La 6G entra en la hora de las decisiones: NGMN pide a 3GPP una migración de 5G a 6G más simple

Los operadores quieren limitar las opciones para pasar de 5G a 6G y evitar que la nueva generación repita la complejidad de 5G.

Hace apenas tres meses escribía un análisis sobre la futura arquitectura 6G con una pregunta que lleva acompañando a la industria móvil desde hace varias generaciones: los operadores vuelven a pedir redes más sencillas, menos opciones de migración y una evolución económicamente sostenible, pero ¿esta vez alguien los escuchará? NGMN acaba de proporcionar la primera oportunidad para empezar a responderla. La organización ha actualizado sus recomendaciones sobre la migración de 5G a 6G justo antes de la plenaria de septiembre de 3GPP y lo ha hecho con un mensaje difícil de interpretar como una simple reflexión técnica.

NGMN quiere que la industria converja cuanto antes hacia una ruta principal para migrar a 6G y mantiene Multi-RAT Spectrum Sharing (MRSS) como solución de referencia. La propuesta permitiría que 5G y 6G compartan recursos durante la transición y pretende evitar que cada nueva alternativa termine multiplicando las combinaciones que deben soportar terminales, radio, core y operación. Pero el documento introduce una condición especialmente relevante y es que cualquier camino adicional deberá demostrar que resuelve una necesidad que MRSS no pueda cubrir y que su valor compensa la complejidad que incorpora.

NGMN tampoco está diciendo que MRSS haya ganado definitivamente la discusión. Todavía quedan cuestiones por resolver relacionadas con su eficiencia, impacto sobre hardware, viabilidad de implementación, coste total de propiedad y evolución del core 6G. Precisamente por eso pide que las alternativas se sometan a criterios explícitos y que se produzca una selección activa a medida que aparezca evidencia. La posición puede resumirse de una manera bastante sencilla: que algo pueda construirse no significa necesariamente que deba formar parte de la red.

Puede parecer una cuestión técnica, pero probablemente sea una de las discusiones más importantes que tendrá 6G durante los próximos años. La industria móvil lleva décadas considerando la flexibilidad una virtud. Más opciones permiten adaptarse a diferentes espectros, mercados, proveedores y estrategias de despliegue. El problema aparece cuando esas posibilidades pasan del documento de especificaciones a una red comercial. Cada alternativa puede implicar nuevas combinaciones de equipos, pruebas, compatibilidades, actualizaciones y años de coexistencia. La flexibilidad durante la estandarización puede convertirse después en complejidad para quien opera la red.

Y aquí aparece una posible fricción entre organismos que complican un poco las cosas. NGMN no es simplemente otro foro tecnológico. Es una organización impulsada por operadores y una de sus funciones consiste precisamente en llevar su perspectiva hacia organismos como 3GPP. Fabricantes y otros actores participan también en sus trabajos, pero el punto de partida es deliberadamente el de quienes finalmente tendrán que invertir en las redes, desplegarlas y mantenerlas.

Sin embargo, 3GPP funciona de otra manera. No es un organismo de fabricantes y sería incorrecto presentarlo así. Participan operadores, proveedores de infraestructura, compañías de semiconductores, fabricantes de dispositivos y otros actores, y buena parte de las decisiones se construyen buscando consenso. Sin embargo, el proceso técnico depende en gran medida de contribuciones realizadas por esas compañías. Y cuando se entra en ese terreno, disponer de capacidad de investigación y desarrollo importa enormemente.

Un operador puede tener muy claro cuánto quiere invertir, qué infraestructura desea reutilizar o cuántas arquitecturas está dispuesto a mantener. Otra cosa es disponer de cientos de ingenieros trabajando durante años en nuevas formas de onda, algoritmos de radio, arquitecturas, chipsets, interfaces y mecanismos de señalización, produciendo simulaciones, prototipos, patentes y contribuciones capaces de transformar una idea en una especificación.

Algunos grandes operadores mantienen una importante capacidad de investigación, pero esa no es la situación de la mayoría. Para buena parte del mercado, la prioridad consiste en desplegar e integrar tecnología, operar redes, gestionar inversiones y competir comercialmente. El desarrollo profundo de muchas de las tecnologías que acabarán definiendo la siguiente generación se concentra en los grandes fabricantes, proveedores de semiconductores y determinadas compañías tecnológicas.

Se produce así una asimetría inevitable. Los operadores pueden tener una enorme capacidad para explicar qué necesitan, mientras que los fabricantes cuentan con muchos más recursos para definir las diferentes maneras técnicas de conseguirlo. Los primeros pueden tener la última palabra sobre qué compran, pero los segundos ejercen una influencia considerable sobre el menú tecnológico entre el que después tendrán que elegir.

Esto no significa que los fabricantes tengan interés en crear redes deliberadamente más complejas. También necesitan estándares globales, escala, productos desplegables y operadores dispuestos a comprarlos. Una tecnología extraordinaria que no encuentra mercado tampoco constituye un éxito. Pero eso no quiere decir que los incentivos de ambas partes sean exactamente iguales.

Para un fabricante, una nueva capacidad puede representar innovación, propiedad intelectual, diferenciación o una nueva generación de producto. Para el operador, esa misma capacidad puede significar sustituir hardware, integrar otra arquitectura y mantener durante años una capa adicional dentro de una infraestructura que ya contiene varias generaciones. Quien desarrolla una opción tecnológica y quien tendrá que convivir con ella durante quince años no contempla necesariamente la misma ecuación económica.

Por eso resulta especialmente significativo que NGMN haya decidido actualizar públicamente su posición ahora. La propia organización explica que estos mensajes están dirigidos a la plenaria de este mes de septiembre de 3GPP, precisamente cuando se están definiendo prioridades dentro de la fase de estudio de 6G. No estamos ante una confrontación entre ambos organismos, porque sus funciones son diferentes y complementarias. Pero sí ante una tensión natural entre dos perspectivas que no siempre llegan al proceso de estandarización con las mismas prioridades.

La pregunta que está formulando NGMN no es simplemente si una alternativa funciona. Quiere saber cuánto hardware requiere, cómo afecta al core, cuánto complica la operación, cuál será su coste total y si existe suficiente valor comercial para justificar todo lo anterior. Son las preguntas de quien tendrá que comprar y operar la tecnología, no sólo de quien tiene que demostrar que técnicamente es posible desarrollarla.

Durante la fase de investigación suele resultar atractivo mantener abiertas muchas posibilidades. Nadie sabe todavía cuál funcionará mejor y las compañías quieren proteger apuestas tecnológicas que podrían resultar valiosas más adelante. El problema es que para un operador mantener abiertas cinco opciones durante la fase de estudio puede terminar significando soportar varias de ellas durante muchos años en la fase comercial.

NGMN parece querer alterar precisamente esa dinámica. Investigar todas las opciones que sean necesarias, pero empezar a eliminarlas en cuanto exista evidencia suficiente para hacerlo. En lugar de asumir que una nueva solución merece entrar en la especificación porque aporta una capacidad técnica adicional, obliga a demostrar que existe una necesidad real que justifica la complejidad que va a dejar detrás.

La experiencia de 5G explica buena parte de esta cautela. La arquitectura Non-Standalone (NSA) permitió acelerar los primeros despliegues y posteriormente la industria comenzó la transición hacia 5G Standalone (SA) mientras dispositivos, funcionalidades y capacidades aparecían progresivamente. Aquella flexibilidad ayudó a arrancar antes el ciclo comercial, pero también dejó a numerosos operadores administrando durante años una evolución arquitectónica cuyo retorno continúa siendo discutido.

Desde entonces han aparecido además razones para cuestionar la propia lógica del salto entre generaciones. En julio, una demostración de AT&T y Ericsson utilizando infraestructura 5G para desarrollar capacidades de sensorización habitualmente asociadas con la evolución hacia 6G volvía a plantear cuánto potencial queda todavía dentro de las redes actuales. Si software, inteligencia artificial (IA) y mayor capacidad de procesamiento permiten incorporar nuevas funciones sin reemplazar inmediatamente la infraestructura, la frontera entre una generación y la siguiente empieza a hacerse menos evidente.

El documento de septiembre añade la otra mitad de esa ecuación. No se trata sólo de cuánto puede seguir haciendo 5G, sino de cuánto habrá realmente que cambiar para introducir 6G. NGMN reconoce incluso que las opciones de migración dependerán de si el futuro core 6G acaba siendo una evolución del core 5G o una arquitectura mucho más diferenciada. Esa decisión puede cambiar sustancialmente el coste y la complejidad de todo el proceso.

La gran discusión de 6G puede terminar siendo, por tanto, bastante menos espectacular que las velocidades, los nuevos casos de uso o las capacidades que suelen acompañar a la presentación de cada nueva generación. Puede reducirse a cuánto de 5G podrá conservarse, cuánto deberá sustituirse y cuántas nuevas arquitecturas tendrá que soportar un operador para llegar hasta allí.

Ahí es donde la relación entre NGMN y 3GPP adquiere verdadera importancia. Una intenta trasladar de manera explícita la perspectiva económica y operativa de quienes despliegan las redes. La otra debe convertir las propuestas procedentes de todo el ecosistema en especificaciones técnicamente sólidas y globalmente aceptadas. Necesitan trabajar juntas, pero no siempre tienen por qué partir de los mismos incentivos.

La batalla por evitar los errores de 5G no comenzará cuando los operadores empiecen a comprar equipamiento 6G. Para entonces buena parte de las decisiones ya estarán tomadas. Se está librando ahora, cuando todavía puede decidirse qué opciones merecen entrar en el estándar y cuáles deberían desaparecer antes de convertirse en otra capa que alguien tendrá que financiar, integrar y operar durante la próxima década.

Hace tres meses nos preguntábamos si esta vez alguien escucharía a los operadores. La respuesta empezará a escribirse en 3GPP este mismo mes.

Tu opinión es importante ¿Qué te ha parecido este contenido?

0 0
Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

Deje su comentario