El impacto de la escalada bélica en el Golfo Pérsico en clave telco podría resumirse asi: que paralizó el despliegue de infraestructuras críticas de cableado submarino, retrasando la conectividad global y la expansión de la inteligencia artificial (IA); que los ataques a centros de datos y las interferencias satelitales evidencian el desarrollo de una “guerra híbrida” que vulnera la seguridad digital y financiera; y que eleva los costos logísticos para fabricantes de tecnología además de afectar el precio de los dispositivos en todo el mundo. Se trata de una crisis que demuestra la fragilidad de la red digital mundial ante la inestabilidad geopolítica en rutas comerciales estratégicas. Antes que todo, cualquier conflicto bélico exhibe el gran fracaso de la condición humana.
Aunque un conflicto de envergadura militar no surge de un día para el otro, hace tres semanas una escalada militar directa comenzó en la región del Golfo Pérsico: fue cuando fuerzas de Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra objetivos en Irán. Los días continuaron con bombardeos contra instalaciones militares y no militares (como una escuela de niñas), ataques con drones y con misiles auto comandados. También supuso la casi inmediata escalada del conflicto a otros países del Golfo, como Bahréin, Kuwait y Emiratos.
El eco global fue inmediato, por aspectos materiales vinculados al valor del petróleo y del libre flujo del tráfico en el estrecho de Ormuz, una ruta clave de la energía mundial; pero también por temas con valor simbólico como es la falta de consenso y aval internacional o de organizaciones intergubernamentales, como la OTAN (aquí).
Y aunque la industria de las telecomunicaciones tenga al sector de Defensa entre sus líneas de implementación como negocio vertical, desde aquel 28 de febrero de 2026 a hoy, las implicancias del conflicto también se tradujeron en pérdidas directas para las comunicaciones. Por ejemplo, en materia de tendidos de infraestructura global resiliente por el retraso en las obras de tendidos de cableados submarinos, en la afectación de las infraestructuras disponibles por ataques físicos y virtuales a centros de datos, nubes y redes; a la vez que los mercados financieros retrajeron sus apuestas de inversión.
Infraestructura digital y vulnerable
Una guerra que alcanza niveles de impacto global, también afecta a los proyectos de conectividad más grandes del mundo. El ejemplo más elocuente es 2Africa Pearls, un tendido de cableado submarino de 45.000 kilómetros impulsado por Meta y un conglomerado de empresas y operadores de todo el mundo para conectar África, Europa y Asia, que acaba de suspender las obras por razones “de fuerza mayor” como consecuencia de que no es seguro operar en la zona de conflicto.
Dicen que para muestra alcanza un botón y el caso de 2África evidencia cómo la guerra también supone un retraso en la generación de nuevas rutas internacionales de Internet, la pérdida de capacidad futura de banda ancha y el incremento de los costos de infraestructura y de mantenimiento.
Sucede que en el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el estrecho de Ormuz surcan unos 17 tendidos de cableados submarinos para conectar a Europa, Asia y África y que, por eso mismo, hoy se convierten en posibles objetivos militares, cuya reparación es imposible en días de guerra dado que los buques cableros no se expondrán a tal peligro. Para quienes requieren de esta infraestructura, su posible afectación se traduce en el incremento de la latencia, la congestión de tráfico y el incremento de posibles vulnerabilidades físicas y virtuales, hasta la desconectividad total.
Ese estrecho es, a su vez, el epicentro de la batalla por tratarse de punto de estrangulamiento marítimo vital y estratégico del comercio global: es la única salida del Golfo Pérsico al océano Índico y por el que transita alrededor del 30 por ciento del petróleo que consume el mundo. Esta situación, sumada al ataque impartido a buques petroleros o la amenaza de minas sembradas en el lugar, se tradujo en un incremento de los precios mundiales del barril ( cuyo primer salto osciló el seis por ciento).
Allí es donde Meta y un conglomerado de empresas que incluyen a Bayobab (Grupo MTN), center3 (stc), CMI, Orange, Telecom Egypt, Vodafone Group y WIOCC, entre otras, se habían asociado para diseñar e invertir en lo que se convertiría en el sistema de cable submarino de acceso abierto más largo del mundo, el sistema 2Africa Pearl con 45.000 kilómetros de tendido. La promesa era superar en kilómetros de cableado a la mismísima circunferencia del planeta Tierra y admitir 21 terabits por segundo (Tbps) por par de fibra, con ocho pares de fibra en el troncal.
Esta apuesta abierta “garantiza que múltiples proveedores de servicios puedan aprovechar la infraestructura, acelerando la transformación digital y la adopción de la IA en toda la región. Nuevos socios, como Bharti Airtel y MainOne (una empresa de Equinix), colaboraron en segmentos específicos y en la integración de centros de datos, ampliando aún más el impacto y el alcance del cable”, decía el anuncio de noviembre, y en el que se recordaba que la apuesta de hace tres años de llegar a India resultaba central para un desarrollo de largo plazo que ya tiene un correlato con la realidad.
Fue diseñado para dar cobertura a 33 países y conectar al 33 por ciento de la población global al enlazar África Oriental y Occidental en un sistema continuo que unía a África con Oriente Medio, el sur de Asia y Europa; y cuyo despliegue en el lecho había finalizado en noviembre –aquí– aunque ahora tocaba formalizar los amarres.
Sin embargo, la empresa responsable del despliegue, Alcatel Submarine Networks, acaba de confiar a la agencia Bloomberg –aquí– que suspenderá la misión por razones de fuerza mayor, al no contar con la seguridad necesaria para tal fin; y que su buque de instalación quedó varado en el puerto de Dammam, en Arabia Saudita.
Pero no es la única obra monumental de la región. A la par que el 2África Pearl, Meta trabaja en otro tendido, aún más extenso para conectar a Estados Unidos, India, Brasil, Sudáfrica y otras regiones que valora “clave”, aunque sin pasar por Medio Oriente. Se trata del Proyecto Waterworth, –aquí– que se extenderá en más de 50.000 kilómetros con 24 pares de fibra, y que tendrá por objetivo “fortalecer la escala y la fiabilidad de las autopistas digitales mundiales mediante la apertura de tres nuevos corredores oceánicos con la conectividad abundante y de alta velocidad necesaria para impulsar la innovación en IA en todo el mundo”.
“Estamos implementando un trazado pionero, maximizando la longitud del cable tendido en aguas profundas (hasta 7000 metros) y utilizando técnicas de enterramiento mejoradas en zonas de alto riesgo de fallas, como aguas poco profundas cerca de la costa, para evitar daños por anclas de barcos y otros peligros”, dijo la empresa en el anuncio que, en este caso, no involucró advertir sobre su posible sese de actividades.
Fue Bloomberg quien también destacó la paralización por estado de guerra de otros proyectos de submarinos, como es el caso del SEA-ME-WE 6 y el cable submarino Fibre in Gulf (FIG) de Oredoo, el consagrado como primer socio de NVIDIA Cloud en la región en 2024.
En el caso de la apuesta de Oredoo, la empresa encargada del despliegue también es Alcatel Submarine Networks y el tendido que estaba en proceso de desarrollo, también fue suspendido por la coyuntura bélica. En este caso, se aspiraba a conectar a siete países de la región (Qatar, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudí, Kuwait e Irak) con Europa, mediante 24 pares de fibra y una capacidad de hasta 720 Tbps. El anuncio, de enero de 2025 –aquí-, aclaraba que el objetivo apuntaba a ofrecer capacidades de nube, servicios empresariales y para gobiernos, pero también para actuar commo proveedores de IA, centros de datos y operadores de telecomunicaciones.
Más detalles de una “guerra híbrida”
La situación de los centros de datos no es más sencilla. De un tiempo a esta parte, el Golfo Pérsico se convirtió en un hub digital global con centros de datos y redes de nube, donde proveedores como Amazon Web Services (AWS), Microsoft y Google, formalizaron inversiones que también se tranformaron en blancos de ataque.
AWS reportó ataques con drones iraníes en sus centros de datos ubicados en Emiratos Árabes Unidos y Barhréin, que causaron daños físicos concretos, que fueron desde afectaciones estructurales, interrupción del suministro eléctrico hasta “extinción de incendios que provocaron daños adicionales por agua”, dijo AWS, situación que también fue dada a conocer por la prensa internacional como El País –aquí– . Inclusive, la recomendación del hiperescalador a sus clientes fue que migren sus datos a otras regiones y mantenerse por fuera de estas dos ubicaciones.
La coyuntura es de menor previsibilidad y menor seguridad, tal como lo refleja un reciente reporte de S&P Global Ratings, al analizar la duración y la magnitud de esta guerra, así como su posible impacto en los precios de las materias primas, las cadenas de suministro, las economías y las condiciones crediticias. En ese escenario, –aquí– también identificó que se incrementaron los ciberataques dirigidos contra infraestructuras críticas.
“Estos ataques suelen buscar la interrupción de servicios esenciales como las comunicaciones, las infraestructuras y el comercio, con el objetivo de desestabilizar las sociedades y los gobiernos. Un incidente cibernético grave o el aumento de la frecuencia de los ciberataques a causa del conflicto podrían afectar las cadenas de suministro, los precios de las materias primas, las economías y las condiciones crediticias mundiales”, destacó y advirtió que se “podría desencadenar un período significativo y prolongado de ciberguerra”.
Y continuó: “Estados Unidos e Israel han utilizado ciberataques junto con ataques convencionales contra el ejército y la infraestructura de Irán. Los informes indican que el cuartel general de guerra cibernética de Irán fue desactivado al comienzo del conflicto, pero expertos en ciberseguridad y asuntos militares advierten que Irán y sus aliados conservan la capacidad de realizar ciberataques. Esta capacidad quedó demostrada a los pocos días del primer ataque, cuando actores afines reivindicaron la autoría de ciberataques que interrumpieron la distribución de combustible en Jordania, lo que presagiaba que entidades no directamente involucradas en el conflicto serían blanco de ataques, incluidos los sectores financieros y los proveedores de logística militar estadounidenses e israelíes”.
Entre las afectaciones, el reporte destaca que las interferencias y la suplantación de identidad de los sistemas globales de navegación por satélite interrumpieron la navegación de más de 1.100 buques mercantes en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán e Irán; y califica al conflicto como una “guerra híbrida, que combina la fuerza militar convencional con los ciberataques, es la nueva normalidad”.
Nuevas rutas y mayores costos para la cadena de suministro de dispositivos
La consultora Counterpoint Research identificó que el incremento en los costos logísticos, producto de la necesidad de generar rutas alternativas de transporte aéreo y marítimo, se tradujo en la afectación de la ecuación de los fabricantes de equipos originales (OEM) -como Samsung o Apple.

Foto cortesía de Maersk
En el reporte –aquí– destaca que gracias al incremento de los precios del petróleo y a que la zona de guerra está establecida en el Golfo, la presión sobre el transporte llegó a su pico máximo, tras haber experimentado tensiones desde mediados de 2025. Y como es de esperarse, eso se traducirá en un impacto de precios sobre los dispositivos que se comercializan en otras latitudes, como América Latina y Europa.
“Para la industria de los smartphones, la logística sigue siendo un factor de riesgo clave. La mayoría de los envíos globales de smartphones se transportan por vía aérea. A pesar de los mayores costos en comparación con el transporte marítimo, el transporte aéreo es la opción preferida debido al alto valor y la corta vida útil de los smartphones”, dice el reporte y advierte que “una crisis prolongada en Oriente Medio podría afectar las rutas de transporte, los costos operativos y la planificación de inventario en los mercados globales de smartphones”.
Al momento de identificar el rol de Oriente Medio en la red de distribución de dispositivos, la consultora advirtió que ocupa un lugar fundamental, por ser escalas ténicas y de trasbordo de carga en la apuesta por abastecer los mercados globales; y que las alternativas de redireccionamiento, hacia Egipto y Asia Oriental, por ejemplo, supondrían una apuesta resiliente pero no eficiente en escala de costos.
“Todos estos acontecimientos agravan la situación de una cadena de suministro de smartphones ya de por sí tensa, donde el elevado coste de la memoria supone una gran carga para los fabricantes y limita la flexibilidad de sus márgenes” dijo y auguró que, en caso de persistir esa coyuntura, “incluso pequeños aumentos absolutos pueden traducirse en incrementos porcentuales significativos por dispositivo, lo que ejerce una presión gradual sobre los márgenes de los smartphones, las estrategias de precios y la planificación de inventarios en los mercados globales”.
Por lo demás, y más allá de las telecomunicaciones, todo escenario bélico involucra incertidumbre, dolor y retroceso; una tragedia y un insulto a la humanidad misma.



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