SMS no está en peligro de extinción, lo está el ingreso que proviene de él

Al final del año pasado nos atrevimos, como es nuestra obligación como medio, a lanzar algunas de las tendencias que creíamos iban a ser las más relevantes para 2012. Las predicciones no necesariamente apuntaban a Latinoamérica, sino al sector en general, porque tenemos la creencia de que tarde o temprano tendencias de otros mercados acaban llegando a la región y conocerlas anticipadamente pueden suponer una ventaja para implementar remedios que otros no pudieron por no ver venir el desastre.

En las proyecciones para 2012 apuntábamos a dos conceptos que van muy ligados: SMS y smartphones. Sobre el primero poníamos el acento en el hecho de que con el acceso a 3G y aplicaciones como WhatsApp, iMessage o incluso Twitter, los usuarios estaban desplazando al SMS para utilizar este tipo de mensajería a pesar de que en Latinoamérica e incluso Estados Unidos el uso de SMS sigue en aumento y no en descenso. Sobre los smartphones alertábamos sobre sí realmente son buen negocio tal y como se plantean en la actualidad, pues si bien ayudan a incrementar los accesos a las redes de datos, también aumentan la posibilidad de que el usuario utilice servicios que no ofrece el operador (tubería tonta en toda regla).

Como cada año los operadores esperaban y se preparaban para que su infraestructura de SMS  sufriera un aumento significativo del tráfico durante las fiestas navideñas, donde la moda ha sido, desde hace ya varios años, felicitarse a través de SMS. Sin embargo, la tendencia está cambiando y gran velocidad y hay datos que apuntan a que en muchos mercados el uso de SMS ha decrecido en relación a las celebraciones de hace 12 meses. Hay operadores que por primera vez han visto métricas inferiores en el envío de SMS en relación al periodo festivo un año antes.

El operador Yoigo de España ha sido uno de los primeros en alertar que WhatsApp y Facebook han sido la forma preferida de sus usuarios de felicitarse las Navidades. El uso del SMS para las felicitaciones cayó en un 21 por ciento este año en relación al anterior. El operador atribuye la pérdida a la aparición de servicios como WhatsApp más que al uso de las redes sociales. Es decir, parece haber una clara sustitución no de servicio, SMS, sino de proveedor.

En Finlandia los usuarios del operador Sonera enviaron 8,5 millones de SMS para felicitar la Noche Buena, por 10,9 millones enviados en el mismo día pero de 2010. En Hong Kong el uso del SMS el día de Navidad decayó en un 14 por ciento en relación al año anterior como método para felicitarse dicha fecha señalada. Y en Australia se habría registrado una caída del nueve por ciento en el uso de SMS.

Esta reflexión no intenta ser fatalista, sino mostrar una tendencia que se está produciendo a gran velocidad en algunos mercados con alta tasa de penetración de 3G y smartphones, siendo Estados Unidos una de las excepciones por ahora, ya que analistas alertan que esta tendencia que vemos en mercados como Finlandia o Australia llegarán a afectar a los operadores de ese mercado en dos o tres años.

En México, por ejemplo, recientemente un estudio alertaba de que los usuarios de este mercado está sustituyendo el uso de llamadas de voz por el envío de SMS. ¿Y si en el futuro esta tendencia aumenta y el usuario mexicano decide sustituir el SMS del operador por WhatsApp?

Latinoamérica puede que esté aún lejos, pero el crecimiento de smartphones será acelerado en los próximos dos años, por lo que la amenaza contra la supervivencia del SMS de los operadores móviles está en peligro, no así el servicio a través de otros proveedores. Quizá sea un buen momento para pensar en cómo evitar esta sustitución.

Rafael A. Junquera
Cuenta con más de 16 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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