México necesita hablar de roaming, y nadie quiere ser el primero

Hay un silencio regulatorio en México que me llama la atención cada vez que cruzo la frontera con mi propio teléfono. Vengo del sector telecom europeo, donde llevamos casi una década viviendo bajo un techo de precios para el roaming internacional. Y cuando miro hacia México, lo que encuentro no es solo una ausencia de tope: es una ausencia de conversación.

El contraste con Estados Unidos y Canadá es la primera pista. Ahí, gracias a acuerdos comerciales entre operadores, el roaming mexicano funciona casi como una extensión natural del plan local. Es una ventaja real, y probablemente única en el continente. Pero también es un espejismo pedagógico: acostumbra al usuario a pensar que “su plan lo cubre” en cualquier destino. El problema aparece en el momento en que ese usuario cruza el Atlántico, o el Pacífico, y descubre que la lógica de zonas de su operador no tiene ningún techo.

No hablo de forma abstracta. Un relevamiento de tarifas oficiales que hicimos en eSIM Viajes sobre los tres grandes operadores mexicanos mostró que, dentro de la misma compañía, con el mismo plan pospago, el precio del gigabyte puede multiplicarse por más de 300 veces según la zona de destino. Estados Unidos y Canadá quedan prácticamente incluidos. Europa ya cuesta más. Y en las zonas que los operadores etiquetan como “Preferentes B” o “Mundial Especial”, buena parte de África, el Sudeste Asiático, algunas islas del Caribe, el paquete básico ofrece apenas decenas de megabytes por el equivalente a lo que cuesta, en algunos casos, un vuelo doméstico.

Sesenta megabytes es lo que consume una aplicación de mapas en un par de trayectos cortos. Cuando un paquete de esa capacidad cuesta el equivalente a casi 100 dólares, la conclusión no es que el precio esté “mal calculado”: es que ese producto no fue diseñado para usarse. Fue diseñado para existir como opción de emergencia, cobrando una prima de tranquilidad a quien no tuvo tiempo de investigar alternativas antes de viajar.

La comparación que incomoda

Aquí es donde la industria suele ponerse nerviosa, y entiendo por qué: cualquier comparación entre el roaming empaquetado de un operador móvil y una eSIM de datos de un proveedor especializado suena, de entrada, a folleto comercial de uno de los dos bandos. Pero el ejercicio vale la pena precisamente porque no es simétrico. Un paquete de roaming de operador suele incluir voz y SMS, y sobre todo, conserva el número del usuario, algo que ninguna eSIM de datos reemplaza. Eso tiene un valor real para ciertos perfiles de viajero, sobre todo dentro de América Latina, donde la brecha de precio por gigabyte frente a una alternativa de datos puede ser de apenas el doble. Ahí, pagar la prima por conservar el número es una decisión racional.

El problema es que esa misma lógica de “prima razonable” se rompe por completo apenas el destino sale del continente. En Europa, la brecha ronda las 20 veces. En Asia, se dispara a más de 100. Y en las zonas más remotas del catálogo de zonas, la diferencia deja de medirse en múltiplos razonables para entrar en los cientos y hasta los miles. En ese punto, ya no estamos hablando de una prima por comodidad: estamos hablando de una falla de mercado que el usuario paga sin saberlo, porque ninguna autoridad le exige al operador mostrarle la alternativa.

Lo que Europa hizo distinto

No creo que el reglamento europeo de itinerancia sea perfecto ni trasplantable sin matices. Pero sí creo que resolvió un problema estructural que México todavía no se ha planteado: fijó un techo mayorista al costo del roaming dentro del bloque, y ese techo bajó de forma escalonada durante años hasta niveles que hoy resultan casi invisibles para el usuario final. La consecuencia no fue solo una baja de precios. Fue un cambio de comportamiento: el roaming dejó de ser un tema de ansiedad para el viajero europeo.

México no tiene ese techo, ni lo tuvo nunca, ni la nueva autoridad regulatoria que sucedió al extinto IFT, la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, en funciones desde octubre de 2025, parece tenerlo en agenda pública. La única protección real del consumidor sigue siendo informativa: el SMS de bienvenida al aterrizar, y la posibilidad de reclamar ante Profeco si el cobro fue claramente indebido. Eso no es regulación de mercado; es, en el mejor de los casos, transparencia mínima post-hecho.

Por qué esto sí es un tema de industria, no solo de consumidores

Se podría argumentar que el roaming caro es simplemente el mercado funcionando: el operador cobra lo que el mercado tolera, y quien no quiere pagarlo tiene alternativas: eSIM de terceros, tarjetas físicas locales, wifi portátil. Es un argumento válido hasta cierto punto. El problema es que ese argumento asume un consumidor informado, y la evidencia sugiere que ese no es el perfil dominante. La mayoría de los viajeros mexicanos activa el roaming de su operador por default, sin comparar, precisamente porque confía en la experiencia gratuita que tuvo en Houston o en Vancouver.

Para la industria de telecomunicaciones latinoamericana, el caso mexicano debería ser una señal de alerta más que un caso aislado. Es un ejemplo de cómo un beneficio genuino (el roaming gratuito hacia Norteamérica) puede terminar funcionando como cortina para una estructura de precios mucho menos favorable en el resto del catálogo de destinos. Y es un recordatorio de que la ausencia de regulación no siempre se traduce en más competencia: a veces simplemente se traduce en menos transparencia, porque nadie está obligado a explicar por qué el mismo gigabyte cuesta lo que cuesta según a qué país vuele el cliente.

No tengo la ambición de proponer aquí un marco regulatorio específico para México. Pero sí creo que el debate merece abrirse, con datos sobre la mesa, antes de que la brecha entre lo que promete el marketing del roaming y lo que realmente cuesta siga ensanchándose en silencio. La cifra completa, con el desglose por operador y por destino, está disponible en el estudio de tarifas de roaming que publicamos en eSIM Viajes.

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Emmanuel Cerisola es fundador de eSIM Viajes y consultor en telecomunicaciones. Cuenta con más de 20 años de experiencia trabajando con operadores internacionales en infraestructura de redes, tránsito IP, peering, redes de capa 2 y capa 3, cables submarinos, VoIP, SMS, eSIM y otros servicios de conectividad global. Su trayectoria profesional ha estado ligada al desarrollo y la operación de servicios internacionales de telecomunicaciones.

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