El crecimiento y la innovación de la industria satelital son tan ciertos, como su capacidad para achicar la brecha digital y garantizar la conectividad total. Sin embargo, los desafíos de sostenibilidad y sustentabilidad persisten, tal como lo refleja el informe titulado “El estado de la banda ancha por satélite 2025”, publicado por la Broadband Commission, de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).
El informe comienza por los logros, plantea que 2025 es un año “fundamental” en el desarrollo de la industria espacial global, tanto por las apuestas que hay en curso como por la innovación, y cita un informe de la economía espacial en 2024, realizado por el Foro Económico Mundial, en el que se advirtió que el crecimiento de esta industria crece al nueve por ciento anual, hasta totalizar los 1,8 billones de dólares en una década.
También sincera que, aunque el espacio es un bien público humano, son pocos los países que cuentan con la capacidad técnica para participar de esta carrera. Y, a la vez, plantea que esta nueva economía de escala introdujo nuevos actores.
Los logros
Se trata de una industria que tiene un ritmo de crecimiento exponencial: mientras que entre 1957 y 2012 se lanzaron unos 150 satélites por año, desde hace una década, ese indicador se disparó: de 210 en 2013 a 600 en 2019; a la vez que pasó a 1.200 en 2020, a 2.588 en 2023, y cuya perspectiva se multiplica en varias veces hacia el futuro; entre otras razones, por la tracción de los de órbita baja (LEO, por sus siglas en inglés).
En lo que a las comunicaciones refiere, plantea el logrado avance dado en comunicaciones originadas en el espacio, como las Redes No Terrestres (NTN), los servicios de banda ancha directa al dispositivo (D2D), que involucran las soluciones de llamadas (D2C) pero también de Internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés), y la detección cuántica. Y a esta evolución le atribuye la capacidad para achicar la brecha digital, sobre todo, de las poblaciones más desatendidas.
La innovación también involucra el uso de inteligencia artificial (IA) para procesar y gestionar el gran volumen de datos que se recopilan, aunque cada vez más se la usa para automatizar operaciones, como en aplicaciones de computación en el borde y, con ello, poder computar en el espacio y enviar a Tierra sólo aquello más relevante. En este sentido, los desarrollos futuros pueden incluir la detección cuántica y el surgimiento de la Estación Terrestre como Servicio (GSaaS)¹.
Esta evolución también se traduce en la omnipresencia de la conectividad y, con ello, en una economía de escala que lleve el precio de los servicios a la baja, con la previsión de que el valor del dato caiga un 10 por ciento hacia 2035, y que la demanda crezca un 60 por ciento.

Imagen creada con Gemini
“Las tecnologías espaciales ofrecen perspectivas prometedoras para un sólido crecimiento continuo, así como oportunidades de innovación en el futuro. Las comunicaciones espaciales ya no actúan simplemente como backhaul ni como competidoras de las tecnologías terrestres de banda ancha, sino que funcionarán cada vez más en combinación con las tecnologías móviles para garantizar una conectividad más amplia, incluyendo teléfonos celulares y otros dispositivos personales”, asegura el reporte en su introducción.
Y plantea que “esta rápida evolución tecnológica está poniendo a prueba los marcos existentes de cooperación y coexistencia. Los marcos regulatorios deberán evolucionar para adaptarse al sólido crecimiento y evolución de las tecnologías espaciales. En definitiva, la industria espacial, las agencias gubernamentales y los mecanismos regulatorios deben seguir colaborando, adaptándose y evolucionando para garantizar que el acceso al espacio siga siendo equitativo para todos”.
¿Y las preocupaciones ambientales?
La órbita baja, que opera entre los 250 y 350 kilómetros de la tierra, es considerada una “órbita de autolimpieza” porque los dispositivos que salen de órbita se queman en la atmósfera terrestre, aunque se advierte que ésta podría verse afectada por las partículas de aleación metálica y otros productos químicos. Además, de los riesgos de colisión y de sobresaturación de esas órbitas.
“La expansión sin precedentes en el número de objetos espaciales también ha planteado preocupaciones más amplias sobre la sostenibilidad espacial y destacado la necesidad de evolucionar y fortalecer los mecanismos de política y regulatorios a nivel nacional e internacional para acomodar el crecimiento en las actividades espaciales y la posible congestión y para mitigar los riesgos resultantes, incluidas las colisiones. Estos mecanismos son objeto de intensas discusiones en varios foros nacionales e internacionales” dice el reporte y plantea que es necesario mejorar la coordinación y la armonización entre y a través de múltiples agencias, además de simplificar y alienar las políticas y los mecanismos regulatorios globales.
El documento -disponible aquí- recuerda algunos de los planteos realizados por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos hace tres años, en el marco de la Cumbre Aeroespacial Global 2022.

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