Si esto lo hubiera anunciado Elon Musk, ya estaríamos enterrando las torres móviles

SoftBank ha probado en Japón una estación base estratosférica capaz de conectar smartphones, controlar drones y ejecutar computación en el aire. No va a sustituir las redes móviles ni a Starlink, pero podría abrir un espacio bastante interesante entre ambas.

Hay anuncios tecnológicos que parecen destinados a cambiar el mundo y otros que, aparentemente, solo merecen un comunicado de prensa. La diferencia no siempre está en la tecnología. A veces está simplemente en quién hace el anuncio.

Si Elon Musk hubiera anunciado que una plataforma había despegado desde Estados Unidos, recorrido más de 15.000 kilómetros hasta Japón, permanecido en la estratosfera sobre una zona determinada y desde allí había permitido realizar llamadas con smartphones convencionales, transmitir vídeo, controlar drones y ejecutar aplicaciones directamente desde un servidor instalado en el cielo, probablemente ya tendríamos a media industria discutiendo si las torres móviles tienen los días contados.

Lo han anunciado SoftBank y Sceye, así que podemos analizarlo con algo más de calma. Y conviene hacerlo porque, detrás de un comunicado bastante poco espectacular, hay una prueba tecnológica interesante. El High Altitude Platform Station (HAPS) de Sceye salió de Nuevo México el 9 de agosto, cruzó el Pacífico durante aproximadamente 13 días y llegó al espacio aéreo japonés el 23 de agosto. Una vez allí consiguió mantenerse sobre el área elegida para las pruebas, cerca de Muroto, dentro de un radio de apenas cinco kilómetros durante un periodo prolongado. Después emprendió nuevamente el viaje a través del Pacífico.

La idea de HAPS, simplificando bastante, consiste en colocar infraestructura de telecomunicaciones en plataformas que operan en la estratosfera, normalmente alrededor de los 20 kilómetros de altura. No son torres y tampoco son satélites. Y precisamente esa posición intermedia es lo que hace interesante la tecnología. ¿Para qué? Pues ya veremos.

SoftBank instaló en la plataforma de Sceye una estación base equivalente a 4G LTE que se conectó con su core mediante un gateway terrestre. Desde tierra utilizaron smartphones para realizar llamadas, enviar mensajes, utilizar aplicaciones, hacer videollamadas y consumir vídeo. También probaron llamadas de emergencia y sistemas de alerta ante terremotos y tsunamis. Según la compañía, el rendimiento obtenido fue equivalente al de redes terrestres en las condiciones del ensayo y pudieron hacerlo reduciendo las interferencias con las estaciones base convencionales.

Es decir, SoftBank acaba de hacer volar algo que funcionalmente se parece bastante a una estación base. Pero aquí es donde conviene evitar el titular que probablemente tendríamos si Musk estuviera involucrado. Esto no significa que las torres móviles vayan a desaparecer. Ya sé que es obvio este comentario, pero prefiero dejarlo por escrito.

Una estación base terrestre tiene una característica económica extraordinariamente difícil de superar ya que una vez construida, puede permanecer durante décadas atendiendo aproximadamente el mismo territorio. Un HAPS tiene que mantenerse en el aire, combatir los movimientos de la atmósfera, recibir energía, ser operado y eventualmente regresar para mantenimiento. Para ofrecer cobertura permanente habría que resolver además la continuidad del servicio mediante plataformas de sustitución. Detalles.

La cuestión no es en ningún caso cuánto cuesta sustituir una torre con un HAPS. Porque nunca tendrá sentido hacer algo semejante. La pregunta más interesante es cuánto vale una estación base que, en lugar de estar atornillada al suelo, puede desplazarse miles de kilómetros hasta donde aparece la demanda.

Un terremoto destruye parte de una red móvil y durante las siguientes semanas existe una necesidad extraordinaria de comunicaciones —sí, ahora Starlink, ténnicamente, ya puede cubrir ese vacío. Una explotación minera comienza a construirse en una región remota donde todavía no existe infraestructura suficiente. Una gran obra concentra durante meses miles de trabajadores, máquinas y sensores en un lugar que posteriormente dejará de necesitarlos. Una operación offshore requiere capacidad adicional sobre una zona marítima concreta. Un incendio, una inundación o un huracán deja aislado un territorio.

En todos esos escenarios, el competidor económico del HAPS no es necesariamente una torre móvil funcionando durante veinte años. Puede ser construir infraestructura que solo necesitas temporalmente o, en el caso de una catástrofe, asumir el coste de quedarte sin comunicaciones.

No es casualidad que SoftBank realizara las pruebas precisamente frente a la costa de Kochi. La compañía eligió el área pensando en un posible gran terremoto en la fosa de Nankai y verificó sistemas de alerta temprana de terremotos y tsunamis y comunicaciones de emergencia.

Pero SoftBank hizo algo más que conectar teléfonos. También conectó un dron al HAPS y consiguió controlar remotamente su vuelo, recibir su posición y transmitir vídeo de forma estable. La compañía imagina una futura red tridimensional donde las telecomunicaciones no terminen en la superficie terrestre, sino que conecten también drones y otras máquinas que operan en el espacio aéreo.

Esto encaja especialmente bien con el carácter temporal de la infraestructura. Tras un terremoto, por ejemplo, no solo podría desplazarse cobertura móvil hacia la zona afectada. Drones conectados desde la misma plataforma podrían inspeccionar carreteras, líneas eléctricas, edificios o áreas inundadas sin depender de una red terrestre que quizá haya dejado de funcionar.

Y SoftBank añadió todavía otra pieza al experimento que puede terminar siendo más interesante que la propia cobertura. La compañía instaló un servidor, un core móvil y un servidor web dentro del HAPS y procesó las comunicaciones directamente en la plataforma, sin enviarlas previamente a través de una red terrestre hacia Internet. En la prueba obtuvo una latencia media ida y vuelta de 68 milisegundos, más de un 40 por ciento inferior a la obtenida utilizando procesamiento cloud en el escenario de referencia empleado por SoftBank. La compañía asegura que es la primera verificación técnica de este tipo realizada desde un HAPS.

Ya no estamos hablando únicamente de llevar una antena al cielo. Estamos hablando de desplazar conjuntamente cobertura, funciones de red y capacidad de computación. Y eso ayuda también a entender dónde probablemente no encaja HAPS.

Para conectar permanentemente aviones cruzando el Atlántico o barcos navegando por los océanos, las constelaciones de satélites de órbita baja como Starlink parten con una ventaja evidente. La cobertura global ya está distribuida sobre enormes extensiones y son los satélites los que se van relevando sobre el usuario. Replicar algo semejante con plataformas estratosféricas requeriría desplegar infraestructura sobre enormes corredores geográficos.

HAPS parece tener una propiedad diferente: concentración geográfica. Una constelación satelital intenta que la infraestructura esté disponible prácticamente en todas partes. Un HAPS puede tener sentido precisamente porque puedes decidir dónde quieres que esté y además no sería soplo conectividad sino que puedes meterle un servidor, un core, etc.

Eso coloca a estas plataformas en una posición curiosa dentro de la futura arquitectura de telecomunicaciones. Las redes terrestres ofrecen enormes cantidades de capacidad allí donde existe demanda permanente. Los satélites ofrecen cobertura sobre extensiones gigantescas. Entre ambas podría aparecer una tercera capa de infraestructura capaz de proporcionar cobertura relativamente amplia pero, además, desplazable.

SoftBank cree que existe un negocio ahí. La compañía pretende avanzar hacia la comercialización de servicios HAPS en Japón a partir de 2027 y su visión a más largo plazo consiste en integrar redes terrestres, plataformas estratosféricas y satélites dentro de una única arquitectura tridimensional de comunicaciones de cara a 6G.

Naturalmente, queda por demostrar casi todo lo que determina si una tecnología termina convirtiéndose en una industria.

SoftBank ha demostrado que el aparato puede recorrer enormes distancias, mantenerse sobre una zona relativamente pequeña, conectar smartphones, comunicarse con drones y ejecutar computación desde la estratosfera. No ha demostrado todavía cuánto costará proporcionar un servicio comercial continuo, cuántas plataformas serán necesarias para garantizar disponibilidad, cuál será su capacidad real cuando haya muchos usuarios simultáneos, cuánto costará mantenerlas ni cuál será la economía por gigabyte frente a alternativas terrestres y satelitales.

Y esas preguntas son mucho menos espectaculares que anunciar el fin de las torres móviles. Quizá por eso resulta interesante que esta vez Elon Musk no esté involucrado. Porque permite observar HAPS sin necesidad de decidir inmediatamente si va a cambiar el mundo. Puede que no lo haga. Pero SoftBank acaba de demostrar algo que potencialmente sí cambia una característica que hemos dado por sentada durante toda la historia de las redes móviles: que una vez desplegada la infraestructura, el lugar donde la instalaste es el lugar donde se queda.

Una estación base que puede cruzar el Pacífico para ir allí donde aparece la demanda quizá no necesite sustituir nada para terminar encontrando su propio mercado.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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