Conectividad escolar, de eso se trata. De llegar con enlaces que sirvan a los fines pedagógicos en las escuelas públicas argentinas, sobre todo de la ruralidad. Esta tarea, que desarrollaba la empresa satelital local Arsat, con infraestructura propia y articulando con diferentes actores del ecosistema local, como las Sociedades Anónimas con Participación Estatal Mayoritaria (SAPEM), ahora quedó en manos de Starlink a través de un contrato que prevé una donación de dos años y, al tercero, el pago de 3,6 millones de dólares. El anuncio, los detalles y las especulaciones.
El primero te lo regala…
Este miércoles 2 de septiembre se publicó en el Boletín Oficial argentino la Resolución 857/2026, en la que la administración local habilitó a Starlink a llegar con servicios a 6.000 escuelas públicas y lo presenta como una donación de dos años que, al cabo del tercero, tiene costo.
El Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), administrador del Fondo de Servicio Universal (FSU), en su carácter de coordinador general de esta estrategia, junto a la Secretaría de Educación (dependiente del Ministerio de Capital Humano), responsable de confeccionar la nómina georreferenciada de escuelas beneficiarias y articular con provincias/municipios, avalaron que Starlink ofrezca su servicio de Internet satelital de alta velocidad (con enlaces de entre 2TB a 5TB de datos prioritarios, atención preferencial e IP pública), durante 24 meses.
Se trata un plan previsto a cuatro etapas y tres años. La entrega de equipamiento se hará en dos tandas iniciales de 1.000 kits y, luego, otras dos de 2.000 cada una, a la vez que se pondera que Starlink “done” el servicio de conectividad por dos años, y que al tercero perciba 3.600.000 dólares de financiamiento provisto por el FSU.

Imagen: rawpixel/Unsplash
En la resolución –disponible aquí– se incluyen dos anexos que van al detalle y precisan que, por ejemplo, este contrato de “donación con cargo” involucra que 9.978.000 dólares sean donados al FSU en calidad de kits, accesorios y envío (por más de 2,7 millones de dólares); y del servicio de Internet Starlink por 24 meses (cuya tarifa supera los 7,2 millones de dólares).
“Adicionalmente, se establece que el ENACOM cubrirá los siguientes DOCE (12) meses de servicio de internet Starlink con fondos del Servicio Universal, para los SEIS MIL (6000) establecimientos educativos, utilizando el mismo valor reducido del plan de impacto, de DÓLARES ESTADOUNIDENSES TRES MILLONES SEISCIENTOS MIL (USD $ 3,600,000.00) IVA incluido. Dicho importe será facturado por Starlink Argentina SRL al ENACOM”, precisa, a la vez que se establece que la jurisdicción legal sean los Tribunales Federales, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
¿Pero las escuelas rurales argentinas no estaban conectadas a Internet?
Sí, y muchas a través de la propia infraestructura pública que el país construyó durante años a través de una empresa que hace un año se identificó como superavitaria, Arsat: con sus dos satélites geoestacionarios en órbita, al ARSAT-1 y el ARSAT-2, y la obra de un tercero estancada, el ARSAT-SG1; más 31.000 kilómetros de tendidos físicos en la Red Federal de Fibra Óptica (Refefo), un data center (CDN) que posee certificaciones de organismos internacionales (Tier3, entre otras), con capacidad para más de 600 racks y una sala de máxima seguridad, en 4.200 metros cuadrados. Además, de ser responsable de la Televisión Digital Terrestre (TDA) y participación en tendidos de cables submarinos.
Hasta no hace mucho fue responsable de coordinar la conectividad al 90 por ciento de las escuelas del país, en el marco del plan Conectar Igualdad; y de llegar con enlaces a 1.845 instituciones educativas públicas, a través de satélites de terceros y del ARSAT 1. También tenía previsto migrar otras 4.000 nuevas escuelas; mientras el resto serían conectadas de forma terrestre mediante la Refefo, tal como sucede con 14.500 escuelas.
“En el país hay 18.000 escuelas rurales en total, sin embargo, el Gobierno, en vez de intentar darle conectividad a las 12.000 que faltan, apunta a eliminar lo que ya hizo (bien) Arsat y le da el negocio a su amigo personal Elon Musk”, dijo Daiana García, delegada de Arsat, en un artículo de opinión publicado en el medio local Tiempo –aquí– y advirtió que, este paso supone que los avances tecnológicos dados se pierdan o deba pagarse el costo de desmontarlos.
Quizá, entre los costos de la operación haya que ponderar también la perdida en la capacidad de desarrollo local, de habilidades y de desarrollo de una industria propia. Ni hablar de soberanía tecnológica.
En diálogo con diversos actores de la industria, TeleSemana.com escuchó desde la celebración a la preocupación por el acuerdo anunciado hace un mes, del señalamiento que esta experiencia servirá como valor de referencia para que, luego, los municipios o las administraciones provinciales se hicieran cargo del costo de la continuidad, más allá de estos tres años iniciáticos. También, el sinceramiento de que conectar a través de la banda Ku (a través de la adaptación de la conectividad que ofreció el sistema de satélites GEO disponibles en Arsat) es más caro. Pero del precio, hablaremos después.
Operadores y las SAPEMs
Orbith es uno de esos operadores que formaban parte de la cadena de valor de la conectividad satelital de 4.000 escuelas y uno de los distribuidores de Starlink en Argentina; y quien hace dos años entregó kits a 17 SAPEMs distribuidas en todo el país para facilitar el despliegue.
Una de esas SAPEMs se llama Saltic y está en Salta, una provincia que está ubicada en el norte del país y que tiene una gran complejidad topográfica: tiene yungas, valles y puna. Su presidente, Ricardo Guillermo Villada dijo a Telesemana.com que recurrían a las iniciativas públicas de despliegue de infraestructura como las ANR y la Refefo, pero que hace dos años, “con la llegada del nuevo gobierno todo eso se agotó y sobrevino una situación en la que ese desarrollo quedó prácticamente paralizado. Hasta que llegó Starlink”.
Recordó que hace dos años más o menos recibieron parte del equipamiento satelital que repartió Orbith, y que ahora ofrecerá Starlink.

ORBITH ARECO RURAL
“Estamos sorprendidos por el rendimiento que tienen las antenas que hemos instalado”, dijo Villada en relación a los emplazamientos que esta SAPEM tiene en organismos dedicados a la seguridad, la salud, wi-fi público en plazas y la educación.
“Al igual que muchas provincias, tenemos muchas escuelas que están muy desconectadas. A algunas de ellas no se llega ni siquiera en ruta, sino que a lomo de burro nomás”, dijo y se manifestó expectante de recibir las cerca de 200 antenas que le tocaría. “Eso nos permitiría avanzar sobre reemplazo tecnológico, fundamentalmente, en lugares más distantes donde creemos que el servicio se va a mejorar ostensiblemente”.
“En proyectos de conectividad escolar a gran escala, el desafío no pasa solamente por contar con el enlace, también hay que resolver el despliegue, la instalación en campo, la logística, la puesta en marcha, el monitoreo, el soporte y el mantenimiento del servicio”, valoró Marcos Vázquez, director Comercial de Orbith, y consideró que “existe una buena oportunidad para complementar la tecnología de Starlink con las capacidades locales de ingeniería, implementación y soporte que cuenta Orbith ya desplegadas en todo el país”.
La ecuación del costo-beneficio
El tema de los costos no es menor y para precisarlo, TeleSemana.com consultó a un especialista de la industria, Carlos Blanco, director de Análisis de Mercado para América Latina de Dataxis, quien subrayó que la diferencia debería ser muy inferior via Starlink, dado que “el costo por Mbps es ridículo, al punto que es casi igual al de cualquier opción fija”. Y puso el foco en las diferencias técnicas que ofrece la banda Ku y los servicios que se prestan por órbita baja (LEO, por sus siglas en inglés).
A modo de ejemplo, Blanco ofreció el caso de Brasil: “el ARPU promedio de Starlink es de 47 dólares y las velocidades de download son de entre 100 y 200 Mbps; un plan de 40 GB de descargar de Hughesnet, proveedor sobre banda Ku, cuesta 65 dólares y tiene la mitad de velocidad de descarga (50 Mbps). Es decir, en Starlink el precio del Mbps cuesta 0,31 dólares y en Hughesnet USD 1,30 dólares, en una velocidad de 150 Mbps”.
Pero también advirtió que esta comparación no sería del todo justa, dado que en el caso de Arsat “podría lograr mejores precios mayoristas”, aunque también “juega el costo de los equipos LEO que también son más económicos”, y que se refleja en que las geoestacionarias estén saliendo del mercado residencial, como sucedió con Eschostar hace pocas semanas.
Tampoco entraría en la ecuación el potencial de lo que hubiera sucedido si Arsat hubiera podido avanzar con las capacidades de su tercer satélite GEO, porque no se trata de un problema de Arsat sino de que esta tecnología geoestacionaria fue pensada para otros usos.
Fuentes de Arsat, que prefirieron conservar su identidad en reserva, estimaron a TeleSemana.com que la diferencia de costos sería, a valores actuales, de un tercio frente al de Starlink.
En la comparación de las velocidades, la fuente consultada dijo que entre 2012 y 2017, Arsat ofreció 2 megas de bajada y 512 de subida; y que en 2022, a manos de banda KA, 10 megas con 1 mega de subida, planes de servicios sin límites de giga. También que Arsat sigue brindando servicios y mantenimiento, pero que por estos no perciben los honorarios desde diciembre 2023.
Para Vázquez, “la comparación no debería limitarse únicamente al precio del enlace de conectividad. La ecuación del costo-beneficio depende del alcance integral del servicio, que no solo está compuesto por el valor de la conectividad. En iniciativas de esta escala, de esta magnitud, además es necesario contemplar aspectos como la logística, la instalación y puesta en marcha, el monitoreo proactivo y reactivo, el soporte técnico, las asistencias técnicas en campo, son todos componentes que forman parte del valor final de la solución”.
Aunque también descartó que existiera una tecnología que “sea por sí sola la más conveniente para todos los escenarios. La alternativa más adecuada siempre va a depender de las características del proyecto, la ubicación, la disponibilidad requerida, la capacidad de movilidad de los equipos, la criticidad del servicio, los tiempos de despliegue y nivel de soporte, el volumen de datos requerido”.
Lo cierto es que Arsat está en conflicto con la actual administración de gobierno desde 2023, por razones gremiales pero también por cuestiones de valoración corporativa. Inclusive, fuentes en off the record confiaron que en lugar de utilizar los recursos que dispone en el data center local, se pagan servicios de nube a Google desde hace año.
“En la mayoría de los casos, las escuelas que conectó Arsat eran la conexión del pueblo, especialmente los pueblos de montaña o de muy pocos habitantes” dijo la fuente de Arsat que prefirió la reserva, y contó de la experiencia de llevar una antena antena de V-Stat a lomo de mula y envió la imagen, tal como lo ilustró el vocero de la SAPEM.
Lo que se puede apuntar también es que la “donación” de Starlink llegó a Paraguay y Bolivia, pero esto bien amerita otro artículo.
Con todo, el traspaso de la conectividad escolar rural en Argentina de manos de Arsat a la red LEO de Starlink reabre un debate histórico sobre la política tecnológica estatal, pone al rojo nociones como la soberanía digital y el costo a largo plazo, la brecha digital y la preservación del ecosistema industrial local.
Por lo pronto, este esquema de “donación con cargo” ya está en marcha y también exhibe el avance de una narrativa donde la infraestructura satelital de baja órbita propone resolver las conectividades más complejas… aunque aqui agrega una factura millonaria que comenzará a reclamar Starlink dentro de tres años… cuando la muestra gratis termine.

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