Uruguay se proyecta como un hub tecnológico regional mediante la modernización de sus telecomunicaciones, respaldado por una infraestructura digital avanzada que ya alcanza una cobertura de fibra óptica y redes móviles casi total en su territorio. Y, para potenciar este ecosistema, el gobierno impulsa proyectos estratégicos como el Polo de Tecnologías Espaciales, nuevas subastas de espectro orientadas al sector industrial y la atracción de data centers internacionales de inteligencia artificial (IA). En ese escenario, una matriz energética basada en fuentes renovables y lineamientos de soberanía no impiden el debate sobre la mitigación del impacto ambiental y social del desarrollo, y la visión de entender a las telcos como el motor de la matriz productiva.
Pablo Siris, director Nacional de Telecomunicaciones y Servicios de Comunicación Audiovisual de Uruguay, dependiente del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), mantuvo una extensa y pormenorizada charla con TeleSemana.com en la que ofreció al detalle la visión oficial de esta iniciativa; en las horas previas al inicio a un nuevo Mundial de Fútbol y en el marco del anuncio de que las transmisiones de “La Celeste” serán de forma gratuita a través de la televisión pública.
Estamos ante el comienzo de una nueva Copa del Mundo y, por estas horas, Antel, Canal 5 y Dinatel celebran noticias mundialistas…
La Dinatel tiene una sede en el Laboratorio Tecnológico de Uruguay (LATU), creado para certificar que las televisiones que entraban cumplieran con la norma ISDB-T, a través de un protocolo para que las pruebas las hiciera la Facultad de Ingeniería; fue un éxito. Luego, nos donaron unos equipos de televisión digital, compramos equipos y logramos hacer un centro de desarrollo de contenidos de televisión digital y streaming, con dos estudios de televisión, con conexión a la cabecera de Antel TV y equipamiento de primer nivel.
Y la novedad es que nuestro centro de desarrollo de contenidos va a ser el lugar desde donde se produzca la cobertura del Mundial de Fútbol de Canal 5, la televisión pública del Uruguay, y de Antel TV. Por primera vez en la historia de nuestro país, el Mundial va a estar en televisión abierta y en todos los cables del país. Además, de que Antel TV se podrá ver desde dispositivos móviles sin consumir datos.
Fueron días un poco locos, porque tocó hacer un trabajo importante; tuvimos que hacer desde la escenografía con la gente del canal público hasta ajustar la iluminación. Va a ser una belleza, además porque es poner en valor infraestructuras públicas y ponerlas al servicio de la gente. Algo similar vamos a hacer con el Polo de Tecnologías Espaciales
¿El Polo de Tecnologías Espaciales?
Sí, nos autorizaron en el presupuesto a desarrollar, en la antigua Estación Satelital Terrena de Antel, un centro de obtención y procesamiento de imágenes satelitales, comunicaciones con espacio profundo y radioastronomía. Para esto, estamos tomando el parque de antenas de Antel, en convenio con la operadora y las tres universidades públicas (la Universidad de la República, la Universidad Tecnológica y la Universidad del Trabajo) para implementarlo y reutilizar infraestructuras públicas que estaban en obsolescencia, dado que la comunicación se hace por cables submarinos. Esto también nos permite tomar un bien público y ponerlo en valor para la sociedad.
Así que empezaremos a incursionar en los temas espaciales también, para la atención de emergencias, prevención de incendios forestales, para el uso productivo y la Defensa, dado que permite identificar buques no autorizados pescando en nuestro mar territorial; para el control de fronteras y la identificación de gases de efecto invernadero.
En fin, el trabajo va a ser amplio y aspiramos a que esta infraestructura permita realizar investigación científica, por eso la importancia del trabajo con las universidades. E, inclusive, planeamos ofrecer servicios a la industria aeroespacial.
Todas iniciativas que son complementarias a las ya anunciadas, por ejemplo, en materia de data centers…
Sí, muchas. Una de las cosas por las que este centro que estamos pensando es posible es porque tenemos una conexión directa con el data center de Antel, por ejemplo, que nos permite almacenar el gran volumen de imágenes de gran tamaño y de alta resolución que se obtienen de los satélites estacionarios, pero también de órbita media y baja, que generan grandes volúmenes de información. Además de las que ofrece el satélite geoestacionario BOES, que nos da importante información de la red Copernicus (que está en órbita baja) y que también nos pueden dar enormes cantidades de información, por eso aspiramos a ir trabajando con eso.
Ni hablar del tema de la conectividad que es requerida para este tipo de servicios, vinculada a la infraestructura de fibra óptica que tenemos en curso. Estamos haciendo los mayores esfuerzos posibles para que este mismo año nuestro país ingrese al proyecto Vela II, que permitirá multiplicar la velocidad de conexión de los servicios académicos y centros de investigación a 100 gigabits. Es una locura que pondrá al país en condiciones extraordinarias
Si tuviese que definir el foco del ecosistema y de la agenda digital del país ¿qué diría?
Diría que tenemos una gran infraestructura digital, que cumplimos el hito único en las Américas de llegar a todas las localidades de más de 1.000 habitantes y que este mismo año vamos a cumplir el hito de llegar a todas las localidades de más de 500 habitantes con fibra óptica. Tenemos un nivel de despliegue de la red 4G que alcanza el 99 por ciento del territorio y un despliegue muy acelerado de la red 5G, que nos permite suponer que en un plazo relativamente breve podremos estar haciendo algún anuncio interesante también en la materia.
Diría que estamos en condiciones extraordinarias para pensar en otros niveles de desarrollo. Uno de ellos es un desafío surgido a partir de la digitalización, que es cerrar las brechas, ya no de acceso porque están cerradas en nuestro país, sino de uso.
¿Por ejemplo?
La última encuesta de uso de tecnologías desde la información y la comunicación que tenemos muestra que empiezan a generarse importantes brechas de uso en relación con los sectores de los quintiles 1 y 2 de la población versus los 4 y 5. La brecha más notoria es la que se da entre el quintil 1 y el quintil 5 por nivel socioeconómico, que muestra diferencias de uso realmente muy significativas. Aunque todo el mundo accede a Internet, lo hace para distintas cosas: mientras los niveles socioeconómicos más bajos acceden fundamentalmente para comunicarse con su entorno y usar redes sociales, el quintil 5 hace un uso productivo tanto desde el punto de vista académico como económico. Empiezan a hacerse notorias unas disparidades que nos obligan a pensar en que el concepto de conectividad significativa tiene que ser llevado a tierra.
Uno de los desafíos es cerrar la brecha de uso por nivel socioeconómico, por escolaridad y formación académica; y de edad. Hay un dato muy impresionante que es que el 75 por ciento los jóvenes de entre 15 y 29 años de Uruguay usan IA. Es un datazo, sobre todo si se compara con los adultos de más de 60 años, entre los que sólo el seis por ciento de ellos usan IA. Esto nos muestra una brecha muy significativa, sobre todo porque una persona de 60 años no es un venerable ancianito sino una persona en edad productiva, y sobre todo, porque en la mayor parte de nuestros países, la gente de esa edad se ve obligada a trabajar por no tener la vida económicamente resuelta.
Esta brecha empieza a ser significativa; sobre todo porque para los mayores de 60 años empieza a ser difícil percibir, inclusive, si se está comunicando con un agente de IA o con una persona real; y hay que empezar a trabajarlo con mucha fuerza.
Se trata, desde este punto de vista de las brechas de uso, de desarrollar al máximo las capacidades de nuestra gente sin dejar a nadie atrás; lo que requiere de una política activa desde el Estado, para resolverlo.
¿Y las telcos?
El desafío es el de convertir a la industria de las telecomunicaciones, que tradicionalmente es una industria de servicios, para convertirla en una que permita trabajar en nuevas tecnologías para el desarrollo nacional; no sólo como backbone o columna vertebral de los desarrollos tecnológicos que se puedan generar sobre ella, sino desde ella.
O de pensar en industrias tecnológicas electrónicas, que se complementen con las telecomunicaciones, para generar en nuestro país una producción de manufacturas con intenso valor agregado, que permitan ubicarnos en otro lugar de la economía regional y global. Particularmente, a partir del desarrollo del acuerdo Unión Europea-Mercosur, entre otros
En esa línea, hace casi un año, el presidente de Antel nos planteó que lo más urgente para la operadora era “recomponer la capacidad de innovación”
Claro. Antel estuvo a la vanguardia del sector de las telecomunicaciones durante 20 de los últimos 25 años, y esos cinco años en los que no estuvo a la vanguardia de la innovación tecnológica se notaron. Se sabe lo que son cinco años de siesta en tecnología y en telecomunicaciones, particularmente. Hoy se trata de recuperar esas capacidades y de lograr que el país vuelva a estar en el rol en el que había estado y que aspiramos que retome.
Hace unos días, la titular del MIEM, Minería, Fernanda Cardona, anunció la idea de volver a poner espectro otra vez a disposición del mercado
Sí, existe la voluntad de poner a disposición de las empresas nuevamente algunos bloques de espectro y se está trabajando en la identificación de las bandas de frecuencia, así como de las condiciones de subasta porque, aunque la modalidad será básicamente la misma de siempre, cada administración le hace algún toque, algún acento.
¿Qué cambiaría, por ejemplo, frente a la subasta de 2023?
La subasta del año 2023, que adjudicó espectro de 3,5 GHz para el despliegue de 4G y 5G, fue la primera que tuvo condiciones de despliegue. Pero eran condiciones de despliegue muy mínimas y la mayor parte de las empresas, con el sólo hecho de existir y de hacer su trabajo, ya cumplían con las condiciones de despliegue.
Pero fue la primera vez en que hubo condiciones de despliegue asociadas a la subasta. Y las habrá, seguramente, en esta subasta que se convocará en esta oportunidad, con alguna otra novedad que estamos estudiando.
¿Qué demandas recibieron para ofrecer espectro nuevamente al mercado?
Tenemos el requerimiento de despliegues para cubrir los usos vinculados a los desarrollos industriales, para los que no estaría dando abasto debido el uso intensivo que ya se hace por las aplicaciones de uso personal. Habría que dedicar espectro, ahora de manera exclusiva, para aplicaciones industriales.
¿Para las redes privadas, por ejemplo?
En Uruguay no se han dado redes privadas, pero es un modelo de negocios que empieza a surgir, particularmente, a partir de pensar en desarrollos industriales. Tu me preguntabas recién por la captación de data centers, aunque la conectividad de los data centers se produce a través de cables submarinos y de redes de fibra óptica, por el volumen de datos que manejan, lo cierto es que los sensores que utilizan internamente están asociados al uso de espectro radioeléctrico. Esa es una de las posibilidades, entre otras que se han planteado. Quedan, además, algunos remanentes, de algunos bloques de bandas ya subastadas que podrían ponerse a disposición. En fin, estamos en un proceso de análisis, sin apuros.
¿Este llamado sería para antes de fin de año?
Sí, seguramente. Para este año, la convocatoria. Porque todo el tema de las bases, los plazos para presentar los requisitos, los estudios, en fin. Recién después de ese proceso se produce la subasta y puede llevar un tiempito, pero la convocatoria probablemente sea este año.
¿Cómo observan la salud del mercado telco, su reconfiguración y competencia?
Nuestro país tiene este modelo tan particular, esta suerte de mercado híbrido en el que tenemos un operador que concita el apoyo y el respaldo de la población de manera masiva como es Antel, pero que trabaja en competencia con los operadores privados. Tanto los dos operadores que había en su momento, que eran Telefónica y AM Wireless, en banda ancha móvil, y Dedicado en banda ancha fija, en este caso Dedicado como operador inalámbrico.
Luego, el advenimiento de Millicom a nuestro país generó la entrada de un operador que a diferencia de Telefónica (que estaba en una situación de operador saliente, buscando comprador y cuyas inversiones eran más que moderadas) es un operador entrante, que quiere invertir, competir y ganar porciones de mercado. Me parece que eso le hace bien a nuestro país, a la industria y por ende, genera grandes ventajas para toda la población.
Este es un mercado en competencia y lo mejor que Uruguay tiene para aportar, en ese sentido, es la previsibilidad jurídica y la estabilidad institucional; es algo que pretendemos mantener. Sin embargo, también aspiramos a que esa competencia se dé de la manera más sana posible.
Para esta administración, la industria de las telecomunicaciones en nuestro país es impensable sin Antel como la gran locomotora del tren de esta industria. Al mismo tiempo que apostamos a la competencia, apostamos a que Antel se desarrolle de todas las maneras posibles.
Desde hace años, el tema de la competencia y el rol de Antel fue debatido, por ejemplo, ante iniciativas como la de portabilidad numérica o la vinculada al ingreso de los operadores de televisión para abonados al mercado de la fibra óptica, ¿cuál es su mirada hoy?
Ciertamente afectó mucho menos de lo que esperaban quienes impulsaron estas medidas. Porque la portabilidad tuvo un impacto muy menor: la gente que optó por portar fue muy poca, unas 200.000 portaciones, si mal no recuerdo, en un mercado de seis millones de líneas.
Al mismo tiempo, esa portación sí afectó a los operadores, pero no sólo al estatal. Generó una suerte de guerra de precios que, luego, se terminó estabilizando; además del mal sabor que tuvieron los clientes a quienes se le ofreció el oro y el moro por un año y luego, se volvió a tarifas no promocionales. La gente se quedó con la sensación de que la engañaron. La portabilidad sí tuvo un efecto, que no fue el que se buscaba y, por suerte, no fue tan nocivo.
Del mismo modo, la obtención de las licencias clase B por parte de los operadores de televisión para abonados por supuesto que generó un perjuicio para el operador de telecomunicaciones porque no existen casos de uso de localidades donde hubiera operadores de televisión para abonados en los que no estuviera Antel con conexión de fibra óptica. Por lo tanto, era una disputa de servicio y de precio en un mercado ya maduro, fue como pescar en una pecera. Esto también ha tenido un efecto mucho más limitado de lo que esperaban quienes apostaron a esta modificación normativa, y de eso da cuenta el último informe de URSEC; creo que fueron no más de 20.000 personas que optaron por el cambio.
Para ir cerrando, hay tres temas que me parece que son cada vez más importantes para la industria: energía, ambiente y soberanía, por ser coyunturales, de geopolítica y de estrategia tecnológica; y sobre los que quisiera conocer su mirada.
Uruguay creo que está en estupendas condiciones para jugar un rol importante. Aquí, funciona, el modelo de la empresa estatal de energía eléctrica (UTE) que, con inversiones propias o asociadas a pequeños inversores privados, ha desarrollado, además de la energía hidroeléctrica, la eólica, la fotovoltaica y la biomasa; y que nos permiten tener prácticamente el 100 por ciento de la energía eléctrica que se consume en Uruguay obtenida a través de fuentes renovables. De hecho, la principal central termoeléctrica del país, la Central Valle, en este momento se enciende para que no pierda sus capacidades en caso de algún tipo de dificultad como respaldo.
Al mismo tiempo, la red recibió inversiones muy importantes que nos permiten tener una conectividad a la red eléctrica muy segura, que tiene escasísimos eventos de corte y que, en general, se resuelven de manera muy rápida y puntual. Esto nos pone en una situación muy adecuada para ofrecer a nuestro país para, por ejemplo, el alojamiento de data centers de IA.
Al mismo tiempo, una de las cosas que ha sucedido con los data centers en buena parte del mundo es su elevado consumo de agua potable, que es un recurso escaso, finito e imprescindible para la vida. Y se generó un debate que, en el caso de la instalación del data center que Google está construyendo se resolvió de una manera muy razonable: se le establecieron condiciones respecto al consumo de agua que hizo que modificara el proyecto original y lo volviera más que moderado, escaso diría. Este también es un aporte que podemos hacer en relación a la utilización de este tipo de recursos que, insisto, son necesarios para la vida.
¿Y en materia de soberanía?
Y en materia de soberanía de los datos, tenemos una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial y Datos, y una Ley de Protección de Datos Personales y Normas de Gobierno Electrónico, que establecen cómo el Estado debe preservar los datos que tiene sobre las personas y dónde se pueden almacenar. Es una normativa vigente y una política. Hemos hecho una serie de acuerdos, por ejemplo, entre Antel y Google Cloud para el uso de la plataforma de Google en la que, sin embargo, tanto las aplicaciones como los datos son mantenidos en servidores nacionales.
Hicimos también un acuerdo con Microsoft para desarrollar un laboratorio de IA para el bien, como le llama Microsoft, y lo hemos utilizado para desarrollar prototipos para la administración pública uruguaya. Entre las condiciones que estableció el Estado uruguayo, fue que los prototipos a los que se lleguen tienen que poder ser implementados con cualquier plataforma de IA o con plataformas soberanas de IA. También, que los datos que se utilizan quedan en el país, deben ser almacenados en el territorio nacional y no se pueden exportar como parte del trabajo de estos modelos o prototipos de IA.
Por otra parte, se instaló hace dos semanas el Comité Empresarial para la Ética de la Inteligencia Artificial en Uruguay con el apoyo de UNESCO y eso ubica al país como el primero del continente.
A eso se suma que la semana pasada se estableció el instrumento de entornos controlados de prueba o sandbox regulatorios para desarrollos de IA, con la idea de que, sin ahogar la innovación, se logren establecer regulaciones y procedimientos seguros para poder diseñar soluciones en el país.
Modestamente, aquí hay algunas experiencias que pueden ser tomadas por quienes trabajan estos temas en el resto del mundo, que descartan la visión de que el mercado regulará solo el desarrollo de la inteligencia artificial, cosa que parece poco adecuada, y que tampoco adopta normativas que ahoguen la innovación y que hagan que las empresas busquen otros lugares para trabajar.
Este país tiene para ofrecer estabilidad institucional y reglas claras, incluso en la disputa de mecanismos transparentes que permitan resolver los diferentes silos y que, al mismo tiempo, estimulen el desarrollo de la actividad productiva.
Para finalizar, y en línea con los debates ambientales y de consumo energético en el país, se conocieron indicadores respecto a la “isla de calor local” que genera el data center de Antel o que el consumo energético del data center de Google resulta excesivo. ¿Qué mirada o medidas tienen al respecto?
Las preocupaciones sobre el medioambiente no deben ser solo de los ambientalistas sino de toda la sociedad; cómo desarrollamos el medioambiente quiere decir cómo nos desarrollamos nosotros con cómo viven nuestros hijos, nuestros nietos, y qué mundo dejamos. Debería ser una preocupación de todas y de todos. Por supuesto, decir también que la actividad humana no es inocua para el medioambiente.
Lo que nosotros debemos buscar y garantizar es la aplicación de los mejores estándares que permitan que esos desarrollos no afecten a la naturaleza y a la sociedad en su conjunto. Y esos estudios que se conocieron nos obligan a revisar, a buscar…y a mejorar la forma en que trabajamos los estándares, las exigencias que imponemos a la industria y las formas en que regulamos las instalaciones. Lo que no está previsto es plantearnos que nuestro país quede al costado de los grandes desarrollos en materia de telecomunicaciones.
Queremos ser un hub tecnológico regional, un nodo de innovación para el continente y el mundo; y lo que tenemos que buscar es cómo minimizar estos impactos. Con el data center de Google se minimizó el consumo de agua y si tenemos un consumo energético que afecte la posibilidad de abastecerse con energías renovables, habrá que revisar el volumen del negocio. Lo que se busca es que el abastecimiento sea con energías renovables, limpias, seguras y que ese sea el modelo de trabajo.
Sobre el estudio que se realizó de la generación de calor del data center de Antel, requerirá también más estudios; para validar esos datos y, a partir de eso, lograr encontrar las mejores soluciones posibles, en caso de que se confirme un impacto de esas características.
Es parte del trabajo que hay que hacer todo el tiempo y que nos obliga a pensar en distintas formas de regular. Hoy pensamos en regular y pensamos en mercados en competencia o pensamos en servicio de calidad del usuario, y difícilmente pensamos en un organismo regulatorio señalando que se deben consumir menos de tantos kilowatts, en el consumo de agua o en la afectación del horizonte visual. Tenemos que empezar a pensar en cosas que hacen a nuestra vida y no sólo al desarrollo de los sectores económicos.