Aduna ya es real: el experimento de monetización de las telcos toma forma

Con la formalización de Aduna como empresa conjunta entre Ericsson y doce grandes operadores globales, la industria de las telecomunicaciones sella un pacto inédito. En juego no hay solo una plataforma de APIs, sino la intención de redefinir su papel en la economía digital.

La noticia tiene más implicaciones de las que deja ver su tono corporativo, y es que Ericsson ha anunciado la finalización del proceso de inversión por parte de 12 operadores globales —incluidos AT&T, Deutsche Telekom (DT), Telefónica, Vodafone, Orange, Reliance Jio y KDDI— para constituir formalmente a Aduna como una empresa conjunta con el 50 por ciento para Ericsson y el restante en manos de los operadores.

Desde ahora, esta compañía no es un experimento, ni una prueba de concepto, ni una promesa de colaboración, es una entidad legal con estructura accionarial, misión global, CEO, capital comprometido y responsabilidades compartidas. Y lo que se ha formalizado no es menor. Aduna se plantea como la primera plataforma industrial para la exposición y comercialización agregada de capacidades de red —a través de APIs estandarizadas— en una escala nunca antes alcanzada.

La iniciativa lleva apenas 10 meses de vida operativa, pero el cierre de esta fase accionarial marca un punto de inflexión. Ya no es un proyecto liderado por Ericsson, sino una plataforma compartida por los actores que conforman buena parte del tráfico, la infraestructura y los usuarios móviles del planeta. Y lo que busca hacer es nada menos que lo que la industria telco no ha podido lograr en 20 años: coordinarse para ofrecer sus activos técnicos —latencia, ubicación, seguridad, calidad, identidad, control— como productos modulares, programables y consumibles por terceros.

Lo que se está intentando no es puramente técnico, sino político y comercial. La historia reciente del sector está plagada de esfuerzos fallidos por monetizar las redes más allá del transporte de datos. El ascenso de las plataformas OTT, la comoditización de la conectividad y la dependencia creciente de los grandes proveedores de nube han dejado a las telcos atrapadas en su propia infraestructura con mucho capex y poco margen.

En ese contexto, la idea de exponer funcionalidades de red a través de APIs parecía una salida lógica. Pero la ejecución —aislada, sin estándares comunes, con modelos comerciales opacos y sin escala— se convirtió en una barrera más que en una solución. Aduna intenta corregir ese rumbo.

La propuesta no es nueva, pero sí lo es su alcance. En lugar de múltiples iniciativas locales, esta empresa conjunta crea una ventanilla única para que desarrolladores, integradores, empresas digitales y plataformas cloud puedan acceder, con una sola integración, a capacidades de red desplegadas en múltiples países, en múltiples redes, con una lógica de estandarización y eficiencia contractual. Es una promesa de simplificación para quienes, hasta ahora, veían en las telcos una maraña de acuerdos bilaterales imposibles de escalar.

Que 12 operadores con intereses disímiles —y en algunos casos, históricamente enfrentados— hayan acordado una plataforma común es un dato estratégico en sí mismo. Supone un reconocimiento tácito de que competir en este terreno requiere una masa crítica que ningún operador puede alcanzar por sí solo.

Es, también, una forma de decir que la batalla ya no es entre operadores sino entre ecosistemas. En este nuevo tablero, las telcos no compiten entre sí, sino con los hyperscalers, las plataformas de identidad, las fintechs y las apps que capturan el valor en la capa superior. Si no ofrecen una interfaz común, los desarrolladores simplemente irán donde esté la fricción más baja.

La plataforma técnica de Aduna, construida sobre la base aportada por Ericsson –y nutrida por la experiencia de Vonage en el mundo CPaaS– es solo una parte de la ecuación. Lo decisivo es que sobre ella se ha montado un consenso operativo, un modelo compartido de exposición de capacidades de red bajo estándares abiertos (-como los de CAMARA y Open Gateway de la GSMA-, con acuerdos de compensación, métricas de uso, gobernanza neutral y una lógica de crecimiento progresivo. Los socios no accionistas, entre ellos SoftBank, NTT DOCOMO, Free, Bouygues Telecom y e&, también amplían el perímetro sin diluir el modelo.

Pero Aduna no es solo una infraestructura para las telcos. También es, y deberá ser cada vez más, una interfaz para el mundo desarrollador. Google Cloud, Microsoft, Vonage, Sinch, Infobip y otros actores del mundo CPaaS, ISV y cloud ya forman parte del ecosistema, lo que indica que la estrategia pasa por posicionarse no frente a los gigantes de la nube, sino junto a ellos.

Al integrarse en sus marketplaces, herramientas y flujos de trabajo, Aduna podría convertirse en un componente invisible pero ubicuo, una capa de red abierta al software global. Si eso ocurre, las telcos habrán logrado algo que parecía fuera de su alcance, que no es otra cosa que volverse relevantes sin necesidad de tener la atención del usuario final.

Los casos de uso empiezan a asomar. En Estados Unidos, por primera vez los tres grandes operadores —AT&T, Verizon y T-Mobile— acordaron lanzar conjuntamente APIs para verificación de número y detección de cambio de SIM. Estas funciones, relevantes para la autenticación segura y la prevención del fraude, están disponibles de forma estandarizada para cualquier aplicación que las consuma a través de Aduna. Lo que antes requería integrarse con cada operador, ahora se ofrece como una API única con cobertura nacional. Y aunque es apenas el principio, ilustra el potencial de una capa de inteligencia de red puesta al servicio de aplicaciones en sectores como banca, gaming, logística, salud o industria 4.0.

Nada de esto garantiza el éxito. La historia del sector muestra que la tecnología nunca ha sido el obstáculo. Las APIs pueden estar bien diseñadas, los acuerdos pueden estar firmados, la documentación puede ser impecable. Pero sin adopción por parte del mercado, sin una propuesta de valor clara para los desarrolladores, sin una capa comercial que acompañe a la técnica, cualquier plataforma puede convertirse en otra gran idea olvidada. El riesgo para Aduna no es técnico, es claramente estratégico. Depende de cuán rápido pueda demostrar utilidad, generar tracción, atraer socios que consuman y no solo aplaudan.

Tampoco es irrelevante el equilibrio interno. Que Ericsson posea el 50 por ciento de la empresa podría generar resistencias futuras si los operadores sienten que su capacidad de influencia es menor a la esperada. Que algunos grandes grupos —como América Móvil o los operadores chinos— no hayan entrado en esta fase inicial deja abierta la posibilidad de fragmentación regional o duplicación de esfuerzos. Que cada nuevo socio implique un proceso complejo de incorporación, con cuestiones regulatorias, comerciales o técnicas, también puede poner a prueba la agilidad del modelo.

Y sin embargo, Aduna es hoy la apuesta más concreta del sector para convertirse en algo más que infraestructura. Por primera vez en mucho tiempo, el discurso de colaboración se ha traducido en una estructura formal, con compromisos de inversión, reparto de beneficios y una agenda común. Si logra consolidar su base de operadores, expandir su catálogo de APIs, facilitar su consumo a través de alianzas tecnológicas y ofrecer casos de uso replicables, puede convertirse en la capa API que unifique —y potencie— a la industria.

En última instancia, lo que Aduna propone no es solo una forma de monetizar la red, sino una forma de reapropiarse de su lugar en la cadena de valor digital. No compitiendo por visibilidad, sino ofreciendo lo que nadie más puede como son capacidades de red con garantías de operador, expuestas a escala, integrables en cualquier flujo digital. Esa es su promesa. Y si se cumple, podría ser también su ventaja competitiva.

Tu opinión es importante ¿Qué te ha parecido este contenido?

4 1
Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.