Proponen espacio multistakeholder de cooperación para la digitalización, ¿podrán pasar del diálogo a la acción?

Hace un año titulábamos que para alcanzar la inclusión digital hacía falta pasar del diálogo a la acción. La nota tenía como foco la realización del Encuentro de Alto Nivel: “Inclusión Digital para el Desarrollo en las Américas” en el marco de la VII Asamblea de la Comisión Interamericana de Telecomunicaciones (Citel). En ese entonces, ya se hablaba de tener un ámbito común que incluya a los países de América para integrar asociaciones con el objetivo de crear una serie de mejores prácticas con foco en la inclusión digital, la promoción de inversiones y la productividad.

Mucha agua bajo el puente pasó desde ese foro, incluyendo cambios de autoridades en algunos de los reguladores de la región. Los desafíos, no obstante, se mantienen.

América Latina requiere impulsar la inversión en infraestructura de telecomunicaciones para atender la brecha digital y potenciar una economía que, queda claro, se basará en las capacidades digitales. El problema es que la región no cuenta con herramientas de cooperación supranacionales, así como Europa tiene a la Unión Europea. El Mercosur o la Alianza Pacífico apenas involucran a unos pocos países cada una y el intento de unir a la región a través de proyectos como la Unasur en lo político ha sido infructuoso. A pesar de que existen espacios para discutir temas desde distintos ámbitos como Regulatel o la Citel —e incluso podríamos añadir aquí a las organizaciones como GSMA o Asiet—, nuestra región falla en tener una coordinación de sus políticas en temas digitales, quizás porque cada una de estas organizaciones representa los intereses de una de las partes.

En esta línea, Asiet acaba de proponer una plataforma para el estudio de la digitalización de América Latina y el Caribe, un espacio multistakeholder —es decir, que incluya todas las partes interesadas— que permita “una adecuada reflexión que contribuya a enriquecer y elevar la calidad del debate sobre política pública” además de “impulsar la investigación y crear conocimiento”. El proyecto contribuiría a “tener elementos objetivos de análisis para que se puedan tomar mejores decisiones de política pública” a través de “realizar estudios, generar capacity building, crear indicadores adecuados y robustos para entender los impactos de los procesos que estamos viviendo, y compartir buenas prácticas”. Se trata de “canalizar la cooperación en esta materia para empujar en la misma dirección”, de acuerdo con el comunicado enviado por la organización.

La propuesta es involucrar entidades como organismos de cooperación supranacionales e internacionales, reguladores, gobiernos, bancos de desarrollo, comunidad técnica, academia, asociaciones y empresas del sector privado y think tanks, entre otros, con la meta de delinear una estrategia común para la región.

“Las soluciones parciales o de carácter nacional en un contexto global como el de Internet son, justamente, parciales e imperfectas”, señaló Pablo Bello, presidente de Asiet en el marco del Taller sobre Cooperación Digital, organizado por la Comisión Europea en Costa Rica y que sirvió como marco para hacer pública la propuesta de una plataforma digital para América Latina y el Caribe. Es que las medidas que uno u otro país puedan tomar sobre plataformas digitales que tienen carácter global son limitadas y, por lo tanto, se requiere de una mayor cooperación entre los diferentes mercados.

La propuesta de coordinar políticas y estrategias para atender las necesidades de una economía digital es ambiciosa, interesante e inteligente. El problema es que llevar la propuesta a la práctica puede ser difícil, especialmente cuando una idea como el Mercado Único Digital Latinoamericano parece haberse diluido entre numerosos debates, foros y eventos del sector.

La propuesta multistakeholder aparece como el camino correcto, pero sin duda, mucho más lento a la hora de tomar decisiones y generar consenso —quienes están involucrados en el ámbito de la Gobernanza de Internet entienden cuáles son sus limitaciones—. En una economía digital que requiere de reguladores y políticos que puedan tomar decisiones de forma rápida y flexible —sin entrar en la rigidez regulatoria— y con capacidad de negociar con todos los actores, un espacio multistakeholder puede ser un modelo a seguir para coordinar políticas pero también un espacio más para perder recursos en un diálogo que no lleva a ningún lado.

Aprovechando las palabras de Asiet, América Latina debe “colaborar en un modelo renovado de cooperación en el ámbito de la digitalización, sumándose a construir un espacio común que de respuesta a los desafíos compartidos”. Sin embargo, en caso de no poder pasar del diálogo a la acción, la plataforma corre el riesgo de convertirse en otra buena iniciativa que sume reflexión —y probablemente algún que otro estudio sobre la región—, pero que no alcance para conseguir los resultados esperados. Atender estos riesgos desde su propia raíz será clave para que la iniciativa sea exitosa.

Leticia Pautasio
Leticia Pautasio es periodista y Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Quilmes (Buenos Aires, Argentina). Durante su carrera profesional se desempeñó en gráfica, radio y medios de comunicación en línea. Desde 2009 se especializa en tecnología, telecomunicaciones y negocios; cubriendo la realidad del sector en América latina. En 2013 obtuvo el diplomado "El Periodista Latinoamericano como agente y líder en el desarrollo social" del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (México). Contacto: [email protected]

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