La inteligencia artificial gratis ¿el nuevo error del zero rating?

Regalar IA no te hace innovador. Te confirma como tubería tonta.

Telefónica ha anunciado que ofrecerá ChatGPT Plus sin coste durante seis meses a sus clientes móviles en España. El mensaje es claro: valor añadido, democratización de la inteligencia artificial (IA), innovación al servicio del usuario. Todo suena bien. Demasiado bien. Pero no, es una ilusión, es volver a pegarse un tiro en el pie.

Porque, si miramos la historia reciente del sector de las telecomunicaciones con un mínimo de honestidad, esta decisión recuerda inquietantemente a otra que en su día también se presentó como innovación y hoy sabemos que fue un error estratégico: el zero rating.

Durante años, los operadores regalaron acceso a WhatsApp, Facebook, Spotify o Netflix. Se vendió como una forma de diferenciarse, de poner al cliente en el centro, de ofrecer más por lo mismo —y luego nos vamos quejando de la deflación del sector—. ¿Qué ocurrió en realidad? Que los operadores no capturaron valor, no ganaron relevancia estratégica y no reforzaron su posición en la cadena digital. Solo facilitaron que otros se hicieran imprescindibles. Un desastre.

Hoy, regalar IA corre el riesgo de repetir exactamente ese patrón. Solo que esta vez no hablamos de entretenimiento ni de mensajería. Hablamos de la capa cognitiva de la economía digital. Conviene decirlo sin muchos rodeos y ofrecer IA gratis no hace más visible al operador, lo hace más invisible.

Cuando un cliente usa ChatGPT Plus gracias a su operador, no siente que el valor provenga de la red. El valor proviene de OpenAI. La relación se establece con la herramienta, no con la infraestructura que la hace accesible. El aprendizaje, los datos de uso, la dependencia emocional y productiva se acumulan fuera del operador. Exactamente como ocurrió con los OTTs. Ahora mismo los proveedores de IA son los nuevos OTTs con la diferencia de que son unas herramientas mucho más poderosas, porque el usuario ya las usa para crear su dieta, para hacer terapia personal, diagnosticarse enfermedades, generar rutinas para el gimnasio, son en esencia, el centro de su existencia.

Por eso, el mensaje implícito que se transmite es peligroso porque la inteligencia está fuera, la innovación está fuera, lo que importa ocurre fuera. El operador solo conecta, otra vez. Y luego habrá que quejarse del tráfico que generan estas herramientas que los operadores han regalado a sus clientes.

Eso no es neutral. Es un posicionamiento estratégico que refuerza la idea de que el rol de la telco en la era digital se limita a ser una tubería eficiente para que otros capturen todo lo que importa. Y aquí aparece una pregunta incómoda que el sector rara vez se hace en voz alta: ¿por qué no es OpenAI quien llama desesperadamente a los operadores para que sus servicios funcionen mejor?

La respuesta es tan simple como dolorosa. Porque OpenAI funciona sobre cualquier red. Porque escala sin pedir permiso. Porque no necesita a un operador concreto para diferenciarse. Porque el operador, hoy, no es un cuello de botella estratégico para la inteligencia artificial.

La asimetría es evidente. Y regalar IA no la corrige la perpetúa.

Este artículo quiere, deliberadamente, molestar al lector del sector telco. De forma consciente. Porque llevamos demasiado tiempo envueltos en mensajes complacientes, en narrativas optimistas que evitan afrontar el problema real. Y el problema no es la falta de innovación puntual, ni la falta de alianzas, ni siquiera la falta de talento. El problema es cómo el sector interpreta su propio rol.

Durante años se ha insistido en que los operadores debían convertirse en proveedores de servicios digitales. Apps, plataformas, contenidos, ahora IA. Pero el mercado ha cambiado. La velocidad a la que aparecen nuevas IAs, la saturación competitiva y la lógica winner-takes-most hacen que entrar ahora en esa carrera sea, en el mejor de los casos, ineficiente. En el peor, destructivo de valor.

Crear una IA propia generalista no es realista. Competir en servicios hipercommoditizados tampoco. Y regalar servicios de terceros solo acelera la pérdida de identidad y centralidad, esa que tanto persiguen los operadores y cuyas estrategias cada vez le alejan mas.

Llegados a este punto, el sector debería ser honesto consigo mismo. Solo hay dos caminos posibles.

El primero es asumir de una vez el rol pasivo. Aceptar que las telecomunicaciones son una utility avanzada, optimizar costes, competir en eficiencia, vivir de volumen, regulación y escala. Es una estrategia legítima. Pero hay que decirlo en voz alta y dejar de fingir que se está liderando la transformación digital.

El segundo camino es mucho más exigente. Implica cambiar radicalmente la forma en que se entiende la infraestructura de telecomunicaciones. No como un proveedor de servicios finales, sino como una plataforma inevitable para la era digital. No necesariamente visible, pero sí imprescindible.

Infraestructura inevitable significa ser la capa sin la cual la IA no puede operar con confianza. Donde la identidad se verifica, donde los datos se protegen, donde la latencia se controla, donde la soberanía se garantiza. Significa invertir para que otros puedan competir, pero no sin ti.

Hoy, la carga está invertida. Son los operadores los que corren detrás de las empresas de IA para no quedarse fuera de la conversación. La pregunta estratégica es por qué aceptan ese rol. Porque mientras el operador necesite a la IA para parecer relevante, y no al revés, el valor seguirá escapando.

No tengo la solución. No sé exactamente cómo se construye esa infraestructura inevitable. Hay gente muchísimo más capacitada en el sector para definirla y ejecutarla. Pero sí tengo claro algo y es que seguir regalando IA como antes se regalaban gigabytes no es el camino.

El error del zero rating no fue regalar datos. Fue regalar relevancia y posicionamiento justo a aquellos a los que ahora se les reclama que ayuden con las inversiones. Repetirlo ahora con la IA sería aún más grave, porque esta vez no se está regalando tráfico, sino una relación mucho más estratégica.

Ha llegado la hora de dejar los mensajes buenistas. De hablar en crudo. De aceptar que el sector está ante una decisión estructural que no puede esperar mas cuando en el horizonte asoma la 6G

La pregunta ya no es si los operadores deben ofrecer IA. La pregunta es si quieren seguir siendo visibles o si aspiran, de una vez, a volver a ser inevitables.

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Cuenta con más de 22 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

2 Comentarios

  1. Para mí la innovación está y como tal lo debo aprender y aprovechar…

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