SoftBank aplica computación cuántica al RAN

Mientras las telcos refuerzan su seguridad ante el “Q-Day”, algunas como SoftBank empiezan a usar la computación cuántica para mejorar el rendimiento de sus redes móviles.

Durante años, la computación cuántica fue el monstruo dentro del armario dormido de la industria tecnológica: imponente, potencialmente devastador, pero aún escondido en el armario de la física teórica. Sin embargo, el reciente anuncio de SoftBank —entre otros últimamente— sugiere que ese mosntruo ya no solo se mueve. Empieza a trabajar.

En una prueba de concepto realizada en una zona de Tokio densamente cubierta por 5G, el operador japonés utilizó una Ising machine —una forma de computación cuántica o cuántico-inspirada— para optimizar la configuración de enlaces de Carrier Aggregation (CA) entre estaciones base. El problema, de naturaleza combinatoria, no es menor ya que con apenas 10 estaciones ya existen más de 35 billones de posibles combinaciones. Resolver eso de forma eficiente no es solo una cuestión matemática, sino un desafío técnico y operativo para mejorar la cobertura y la eficiencia espectral sin recurrir a más espectro ni infraestructura física adicional.

La Ising machine permitió identificar una configuración óptima que, al ser aplicada, mejoró en un 10 por ciento la velocidad media de bajada y aumentó hasta un 50 por ciento el tráfico transmitido a través de celdas secundarias. Los resultados no son promesas ni simulaciones de laboratorio. Son cifras medidas en condiciones reales de red. El RAN —ese bastión costoso y sensible de las telecomunicaciones móviles— ha recibido su primera intervención cuántica. Y no para defenderse de ella, como hasta ahora, sino para aprovecharla.

Este movimiento representa un cambio de narrativa en el sector. Hasta hace poco, la computación cuántica era tratada casi exclusivamente como una amenaza inminente. El llamado Q-Day —ese momento hipotético en que un ordenador cuántico podría romper los algoritmos criptográficos actuales— ha sido el gran catalizador de los planes de seguridad poscuántica.

Informes recientes como el Q-Beat Tracker de STL Partners confirman que 29 operadores ya han puesto en marcha iniciativas para enfrentar ese riesgo, y que casi la mitad se centran exclusivamente en proteger sus redes frente a futuros ataques cuánticos. No es paranoia esto es precaución estratégica. Hoy, actores maliciosos también invierten en computación cuántica, con la esperanza de aplicar técnicas de “almacenar ahora, descifrar después” sobre datos cifrados que actualmente viajan protegidos por estándares que mañana podrían volverse inútiles.

Esa percepción de amenaza ha llevado a la industria a adoptar dos estrategias complementarias. Por un lado, la criptografía poscuántica (PQC), basada en algoritmos resistentes a ataques cuánticos y que puede desplegarse sobre redes existentes mediante software. Es escalable, más barata que otras opciones, y ya está siendo estandarizada por organismos como el NIST y el NCSC británico.

Por otro, la distribución cuántica de claves (QKD), que utiliza principios de la mecánica cuántica para detectar intentos de interceptación, y que ha comenzado a desplegarse en ciudades como París, Madrid o Estambul. En la práctica, los operadores están construyendo una defensa en capas con PQC para proteger la base de todo el tráfico y QKD para asegurar los eslabones más sensibles de la cadena.

Pero mientras se refuerzan los muros, algunos ya están explorando cómo usar esa misma tecnología para ampliar la capacidad y el rendimiento de sus redes. SoftBank es el último en sumarse, pero no el primero. Vodafone trabaja desde hace meses con ORCA Computing para aplicar ordenadores cuánticos fotónicos a la planificación de redes.

NTT Docomo, en Japón, logró mejorar en un 15 por ciento la eficiencia de su red de señalización aplicando algoritmos cuánticos de optimización. Y BT, en Reino Unido, ha desplegado una estrategia de anticipación sin grandilocuencias, combinando IA generativa, cifrado extremo y colaboración continua con las autoridades de ciberseguridad para preparar su red ante amenazas que todavía no se materializan, pero que ya condicionan decisiones de arquitectura y gobernanza.

El patrón es cada vez más claro. La computación cuántica está entrando a la red por dos puertas: la del escudo y la de la ventaja. Por un lado, los operadores se blindan; por otro, buscan diferenciarse comercialmente ofreciendo seguridad poscuántica como servicio, tal como hicieron en su momento con la nube o los centros de datos.

La anticipación se vuelve rentable. No se trata solo de resistir el futuro, sino de moldearlo. En un contexto donde el cliente corporativo exige garantías y los reguladores observan de cerca, ser percibido como proactivo puede marcar la diferencia entre retener una cuenta clave o perderla frente a un proveedor más ágil.

En este ecosistema emergente, donde ya se mueven gigantes como Orange, Telefónica, SK Telecom o Deutsche Telekom, la gran incógnita es América Latina. La región, como en otras ocasiones, avanza unos pasos por detrás. Pero eso, en sí mismo, no es una deficiencia. Las tecnologías de nueva generación siempre se despliegan más tarde en mercados emergentes, y no pocas veces ese rezago se convierte en ventaja porque se aprende de los errores de los early adopters y permite evitar soluciones prematuras, reducir costos y adoptar estándares ya consolidados.

El dilema, esta vez, es otro: ¿puede América Latina permitirse esperar cuando se trata de una disrupción estructural como la computación cuántica? ¿O debería, pese a las limitaciones económicas y regulatorias, buscar ir a la par con los mercados más avanzados, al menos en ciertos ámbitos estratégicos?

El riesgo no es menor. La infraestructura regional depende en gran parte de proveedores y estándares internacionales, lo que la expone a los mismos puntos de falla si no se toman precauciones equivalentes. Y si bien la adopción masiva de tecnologías como QKD puede parecer lejana, la integración de algoritmos poscuánticos no lo es. Requiere planificación, alianzas y voluntad política más que grandes inversiones iniciales. Lo que está en juego no es solo la integridad de las redes del futuro, sino la credibilidad de los operadores como garantes de ese futuro.

Mientras tanto, en Tokio, SoftBank ha dejado claro que la computación cuántica no es solo una amenaza que hay que contener. También puede ser una herramienta que, bien utilizada, mejora lo que ya funciona. En lugar de temer al monstruo del armario, ha decidido sentarse a jugar con él.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.