Gartner proyecta US$14.800 millones en servicios satelitales LEO para 2026

El aumento del gasto global refleja el avance de casos de uso empresariales, IoT, D2D y resiliencia de red, con integración creciente entre órbitas.

Durante años, los satélites de órbita baja (LEO, por sus siglas en inglés) fueron tratados como una solución puntual, útil para zonas sin cobertura terrestre, pero irrelevante frente al dominio estructural de la fibra y las redes móviles tradicionales. Esa percepción ya no resiste el análisis. Según un nuevo informe de Gartner, el gasto global en servicios de comunicaciones satelitales LEO alcanzará los14.800 millones de dólares en 2026, lo que representa un crecimiento del 24,5 por ciento en solo un año.

Más que una cifra llamativa, el dato confirma una tendencia que ya es evidente en el sector: los satélites han dejado de ser una infraestructura periférica y se están integrando, de forma creciente, en el corazón funcional de las telecomunicaciones globales.

Lo relevante no es solo la escala del crecimiento, sino su dirección estratégica. Las constelaciones LEO orbitan más cerca de la Tierra que los sistemas tradicionales en MEO (órbita media) y GEO (geoestacionaria), lo que se traduce en menor latencia y mayor potencial para casos de uso interactivos. Pero el avance del sector satelital no implica una sustitución de órbitas, sino todo lo contrario: una convergencia operativa.

Las nuevas arquitecturas no-terrestres no dependen de una sola capa orbital, sino de constelaciones inteligentes capaces de combinar LEO, MEO y GEO según los requerimientos de cada aplicación. No se trata de reemplazar el satélite geoestacionario, cuya estabilidad sigue siendo indispensable para servicios de broadcasting, backhaul o cobertura sobre océanos. Se trata de complementarlo con la baja latencia de LEO y la cobertura intermedia de MEO para ofrecer una red más versátil, resiliente y global.

Esta evolución técnica está alineada con un cambio de fondo en las prioridades del sector. Lo que hasta hace poco era una tecnología de contingencia, hoy se percibe como herramienta crítica para ampliar cobertura, mejorar resiliencia e impulsar nuevos modelos de negocio.

Gartner identifica que los mayores incrementos de gasto provendrán de empresas y consumidores ubicados en zonas sin alternativas de conectividad. Pero el crecimiento no se limita a los vacíos geográficos y también se acelera en segmentos como IoT global, transporte marítimo y aéreo, enlaces de respaldo para redes críticas, e incluso integración directa al dispositivo. En este último caso, algunos operadores ya permiten enviar mensajes desde teléfonos estándar vía satélite, mientras que otros proyectan habilitar llamadas y datos sin depender de torres.

El atractivo del modelo satelital no se agota en la cobertura. Su utilidad también está en la redundancia a través de redes híbridas que combinan terrestre y orbital para ofrecer una mejor respuesta ante desastres, interrupciones o demandas imprevisibles. En entornos donde la continuidad operativa es prioritaria —logística, defensa, energía, administración pública—, la posibilidad de contar con un canal alternativo de conectividad se está convirtiendo en criterio de diseño. Al mismo tiempo, el despliegue de sensores y nodos IoT en tierra, mar y aire está empujando una demanda estructural de conectividad ubicua, donde los satélites, por definición, tienen ventajas topológicas difíciles de igualar.

Sin embargo, el entusiasmo debe equilibrarse con una lectura realista de los desafíos. El ecosistema satelital enfrenta barreras regulatorias significativas en muchos mercados, limitaciones de capacidad espectral, falta de interoperabilidad entre constelaciones y dificultades para escalar modelos de negocio sin depender de contratos públicos o subsidios cruzados.

Aunque la integración entre órbitas se perfila como el camino más robusto, su implementación técnica y operativa está aún lejos de la madurez. La movilidad entre zonas geográficas, la asignación de responsabilidades en entornos de servicio mixto y la certificación de aplicaciones críticas —por ejemplo, en aviación o navegación marítima— son frentes abiertos que requieren resolución.

A esto se suma un escenario competitivo en rápida evolución. Más de veinte operadores están desplegando o ampliando sus constelaciones, desde gigantes como Starlink, OneWeb y Amazon Kuiper hasta jugadores especializados como SES, Inmarsat o Intelsat, que operan capas MEO y GEO con décadas de experiencia. La expectativa no es que todos sobrevivan, sino que emerja un ecosistema funcional donde cada órbita cumpla su rol, y los operadores móviles integren capacidades satelitales sin fricciones ni dependencia tecnológica.

La proyección de Gartner es, en última instancia, un reflejo de esta transformación. LEO aporta visibilidad porque su narrativa es nueva y su crecimiento es acelerado. Pero lo fundamental es que el satélite en su conjunto —en todas sus formas— está dejando de ser una red paralela para convertirse en una capa operativa más dentro del tejido de conectividad global.

En este nuevo escenario, la inteligencia ya no estará solo en el borde de la red, ni en el core. Estará también en la órbita. Y saber navegar esa arquitectura tridimensional será tan importante como desplegar antenas o licitar espectro.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.