La IA puede cambiar el tráfico móvil y el problema no está en cuánto crece, sino en el uplink

CTIA asegura que la iIA está “supercargando” la demanda de las redes inalámbricas estadounidenses. Sus propios datos, sin embargo, muestran que la tasa de crecimiento se desaceleró con fuerza en 2025. Cuánto tráfico está generando realmente la IA y cuánto corresponde todavía a expectativas sobre lo que puede ocurrir en los próximos años.

Estados Unidos nunca había transportado tantos datos inalámbricos. En 2025, sus redes movieron 159,3 billones de MB, frente a 132 billones un año antes y 100 billones en 2023. La cifra es espectacular, según la propia comparación de CTIA, el volumen de 2025 superó en torno a un 39 por ciento todo el tráfico acumulado durante la década de 4G. Para la asociación que representa a la industria inalámbrica estadounidense hay, además, un nuevo protagonista llamado a acelerar todavía más esta curva: la inteligencia artificial (IA).

El mensaje ocupa un lugar central en su Annual Survey 2026. CTIA señala que la demanda aumentó un 20 por ciento durante el último año y cerca de un 60 por ciento entre 2023 y 2025. A partir de ahí, sin embargo, el informe entra en un terreno diferente. Afirma que el tráfico relacionado con IA está creciendo tres veces más rápido que el tráfico inalámbrico tradicional, aunque no cuantifica cuánto representa actualmente ni detalla en el documento la metodología utilizada para identificarlo. Además, proyecta que la demanda de datos se multiplicará por cuatro hasta 2032 y que la IA podría representar cerca de un tercio del tráfico de banda ancha en 2034.

La distinción entre datos observados y previsiones resulta fundamental porque hay otra forma de leer exactamente los mismos números. La serie de CTIA muestra 74 billones de MB en 2022, 100 billones en 2023, 132 billones en 2024 y 159,3 billones en 2025. El tráfico no se está estabilizando en términos absolutos y continúa batiendo récords, pero su tasa de crecimiento sí se está desacelerando. Entre 2023 y 2024 aumentó un 32 por ciento; entre 2024 y 2025 lo hizo aproximadamente un 21 por ciento. Son once puntos porcentuales menos en apenas un ejercicio.

La serie, por tanto, no muestra una estabilización del tráfico, sino una desaceleración de su tasa de crecimiento. Una base cada vez mayor puede seguir incorporando cantidades enormes de datos mientras su crecimiento porcentual disminuye. De hecho, solo durante 2025 se añadieron otros 27,3 billones de MB al tráfico estadounidense. Sin embargo, mantener indefinidamente aumentos anuales del 30, 40 o 50 por ciento resulta matemáticamente cada vez más difícil cuanto mayor es el volumen de partida. Hablar de desaceleración nunca significó necesariamente que las redes fueran a transportar menos datos.

Esta diferencia resulta especialmente interesante al observar cómo ha evolucionado el argumento de CTIA. Al presentar los datos de 2024, la asociación subrayaba una sucesión de años de fuerte crecimiento de la demanda y vinculaba esa evolución con la necesidad de ampliar la disponibilidad de espectro. Ahora que su propia serie muestra una moderación clara de la tasa de crecimiento, el argumento mira hacia un nuevo motor de demanda futura: la IA.

Eso no significa que CTIA esté manipulando los datos ni que la IA no vaya a tener un impacto considerable sobre las redes. De hecho, empiezan a aparecer señales que justifican prestar atención. En su Mobility Report de junio de este año, Ericsson observó que 43 de los 55 proveedores de servicios analizados registraban un crecimiento del uplink superior al del downlink y que, en 17 casos, el crecimiento del uplink superaba en más de 1,5 veces el del downlink. Es un cambio relevante porque una red dominada históricamente por usuarios descargando contenido podría evolucionar hacia otra en la que cámaras, gafas inteligentes, vehículos, agentes y aplicaciones multimodales envíen continuamente información hacia la nube.

También hay indicios recientes de que la desaceleración podría estar perdiendo intensidad. En el segundo trimestre de 2026, el tráfico de datos de las redes mundiales creció un 23 por ciento interanual, con India y Norteamérica desempeñando un papel importante en esa evolución. Por tanto, sería prematuro descartar que esté comenzando una nueva fase de crecimiento. Lo que resulta mucho más difícil es demostrar que la IA sea ya la responsable de ese cambio.

Aquí aparece uno de los datos más interesantes de Ericsson. En abril de 2025, la compañía analizó durante una semana el tráfico de 21 aplicaciones móviles de IA generativa sobre la red de un proveedor de servicios en un mercado maduro. El tráfico de IA generativa que podía identificarse representaba apenas el 0,06 por ciento del tráfico total de datos de aquella red. La medición no incluye necesariamente todo el tráfico relacionado con funciones de IA integradas dentro de aplicaciones convencionales y tampoco puede extrapolarse al conjunto de las redes mundiales, pero permite observar la enorme distancia que todavía existe entre la importancia que ha adquirido la IA y el tráfico de IA generativa directamente identificable en esa muestra.

Además, la composición de ese pequeño volumen resulta quizá más interesante que su tamaño. Aproximadamente un 26 por ciento del tráfico de IA generativa identificado por Ericsson correspondía al uplink, una proporción considerablemente superior a la habitual en unas redes históricamente dominadas por el downlink. Por eso la IA puede convertirse en un problema de red diferente al provocado por el vídeo porque no solo importa cuánto tráfico genere, sino en qué dirección, desde qué dispositivos y con qué requisitos de latencia y capacidad.

Existe, por tanto, una diferencia considerable entre afirmar que la IA puede convertirse en un gran generador de tráfico y sostener que ya está supercargando las redes. El tráfico de IA existe y empieza a mostrar características potencialmente importantes para el dimensionamiento de las infraestructuras, especialmente en el uplink, pero las mediciones públicas disponibles todavía no demuestran que tenga la escala agregada que contemplan las previsiones para los próximos años.

Es precisamente en esa distancia entre presente y futuro donde aparece la otra parte de la historia. CTIA no es una consultora independiente ni una oficina estadística, sino la organización que representa los intereses de la industria inalámbrica estadounidense ante Washington. Entre sus prioridades está conseguir más espectro licenciado para sus miembros, además de facilitar el despliegue de infraestructura y reducir las barreras regulatorias a la inversión.

El propio informe conecta directamente ambas cuestiones. CTIA plantea que el crecimiento futuro de la IA impondrá nuevas exigencias sobre las redes y concluye que será necesario disponer de más espectro licenciado y continuar invirtiendo en infraestructura. La asociación recuerda que los proveedores estadounidenses destinaron cerca de 30.000 millones de dólares americanos a sus redes durante 2025 y unos 250.000 millones desde el lanzamiento de 5G. Más adelante vuelve a reclamar un flujo estable de espectro licenciado de bandas medias. La estructura del informe convierte así la previsión sobre el tráfico de IA en un argumento para acelerar hoy la disponibilidad de espectro.

La lógica tiene sentido desde el punto de vista de un operador. El espectro no puede conseguirse de un día para otro, las licencias requieren procesos políticos y regulatorios largos y las redes tampoco se dimensionan cuando aparece el tráfico, sino años antes. Esperar a que nuevos servicios comiencen a saturar determinadas partes de la red para buscar entonces capacidad sería una estrategia difícil de defender. CTIA tiene razones legítimas para advertir hoy de una demanda que considera probable mañana, pero esa lógica obliga también a separar cuidadosamente medición, previsión y política pública.

Los datos muestran que Estados Unidos transportó más tráfico inalámbrico que nunca en 2025 y, simultáneamente, que su tasa de crecimiento cayó considerablemente. También existen señales de una evolución diferente del uplink y los últimos registros globales continúan mostrando crecimientos importantes. Lo que todavía no demuestran es que la IA esté provocando una nueva explosión del tráfico.

Durante la última década los operadores sabían bastante bien qué estaba llenando sus redes: smartphones y vídeo, a los que se ha sumado progresivamente el acceso fijo inalámbrico. La IA introduce una incertidumbre diferente porque podría incorporar nuevos dispositivos, modificar el equilibrio entre uplink y downlink y generar máquinas que intercambien datos continuamente sin intervención humana. El potencial existe, pero todavía resulta difícil saber cuánto tráfico producirá, dónde aparecerá y a qué velocidad.

La industria estadounidense tiene que tomar hoy decisiones sobre redes y espectro basándose parcialmente en una demanda de IA cuyo tamaño futuro todavía es incierto, mientras CTIA debe convencer a Washington de que esa presión futura justifica disponer hoy del espectro que sus asociados podrían necesitar mañana. Los próximos años dirán si la IA realmente altera la desaceleración de la tasa de crecimiento del tráfico inalámbrico o si, mientras esa demanda madura, se ha convertido sobre todo en un argumento particularmente poderoso para una batalla por el espectro que comenzó mucho antes de ChatGPT.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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