nuevas tecnologías inalámbricas. Sin embargo, la demanda de seguridad por sí sola no basta: el financiamiento, los operadores competentes, la capacidad institucional y la existencia de un cliente dispuesto a pagar determinarán si el interés se traduce en un despliegue.

Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita son candidatos particularmente plausibles para convertirse en los primeros clientes comerciales y en entornos de prueba, aunque los proveedores de China, Estados Unidos y Europa aporten gran parte de la tecnología subyacente. En los Emiratos Árabes Unidos, du ha desplegado capacidades de 5G-Avanzado en su red en operación junto con Huawei y ha establecido una alianza más amplia para desarrollar esta tecnología. Estos pasos proporcionan una base para realizar pruebas y prestar servicios empresariales. No demuestran la existencia de un servicio comercial de detección a nivel nacional.

Arabia Saudita combina infraestructura de operadores, instituciones de investigación, financiamiento y posibles clientes del sector público. stc y Nokia mantienen una alianza para el 6G respaldada por el gobierno, mientras que la Comisión de Comunicaciones, Espacio y Tecnología ha anunciado una prueba en la banda de 7 GHz con ambas empresas. La Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdullah (KAUST) también realiza investigaciones específicas sobre ISAC, incluidos diseños para estaciones en plataformas de gran altitud. Estas actividades muestran preparación y capacidad de investigación, pero la prueba de espectro, por sí sola, no demuestra un despliegue de ISAC.

En otros países, la evidencia permite llegar a conclusiones más moderadas. Investigadores radicados en Catar han publicado trabajos sobre seguridad en ISAC, lo que demuestra participación en la investigación, pero no liderazgo en el despliegue comercial. La planificación gubernamental de Indonesia incluye 5G-Avanzado, 6G, drones, plataformas de gran altitud y comunicaciones marítimas, junto con debates sobre el futuro del espectro móvil. Se trata de capacidades y necesidades pertinentes, pero no demuestran la existencia de un programa ISAC operativo. Sudáfrica participa en la cooperación en investigación de los BRICS y en la infraestructura de investigación compartida, lo que ofrece una posible vía hacia el desarrollo colaborativo; esa cooperación es más amplia que la de ISAC.

Por lo tanto, en los BRICS y en el conjunto del Sur Global, el interés documentado en 6G es más amplio que el despliegue demostrado de ISAC. El interés estratégico, la investigación académica, la preparación comercial y los servicios en operación son etapas distintas. La evidencia aquí considerada no es suficiente para identificar a Egipto, Etiopía o Irán como líderes tempranos de ISAC. Estas distinciones importan porque, de lo contrario, una proyección de demanda potencial puede confundirse con un mercado ya establecido.

Los mercados iniciales más plausibles en el Golfo son los de servicios para empresas y gobiernos. Los aeropuertos y los operadores logísticos podrían buscar soluciones para detectar drones, monitorear el tránsito aéreo a baja altitud y seguir sus movimientos. Los puertos y las instalaciones industriales podrían combinar los servicios de detección en áreas operativas delimitadas con la conectividad de redes privadas. Los operadores de infraestructura energética podrían contratar servicios de monitoreo perimetral y de detección de objetos en aproximación, mientras que las autoridades de transporte y urbanas podrían probar determinadas aplicaciones de seguridad vial, de tránsito y de espacios públicos. Se trata de mercados potenciales, no de contratos ISAC verificados en el Golfo. La detección por radio no puede medir automáticamente las fugas en las tuberías, la composición química del agua ni el estado de los equipos. Muchas de estas tareas siguen requiriendo instrumentos específicos.

Es probable que el caso de negocio inicial más sólido sea un sitio delimitado, con un cliente dispuesto a pagar y con requisitos medibles. Un operador podría cobrar por la cobertura de detección, las alertas o el acceso a observaciones procesadas, pero tendría que demostrar una ventaja frente a radares dedicados, cámaras u otros sensores. Los Emiratos Árabes Unidos podrían avanzar rápidamente mediante pilotos comerciales liderados por operadores, mientras que Arabia Saudita podría desarrollar programas de mayor escala en torno a proyectos industriales y de infraestructura. Esta es una proyección, no una constatación de despliegue. Ninguno de los dos países necesita una red 6G nacional para comenzar a experimentar, y su poder de compra podría influir en los diseños de los proveedores mediante requisitos de precisión en la detección, acceso seguro a los datos, interoperabilidad y límites a su reutilización. La misma infraestructura puede servir para operaciones industriales, de seguridad pública y de vigilancia, por lo que la gobernanza es urgente desde el primer piloto.

Corrupción y control del sensor

La corrupción en la asignación de espectro y en la contratación pública de tecnología no es una preocupación hipotética en muchos países del Sur Global. El caso más conocido es el escándalo del espectro 2G en India, que llevó a la Corte Suprema a cancelar 122 licencias en 2012. No es, ni de lejos, el único: las asignaciones discrecionales, las prórrogas negociadas a puerta cerrada y los contratos de «ciudad segura» adjudicados sin licitación competitiva ni divulgación pública se repiten en distintos continentes. Con ISAC, lo que está en juego ya no es solo el valor fiscal del espectro. Quien controle la capa de detección controlará la información sobre los movimientos de personas, vehículos y mercancías. Si esa capa se adjudica mediante procesos opacos, la captura pasa del ámbito económico al político. Las subastas competitivas y transparentes, la publicación íntegra de los contratos, los registros de beneficiarios finales y los reguladores con verdadera autonomía presupuestaria son la primera línea de defensa, mucho antes que cualquier estándar técnico.

Seguridad entre el crimen y la vigilancia

La seguridad en el Sur Global tiene dos caras. La primera se relaciona con la propia red. El robo de baterías y cables, el vandalismo contra las torres y la extorsión de técnicos por parte de grupos criminales que controlan territorios ya elevan los costos y retrasan los despliegues en países tan distintos como Sudáfrica, México y Haití. El ataque de ransomware de 2022 que paralizó los sistemas del gobierno costarricense también mostró cuán frágiles pueden ser las instituciones digitales de países de tamaño mediano. Una red que realiza detección también crea una nueva superficie de ataque: los datos de detección pueden falsificarse, manipularse o filtrarse, y una falsa alarma relacionada con infraestructura crítica puede resultar tan costosa como la ausencia de un sensor.

La segunda cara es más delicada. ISAC puede inferir la presencia y los movimientos de personas que no llevan ningún dispositivo. En países con marcos de protección de datos desiguales, una aplicación institucional débil y antecedentes relativamente recientes de vigilancia estatal, la distancia entre una herramienta de seguridad pública y una infraestructura de vigilancia se vuelve peligrosamente corta. La limitación de la finalidad, la minimización de datos, los controles de acceso, los plazos limitados de conservación, las auditorías independientes y la supervisión judicial efectiva no pueden añadirse después: deben incorporarse al diseño y a las reglas antes del despliegue. Para las democracias frágiles y los PEID, esta gobernanza es la condición que separa el progreso del retroceso en los derechos.

Relaciones internacionales y libertad de elección

La 6G se está desarrollando en medio de una intensa rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China. Las restricciones a proveedores, los controles a la exportación de semiconductores y las condiciones de financiamiento convierten cada compra de equipos en una decisión diplomática. Para muchos países del Sur Global, el dilema es incómodo: los equipos más baratos pueden conllevar costos políticos, mientras que el alineamiento geopolítico puede acarrear costos financieros. Si el estándar se fragmenta en dos ecosistemas, los mercados más pequeños asumirán costos adicionales, con menor escala para negociar precios y menor capacidad para mantener dos cadenas de suministro.

Por eso, la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones de 2027 (CMR-27), que examinará bandas como la de 4,5 GHz y las de 7–8 GHz para la siguiente etapa de la evolución móvil, incluida la 6G, no es un asunto lejano. Es el foro donde las decisiones determinarán si habrá equipos asequibles y compatibles disponibles a escala mundial o si volveremos a pagar el precio de la fragmentación. Organismos regionales como la CITEL en las Américas, la Unión Africana de Telecomunicaciones en África, la Telecomunidad Asia-Pacífico en esa región y el Grupo Árabe de Gestión del Espectro pueden llegar a esas negociaciones con posiciones propias y coordinadas entre sí, en lugar de aceptar pasivamente estándares desarrollados en otros lugares.

Un lugar en la mesa

Una asimetría que el Sur Global puede comenzar a corregir ahora es el predominio de gobiernos, operadores y fabricantes del Norte en la conversación sobre 6G, con escasa participación del sector académico y de los reguladores de nuestros países. La cooperación Sur-Sur, la coordinación entre reguladores y la colaboración con universidades en métodos de medición, evaluación y políticas públicas ofrecen una vía para influir en el estándar mientras aún se está definiendo, en lugar de simplemente heredarlo. El costo de no hacerlo es conocido: volver a comprar, más tarde y a un precio mayor, tecnología diseñada sin considerar las necesidades del Sur Global.

Los BRICS podrían ayudar a organizar la investigación y la demanda de sistemas de comunicaciones integradas de detección mediante proyectos conjuntos e infraestructura compartida, pero Rusia, Brasil y China aportan capacidades y enfrentan limitaciones distintas. China combina grandes proveedores de telecomunicaciones con una participación en la normalización de IMT-2030, lo que la posiciona para aportar equipos, investigación y propuestas técnicas. No obstante, su alcance internacional enfrenta cuestionamientos en torno a la seguridad de sus proveedores: la Comisión Europea considera a Huawei y ZTE como proveedores de 5G de mayor riesgo. Esta evaluación se refiere a la confianza en los proveedores y a la gobernanza; no demuestra que la tecnología ISAC china sea intrínsecamente insegura.

Rusia enfrenta un entorno geopolítico y de cadenas de suministro más restrictivo. Las sanciones y los controles sobre semiconductores avanzados, software y tecnología de doble uso limitan el acceso a componentes y alianzas internacionales. Por lo tanto, su posible participación requiere evaluaciones separadas de la viabilidad técnica, de las contrapartes y de las transferencias de tecnología permitidas. La pertenencia a los BRICS no elimina estas restricciones ni demuestra la interoperabilidad con sistemas chinos o brasileños.

Brasil desempeña un papel destacado en la investigación, la regulación y el desarrollo de aplicaciones. El trabajo de ANATEL en 6G, redes abiertas e inteligencia artificial favorece su participación en los foros técnicos mundiales. Además, para los despliegues en Brasil, las aplicaciones de detección que procesen datos personales tendrían que cumplir con los requisitos de privacidad de la Ley General de Protección de Datos Personales (LGPD). Por lo tanto, el papel de Brasil debe evaluarse a partir de sus propias instituciones de investigación, prioridades regulatorias y necesidades comerciales, en lugar de deducirlo de las capacidades de los proveedores chinos o de la posición geopolítica de Rusia.

Estas diferencias implican que todavía no debe considerarse a los BRICS un ecosistema ISAC unificado. La cooperación examinada aquí no demuestra la existencia de un estándar ISAC común de los BRICS, de un programa de adquisiciones ni de una hoja de ruta de despliegue. La cooperación en teledetección satelital es una actividad distinta y no debe presentarse como evidencia de despliegue de ISAC celular. Mientras tanto, los compradores del Golfo pueden influir en los productos mediante requisitos de contratación, incluidos los de interoperabilidad, ciberseguridad, gobernanza de datos y desempeño de la red de detección, incluso cuando no aportan la tecnología subyacente.

La pregunta decisiva, entonces, no es si las redes 6G podrán realizar detección, sino si el Sur Global dará forma a esa capacidad a partir de sus propias prioridades: cerrar la brecha de uso, proteger la contratación pública frente a la corrupción, defender los derechos, fortalecer la respuesta a desastres y preservar su margen de maniobra internacional. Si importará la infraestructura diseñada para servir a los objetivos estratégicos de otros. La verdadera prueba no será técnica. Consistirá en permitir que la red detecte más, sin que nuestras sociedades, tantas veces sometidas a vigilancia, pierdan el control sobre lo que revela una red integrada de detección y comunicaciones. Detección sin vigilancia: ese debería ser el estándar del Sur Global.

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José F. Otero es instructor adjunto en la Universidad de Nueva York. Ha colaborado en más de 100 proyectos de investigación y es autor de numerosos estudios sobre la industria de telecomunicaciones. Su experiencia incluye trabajar en proyectos relacionados con el desarrollo social, la convergencia, la adopción de nuevas tecnologías y el lanzamiento de nuevas operaciones en los mercados de América Latina y el Caribe. Su experiencia laboral incluye investigación en temas de políticas públicas de tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) para instituciones como la Casa Blanca, el Senado de la República de México, la Unión de Telecomunicaciones del Caribe, el Banco Mundial y la Corporación Interamericana de Inversiones. El Sr. Otero formó parte de la Junta Asesora que revisó la metodología para la sección de TIC del Índice de Conocimiento Global publicado por el Proyecto de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Fundación de Conocimiento Mohammed Bin Rashid Al Maktoum. Su formación académica incluye estudios en diversas instituciones como la Universidad de Boston (EE. UU.), La Universidad de Leicester (Inglaterra), la Universidad de Edimburgo (Escocia), la Universidad de Barcelona (España), la Universidad de Georgetown (EE. UU.) y la Universidad de Cambridge (Inglaterra). Fue también vicepresidente para América Latina y el Caribe de 5G Americas hasta inicios de 2025, desde donde promovió el uso de tecnologías de la información y las comunicaciones como catalizador del desarrollo económico y social de la región.

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