Redes móviles bajo presión: terremotos, cambio climático y una autonomía que ya no alcanza

Los terremotos y eventos vinculados con el fenómeno de El Niño, vuelven a poner en agenda la resiliencia de las redes, cada vez más atadas a un buen soporte energético. Recomendaciones de la OCDE y la UIT

Las emergencias climáticas y las propias de la naturaleza, como temblores y terremotos, se están convirtiendo en una constante de la región. Cualquiera sea la contingencia, la infraestructura de telecomunicaciones es, junto con la energética, la primera impactada: es la que permite saber cómo se cncuentran los familialres y amigos, desde el punto de vista social, y la que habilita la coordinación de los equipos de socorro, desde las fuerzas de seguridad. Desde 2025, la OCDE viene señalando la necesidad de fortalecer la infraestructura energética para que las redes de telecomunicaciones continúen funcionando en este tipo de escenarios.

Los terremotos de Venezuela y de Colombia, sucedidos por temblores de intensidad importante en Costa Rica y Perú, a lo que se suman contingencias climáticas como las ocurridas en julio en Chile, están provocando que en otras latitudes, también atravesadas por la falla de San Andrés, o que se verán impactadas por el fenómeno de El Niño, se estén tomando medidas para prevenir daños mayores a los que podrían ocurrir. Las redes de telecomunicaciones y de energía, sin dudas, deben formar parte de esas decisiones.

Terremoto en Colombia 2026 – Fuente: Ookla

Y vale tomar el caso de Colombia para observar cómo diseñar estas infraestructuras de cara a lo que pueda ocurrir hacia adelante. El 10 de agosto pasado, Colombia sufrió un terremoto de 7,4 grados, con epicentro en San José del Palmar, en el departamento de Chocó. Provocó daños estructurales importantes. Las redes de telecomunicaciones y de energía también fueron afectadas, pero las primeras dejaron de funcionar pasadas unas horas después del movimiento telúrico. Y parte de esa explicación se debe a la cuestión energética.

“Los daños más graves se produjeron horas después de que cesara el temblor. El porcentaje de dispositivos sin servicio en la zona más afectada alcanzó el 27 por ciento cuatro horas y media después del sismo principal, debido al agotamiento de las baterías. Los dispositivos ubicados en Chocó continuaron deteriorándose durante otro día completo, llegando a un máximo del 42 por ciento, mientras que el resto del país se recuperaba”, subrayó un reporte de Ookla sobre lo sucedido en este país.

A medida que se consumían las baterías de los sitios móviles afectados por los cortes de luz que provocó el terremoto, los usuarios fueron quedándose sin servicio. De ahí que el impacto más fuerte en términos de comunicación comenzó a advertirse cuatro horas después de la catástrofe, en momentos en que los servicios de emergencia estaban trabajando a tope.

Las redes móviles de los tres operadores que actúan en Colombia fueron afectados, aunque Claro soportó mayores niveles de incidencia. De ahí que el reporte de Ookla señalara que “la redundancia determinó los resultados de los operadores más que la supervivencia de los sitios individuales”.

Mapeo de los cortes de servicio

Según el reporte, Claro registró la mayor proporción de sitios que quedaron inactivos en las áreas de mayor temblor, aproximadamente uno de cada cinco, agregó la empresa. No obstante, mantuvo la falta de disponibilidad máxima de los usuarios en un 10 por ciento, en comparación con el 16 por ciento de Movistar y el 13 por ciento de Tigo. A esto se sumó que la proporción de conexiones de WOM en redes anfitrionas aumentó del 8 por ciento al 13 por ciento, y los dispositivos de Movistar en la red de Tigo se cuadruplicaron.

Las cifras muestran cómo el servicio móvil fue mermando a medida que aumentaba la demanda y no se reponían ciertos insumos, como el combustible para las baterías de los sitios. En Colombia, este tema no está regulado, tal como sí ocurre en Chile donde, entre otras cosas, se dispuso que las baterías pasaran de cuatro a seis horas de autonomía para la infraestructura crítica de nivel 2. Ese ampliación de la autonomía se fijó porque en las zonas pobladas son seis horas las que tiene una empresa de energía para restablecer el servicio ante una contingencia. Los detalles de esa nueva normativa pueden leerse desde aquí.

Otro impacto sufrido por las redes de Colombia fue que las velocidades medias de descarga se mantuvieron en unos dos tercios por debajo de la línea base, agregó el reporte de Ookla. Además, la latencia de la carga empeoró en un 43 por ciento. Si bien la disponibilidad de Starlink contribuyó para paliar los cortes de las redes tradicionales, la propuesta gratuita se limitó a los departamentos afectados durante 30 horas.

“La vía más rápida para la recuperación es abordar la conectividad como un problema de resiliencia por capas, y no simplemente esperar a que se reparen todos los sitios dañados”, dijo a TeleSemana.com, Luke Kehoe, analista principal de la Industria, de Ookla. Para el experto, como el deterioro de las redes se produjo varias horas después del terremoto, es necesario priorizar “el restablecimiento del suministro eléctrico, reabastecer de combustible a los generadores y extender la autonomía de las baterías en los sitios prioritarios”.

Activar el roaming de emergencia, desplegar conectividad móvil y satelital temporal donde la infraestructura terrestre está caída y utilizar datos de servicio casi en tiempo real para dirigir los recursos a las comunidades que experimentan las interrupciones más graves fueron propuestas como otras medidas a tomar. Pero, en el largo plazo, se impone otorgar a estas infraestructuras de “una mayor redundancia en el suministro eléctrico” ya que “la red troncal y la cobertura móvil superpuesta puede reducir significativamente la cantidad de usuarios que pierden el servicio cuando fallan sitios individuales”, agregó el especialista consultado.

Las operadoras también dijeron lo suyo en este contexto. Desde Claro, señalaron a TeleSemana.com que “cuando ocurre un terremoto u otra emergencia mayor, activamos el plan de continuidad operativa para garantizar el funcionamiento de las estaciones base, nodos y centros de datos. El abastecimiento de combustible es una de las actividades más críticas. Nuestros aliados especializados en abastecimiento de combustible despachan carrotanques o unidades móviles para reabastecer generadores en terreno, incluso en condiciones de desastre, y si las carreteras están bloqueadas, se emplean vehículos 4×4, tanques móviles o incluso apoyo de organismos de emergencia”. En las redes de Claro Colombia, la autonomía de las baterías se mueve entre las 2 a las 4 horas.

La red de Tigo, en tanto, ha sido desplegada con criterios de disponibilidad y continuidad operacional, tal como apuntaron desde la empresa a TeleSemana.com. Además de redundancia en distintos segmentos de la infraestructura para minimizar interrupciones, también tienen contemplada la normativa sismo resistente. A esto se suma respaldo energético, “entre ellos bancos de baterías diseñados para soportar interrupciones eléctricas dentro de los tiempos previstos de operación, así como sistemas de generación eléctrica de emergencia en aquellos sitios donde su implementación resulta técnicamente requerida. Estos recursos contribuyen a mantener la operación de la red ante eventos asociados a la pérdida de suministro comercial de energía”, agregaron.

De la energía a las comunicaciones

Como se observa, la cuestión energética forma parte del diseño de las redes. No obstante, en 2025 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), publicó un informe específico sobre la cuestión energética como factor clave de la resiliencia de las telecomunicaciones. En él enumeró una serie de medidas a incorporar para robustecer la infraestructura, especialmente para contingencias.

Bajo el título “Mejorar la resiliencia de las redes de comunicación”, el organismo consideró que en los despliegues se deben incorporar UPS y sistemas de alimentación ininterrumpida, generadores de emergencia o standby (especialmente en las radiobases), diversificación de las líneas de suministro eléctrico -como nodos de conmutación y centros de datos-, mayor resiliencia de la propia red eléctrica -que incluya rutas alternativas-, y asegurar el suministro de combustible durante emergencias en los casos de aquellas estaciones de estas características. Consideró necesario, además, complementar la energía convencional con abastecimiento fotovoltaico más baterías u otras fuentes, dadas las limitaciones a las que a veces suele estar sometida. El informe puede leerse desde aquí.

Este reporte se complementa con otro del mismo organismo, llamado “Cerrar las brechas de conectividad de banda ancha para todos” -disponible aquí– en el que plantea que electricidad y resiliencia representan un problema intersectorial. Allí se expresa la falta de disponibilidad de energía confiable, especialmente en las zonas rurales y menos pobladas, además de apuntar que esto afecta de manera directa en la resiliencia de las redes de telecomunicaciones.

Imagen creada con IA

Como ejemplo de esto puede recordarse el caso de Ecuador cuando, en el verano de 2024/2025, las operadoras de telecomunicaciones fueron sancionadas por no proveer servicios de telecomunicaciones ante los apagones generalizados sufridos durante más de tres meses por la fuerte sequía. Un ejemplo de que hay normativas que exigen actualizarse, como también comenzar a abordar el tema de manera conjunta.

Las recomendaciones de la OCDE vienen a sumarse a las que desde 2020 viene emitiendo la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT) que también propone la redundancia de la red eléctrica y de respaldo frente a contingencias. Y que va en profundidad al efectuar recomendaciones de tipo técnico, como puede verse desde aquí.

Los terremotos y temblores de magnitud que se dieron en los últimos dos meses en América Latina vuelven a poner el tema en agenda. El Niño, que viene desarrollándose en nivel “fuerte” durante este 2026 en la región, también está generando sus impactos a nivel de las redes de telecomunicaciones. La confiabilidad de la red eléctrica es un componente crítico de la resiliencia de las comunicaciones. Diversificar las fuentes de energía y de respaldo se erigen como aspectos clave para enfrentar la profundización del cambio climático y de otras catástrofes naturales.

¿Cómo lograr que esto se concrete en la realidad? Pareciera que, además de nuevos acuerdos entre telcos y energéticas para garantizar la continuidad del servicio en situaciones de este tipo, se requiere algún tipo de acción de parte de la política pública para acelerar las decisiones.

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Andrea Catalano es la Editora en Jefe de TeleSemana.com. Andrea es periodista y licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Cuyo. Desde hace más de 20 años sigue al sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones y su impacto en la economía y la sociedad. A lo largo de su carrera se ha desempeñado en prensa escrita, on line, radio y televisión.

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