Europa busca su soberanía satelital de manera urgente. Luego de conocerse la intención de reservar espectro para la comunicación directa al satélite el próximo año, se sucedieron una serie de anuncios y pronunciamientos que, como se dijo en uno de esos encuentros, requiere de la coordinación de toda la Unión Europea para conseguir el objetivo que supone independizarse lo más que se pueda de Starlink. Es necesario ir por partes para entender cómo está evolucionando este proceso.
La belga Aerospace anunció el último jueves que se adjudicó un contrato de 2.400 millones de euros (más de 2.700 millones de dólares) para construir 264 satélites destinados a la red IRIS2. Eso supone el 76 por ciento de los 348 vehículos que conformarán esa constelación. Otros 66 satélites serán fabricados por Airbus.

Satélite de OneWeb. Imagen: Arianespace
Los satélites que construya la belga serán recibidos por el consorcio SpaceRISE, liderado por Eutelsat, que tiene a su cargo el desarrollo y operación de la red mediante un acuerdo de concesión de parte de la UE.
El rol de Eutelsat también es gravitante ya que, tras haberse fusionado con OneWeb, el objetivo de la compañía es ampliar la cantidad de satélites LEO de esta constelación para poder competir con mayor fortaleza frente a Starlink. Con 600 satélites en órbita, el plan de inversión en torno al fortalecimiento de esa red pasó de sumar 440 satélites hacia 2030 a superar los más de 1.000 aparatos “muy pronto”, tal como lo señaló Jean-François Fallacher, su director ejecutivo, en marzo pasado.
El lanzamiento, en tanto, estará a cargo de la alemana Isar Aerospace, que brinda estos servicios para sus misiones institucionales. Este conglomerado trabaja, a su vez, con contratistas europeos de renombre como Airbus, Thales Alenia Space y OHB. En otras palabras, se advierte una cooperación constante entre los distintos actores europeos. La base está.
Todas estas acciones se ven muy bien. No obstante, parecen estar careciendo de coordinación. Este fue el punto sobre el que puso énfasis Josef Aschbacher, director general de la Agencia Espacial Europea quien, durante la cumbre espacial realizada en París -en donde se realizaron diversos anuncios vinculados con el mundo satelital de la UE- mencionó la necesidad de coordinar las diversas acciones que encaran los países del bloque y potenciarse como tal.
Coordinación para fortalecer
“Si logramos conectarlos (los programas espaciales que impulsa cada país), el resultado es un sistema realmente potente. Siempre y cuando se implemente y materialice la interoperabilidad. Y esto, por supuesto, es algo que aún está pendiente”, dijo el funcionario en declaraciones a la agencia Reuters.
Fue directo al hueso. Si por un lado, la Comisión Europea (CE) busca una manera distinta de entregar el espectro para servicios D2C el próximo año, si la Agencia Espacial Europea (ESA) está detrás de las diversas iniciativas que se impulsan en los países, si las operadoras satelitales están tomando cada vez más participación en la prestación de servicios, y el ecosistema se encuentra activo, resulta lógico que cada uno de esos componentes esté lo suficientemente aceitado como para potenciar en conjunto el valor individual.

Imagen creada con ChatGPT
¿Por qué el énfasis cuando se supone que los esfuerzos van en esa dirección? La decisión de Alemania de desarrollar su propia red de satélites militares parece haber hecho ruido en el concierto europeo. Porque si hay algo claro en las iniciativas impulsadas en la UE es la necesidad de asegurar las comunicaciones militares y de defensa de su espacio. Que un país se corte solo pone en duda qué tan mancomunada es la acción regional y muestra más fragmentación que otra cosa.
Mientras esto ocurre desde el punto de vista político, desde el específicamente técnico el director de la Agencia Espacial Europea anticipó que está promoviendo acciones para garantizar la interoperabilidad de los proyectos que se impulsan en cada latitud.
Un ejemplo de cómo se continúa trabajando es el acuerdo sellado entre Eutelsat y Thales Alenia Space para proveer cargas útiles gubernamentales destinadas a la constelación IRIS2. Es un contrato por unos 500 millones de euros aunque la inversión final para este objetivo superaría los 3.000 millones de euros.
Este tipo de convenios es el que aplaude Aschbacher por considerar que es el camino para dejar de depender de Estados Unidos tanto para las comunicaciones satelitales como para los lanzamientos. Consideró que si se invierten 1.000 millones de dólares anuales durante 10 años a partir de 2029 la autonomía europea estará garantizada en el sector espacial. La propuesta, no obstante, será evaluada recién en 2028.
Matices y contrastes marcados
El presidente francés Emmanuel Macron se pronunció en el mismo sentido que el presidente de la ESA aunque, en su caso particular, dijo que no venía por qué limitar las contrataciones con empresas de fuera del bloque, como manera de señalar que no tendría problemas en tener acuerdos con empresas de Estados Unidos.
Aquí es donde parece radicar el llamamiento a la coordinación espacial del presidente de la ESA porque, en términos de conectividad satelital y de lo que a futuro pueda ofrecer el D2C, la diferencia entre lo que ofrece OneWeb en la actualidad con Starlink es grande, tanto en términos de cobertura como por nivel de inversión. Si en el mejor de los escenarios OneWeb completara una constelación de 1.000 vehículos en el próximo año, la diferencia con Starlink no se acortaría de manera significativa pues ya cuenta con unos 10.000 aparatos orbitando alrededor de la Tierra. No obstante, no debe soslayarse que, con sus actuales dimensiones, OneWeb fue capaz de tomando mejor posicionamiento en Ucrania a instancias de Starlink.

Unsplash – robert-anasch
La inversión que impulsa la Agencia Espacial Europea para todos los países del bloque queda disminuida si se hace la odiosa comparación con lo que invierte SpaceX cada año en conectividad, básicamente en Starlink. En el primer trimestre de este año, la compañía de Elon Musk ya desembolsó más de 1.332 millones de dólares en fabricación, lanzamientos, equipamiento terrestre y otros activos de red. Este monto fue 63,3 por ciento superior de manera interanual. Es decir, que este año, SpaceX podría batir su récord de inversión en este concepto.
Desde 2023, Starlink ve incrementada su inversión de manera constante. Ese año, los desembolsos alcanzaron los 2.455 millones de dólares, que subieron a 3.498 millones de dólares en 2024, treparon a 4.178 millones de dólares en 2026 y no parece haber duda de que este año orillará -si no superará- los 5.000 millones de dólares.
Podría argumentarse que la conectividad global de Starlink no es solo militar y de defensa, sino muy concentrada en mercados verticales y en zonas desatendidas. Aún así, invertir 1.000 millones de euros anuales contra cualquiera de las cifras de los últimos años, se advierte diezmada.
La necesidad de la UE de fortalecerse en el contexto global, marcado fuertemente por la disputa comercial entre China y Estados Unidos, se ve lógica en una primera mirada. Las dudas sobre lo que se pueda realmente concretar pasa tanto por las diferencias de inversión existente entre los Estados y las empresas tecnológicas para definir sus posiciones como por las visiones que cada país europeo tiene sobre el camino a seguir.
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