El modelo de despliegue de la 5G deberá “ser diferente” ¿será que los mexicanos tenían algo de razón con su red de 700 MHz?

La llegada de la 5G se espera en el mercado en 2019, un año antes de los previsto, ya que durante el Mobile World Congress 2017 (MWC2017) celebrado en marzo, los grupos de estandarización actualizaron su calendario para dejar definido el estándar de radio de la 5G, el cual quedará “congelado” a finales de este año. Este adelanto permitirá a los fabricantes empezar a desarrollar equipos que se ajustarán al estándar y permitirá que se realicen las pruebas de campo necesarias para el lanzamiento de la tecnología, como decíamos, en 2019.

Aunque lo más significativo de la 5G parece ser su capacidad para abrir nuevos modelos de negocios para los operadores —ya que les abrirá la puerta de los verticales, necesitados de una conectividad y plataformas que les hagan más eficientes—, no podemos olvidar que los operadores han repetido hasta la saciedad que los modelos de despliegue de la 5G no pueden seguir el trazo de generaciones anteriores. Simplemente, han hecho los números y de tener que repetir con la 5G el modelo de despliegue de la 4G, las finanzas de los operadores se verían comprometidas.

Por ello, los operadores más avanzados están demandando que se genere un esquema nuevo, más eficiente, o barato, de despliegue de la nueva tecnología. Su implementación es más escollo que el calendario de los organismos de estandarización, y por ello, si bien vamos a poder ver algunos lanzamientos de la 5G en lugares muy puntuales, su despliegue queda supeditado al desarrollo de una nueva fórmula, la cual aún no existe.

Y entonces es cuando viene a la mente la tan criticada red compartida de 700 MHz de México y nos damos cuenta de que es posible que en ese mercado ya vieran venir el dilema de las redes de siguiente generación móvil. Estamos entrando en la era dónde la teoría se empieza a cruzar con la práctica. Se han dicho cosas como que en el futuro sólo habría dos redes móviles por mercado y muchos proveedores de servicio. Visto desde la actualidad, no era como ese punto de equilibrio en economía que parece que nunca llega sino que era una predicción tan real como la de aquellos que en el año 2.000 decían que el precio de la voz móvil tendía a cero.

Compartir infraestructura no es nuevo, aunque se podría haber hecho muchas más veces y de mejor forma. Por ejemplo, los operadores brasileños así lo hicieron para hacer más eficiente la cobertura en los estadios de la Copa del Mundo de 2014. Tampoco lo es crear un “neutral host” para que el resto de operadores se conecten, como está sucediendo para llevar conectividad a interiores en edificios corporativos, centros comerciales o los propios estadios de fútbol. Si en estos casos es más eficiente este esquema y siendo que el modelo de despliegue tradicional ya no lo es ¿por qué no podría ampliarse a una red nacional?

El caso de México con su red compartida podría ser un modelo a tener en cuenta, si no fuese porque los ejemplos de redes que intentaron implementar este modelo en Rusia y Ruanda fracasaron, según un reporte de la GSMA, y los de Kenya, Sudáfrica y Estados Unidos con LightSquare nunca llegaron a materializarse —el de México va con retraso—. Los motivos por el cual estos proyectos han fracasado son variopintos, empezando porque los propios operadores no tienen incentivo en contratar esta capacidad a otro operador cuando aún pueden sobrevivir con sus propios activos espectrales y cuando ellos mismos tienen un elevado incentivo por atacar este tipo de iniciativas, especialmente si vienen bajo imposición regulatoria.

Tampoco ayuda a que el modelo de negocio solo por acceso está en decadencia por lo que para hacerlo sustentable habría que revisar los precios de concesión del espectro, un factor que también se tendrá que tener en cuenta para desplegar la 5G, independientemente del modelo adoptado para el despliegue de la infraestructura.

Y decimos que la red compartida de México podría ser un modelo a evaluar pero matizando su puesta en escena. La idea es que los operadores puedan desplegar redes de forma más eficiente, lo que supone desplegar menos duplicidad de infraestructura y aprovechar mejor el espectro. En este sentido deberían de ser los propios operadores los que conjuntamente propusieran un modelo de cooperación que redujera lo que parecen ser vicios del modelo wholesale propuesto en los ejemplos antes mencionados.

No cabe duda de que si los operadores reclaman nuevos modelos de implementación para la 5G, deberán indudablemente estar abiertos a forjar alianzas más profundas con sus competidores para desplegar la infraestructura de forma eficiente y competir en el ámbito de los servicios y no del acceso.

Su propia petición de un modelo de desarrollo de red 5G nuevo, más eficiente, indica que no tiene sentido que cuatro empresas diferentes repliquen una infraestructura que cuesta un ojo de la cara para competir en aquello que venimos alertando que pierde su valor: el acceso. Y son los propios operadores que constatan esta realidad al decir que los números no cuadran.

Se repetirá el mantra de que a los operadores no les gusta compartir, ni espectro, ni red, ni servicios ni ingresos. Pero la realidad es que cerrarse, como se ha visto con los proveedores over the top (OTT), no es una estrategia válida en un mundo de alianzas. Algo que no es nuevo: históricamente siempre triunfaron aquellos que supieron forjar alianzas y no los que se cerraron en sí mismos. Y con la llegada de la 5G existe un riesgo importante que va más allá de los operadores, y se trata de los propios potenciales clientes de los operadores.

Los verticales empiezan a ver que la 5G puede ser un elemento fundamental de sus operaciones y las grandes empresas podrían determinar que ha llegado la hora de embarcarse en entrar en el segmento de la 5G. Esto es lo que decía un reporte de Arthur D. Little en julio de este año sobre la 5G y los verticales:

Más allá de las aplicaciones de consumo, las empresas están investigando activamente cómo pueden beneficiarse de 5G, e incluso pensando en sus propios modelos de implementación (por ejemplo, fabricación inteligente). También estamos viendo industrias enteras organizarse en ecosistemas que se beneficiarían colectivamente de las redes 5G.

Sólo queda esperar que los operadores en su demanda de querer recibir nuevas ofertas de implementación de la 5G no pongan el grito en el cielo cuando se les propongan modelos alternativos como los de compartir infraestructura de forma más generalizada. De lo contrario, acabarán peleados entre ellos, con sus proveedores y con todo un ecosistema que no les va a esperar.

Rafael A. Junquera
Cuenta con más de 16 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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