La IA empieza a encarecer la puerta de entrada a la IA

La carrera por construir centros de datos y capacidad de IA está disparando el precio de la memoria y golpeando especialmente a los smartphones más baratos. El efecto amenaza con frenar la incorporación al mundo digital de una población que ya tiene cobertura, pero que todavía no puede permitirse el dispositivo para conectarse.

Durante años, cerrar la brecha digital significó fundamentalmente desplegar redes. Esa batalla está lejos de haber terminado, pero ha cambiado de naturaleza. A finales de 2025, unos 4.800 millones de personas utilizaban Internet móvil desde su propio dispositivo, mientras 3.400 millones seguían sin hacerlo. Lo relevante es que más del 90 por ciento de estos últimos ya vive bajo cobertura de banda ancha móvil. En total, 3.100 millones de personas tienen una red disponible pero no utilizan Internet móvil.

La brecha digital, por tanto, ya no se explica principalmente por la ausencia de infraestructura. Y precisamente cuando el dispositivo se ha convertido en una pieza crítica para incorporar a la siguiente ola de usuarios, ha aparecido un factor inesperado que amenaza con hacerlo más caro: la inteligencia artificial (IA).

La conexión empieza en los centros de datos. La expansión acelerada de la IA está aumentando la demanda de memorias de altas prestaciones utilizadas para alimentar servidores y operaciones de IA. Al mismo tiempo, los fabricantes están desplazando capacidad productiva desde tecnologías de memoria más antiguas, todavía utilizadas en smartphones de entrada, hacia productos de mayor rendimiento. Según los datos de Counterpoint Research incorporados al informe de la GSMA, los precios de la memoria ya se habían más que duplicado entre el tercer trimestre de 2025 y el primero de 2026 y volvieron a aumentar entre 80 y 90 por ciento durante el segundo trimestre.

La industria tecnológica está destinando enormes recursos a construir la infraestructura necesaria para extender la IA, pero esa misma carrera está presionando el precio de un componente esencial del dispositivo que miles de millones de personas necesitan para entrar por primera vez en el ecosistema digital.

El impacto tampoco se distribuye uniformemente entre smartphones. En un teléfono de gama baja, con un precio mayorista inferior a 200 dólares americanos, la memoria representa ya casi la mitad del coste de materiales. Su peso se ha más que duplicado desde comienzos de 2025. Como los márgenes son mucho menores en estos dispositivos que en los terminales de gamas superiores, son precisamente los smartphones más baratos los que soportan mayor presión.

El traslado al precio final empieza a ser visible. La GSMA utiliza el Xiaomi Redmi A7 como ejemplo, salió al mercado en abril de 2026 por unos 110 dólares americanos, aproximadamente un 40 por ciento más que el Redmi A5 lanzado un año antes, pese a ofrecer un hardware prácticamente idéntico y mejoras limitadas de software. En India, el Realme C71 había salido por unas 7.699 rupias, unos 80 dólares americanos, pero posteriormente aumentó hasta 12.999 rupias, alrededor de 135 dólares americanos.

Pagar 30 o 50 dólares americanos adicionales por un smartphone puede parecer una corrección asumible desde un mercado desarrollado. En los mercados donde se concentra la población todavía desconectada puede determinar directamente si una persona compra el dispositivo o continúa fuera de Internet.

La dimensión del problema se entiende mejor al observar cuánto cuesta ya conectarse para las rentas más bajas. En los países de ingresos bajos y medios, un terminal básico con acceso a Internet equivalía al cierre de 2025 al 44 por ciento del ingreso mensual medio del 20 por ciento más pobre de la población. En África subsahariana esa relación alcanzaba el 76 por ciento. La asequibilidad del terminal es, además, la principal barrera declarada para adoptar Internet móvil en los mercados estudiados por la GSMA.

Los cálculos de la GSMA muestran que un dispositivo de 30 dólares americanos podría, teóricamente y considerando únicamente el criterio de asequibilidad, poner un terminal al alcance de casi 1.600 millones de personas adicionales que viven bajo cobertura móvil. Reducirlo a 20 dólares americanos elevaría esa cifra hasta unos 2.200 millones. Incluso entonces quedarían unos 850 millones para quienes el dispositivo seguiría siendo demasiado caro.

Esos objetivos empiezan ahora a chocar con la economía de la IA. En 2025, la GSMA llegó a anunciar una iniciativa con seis operadores africanos para introducir smartphones 4G de 40 dólares americanos. El informe de 2026 contiene un dato que resume hasta qué punto ha cambiado el escenario ya que un solo chip de memoria de entrada puede costar ahora más que esos 40 dólares americanos.

El impacto empieza también a aparecer en los volúmenes. Counterpoint espera que los envíos mundiales de smartphones caigan un 14 por ciento en 2026, lo que supondría 174 millones de dispositivos menos que en 2025. Pero nuevamente el promedio esconde dónde se concentra el problema. El segmento inferior a 100 dólares caería un 36 por ciento, unos 90 millones de terminales menos. En África subsahariana se esperan 16 millones menos de smartphones durante el año, una caída superior a una cuarta parte.

No significa que la IA sea responsable de la brecha digital ni que explique por sí sola el precio de los smartphones. El propio mecanismo descrito en el informe tiene dos componentes, crece la demanda de memoria de altas prestaciones para IA y centros de datos mientras los fabricantes desplazan producción desde generaciones anteriores de memoria utilizadas todavía por los dispositivos baratos. Es la combinación de ambos movimientos la que está tensionando el mercado.

Pero sí introduce una dinámica nueva en un problema antiguo. Hasta ahora, el desarrollo de nuevas generaciones tecnológicas tendía a abaratar las anteriores. Un smartphone suficientemente potente para acceder a Internet podía hacerse progresivamente más barato y extenderse hacia segmentos de menores ingresos. La explosión de la IA está interfiriendo, al menos temporalmente, con esa dinámica al competir por recursos situados mucho antes en la cadena de suministro.

Y ocurre precisamente cuando la incorporación de nuevos usuarios a Internet móvil ya se está ralentizando. En 2025 se sumaron alrededor de 160 millones de nuevos usuarios desde dispositivos propios, frente a 190 millones durante 2024. La GSMA identifica además que la mayoría de los 3.100 millones de personas que componen la brecha de uso no posee un dispositivo.

La consecuencia puede ser una brecha más difícil de cerrar. No porque falten antenas ni porque la red no llegue, sino porque el coste del último eslabón vuelve a alejarse de quienes están intentando entrar.

Hay algo especialmente paradójico en todo ello. Buena parte del discurso alrededor de la IA se apoya en su capacidad para democratizar el conocimiento, ampliar el acceso a la educación, mejorar servicios sanitarios o financieros y llevar nuevas herramientas digitales a poblaciones que hasta ahora tenían menos acceso a ellas. Pero para beneficiarse de cualquiera de esas posibilidades primero hay que estar conectado.

La IA promete ampliar lo que una persona puede hacer dentro del mundo digital. Su extraordinaria demanda de infraestructura está contribuyendo, al mismo tiempo, a encarecer el dispositivo que millones necesitan para entrar en él. Esa es quizá una de las contradicciones menos visibles de la actual carrera por la IA ya que podemos estar construyendo más deprisa que nunca el futuro digital mientras hacemos un poco más cara su puerta de entrada.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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