Brasil tomó en serio la idea de desarrollar una política pública vinculada al impulso de la industria de data centers en el país, con criterios ambientales, de seguridad y de sostenibilidad, porque está íntimamente vinculado con el horizonte a futuro; uno en el que la digitalización de procesos, la computación en la nube, la virtualización de redes y el uso intensivo de la inteligencia artificial (IA) ponen en el centro de la ecuación a las redes de telecomunicaciones. En ese camino, la Agencia Nacional te Telecomunicaciones (Anatel) presentó un Libro Blanco sobre el tema, en el que expone el concepto, la coyuntura y la apuesta general, en sintonía con el Régimen Tributario Especial para los Servicios de Centros de Datos (REDATA) y la política pública sobre centros de datos y cables submarinos que se publicaría en enero.
Se trata de un documento en el que se plantearon temas vinculados a la seguridad física y cibernética (los requisitos y mejores prácticas para proteger la infraestructura crítica), la sostenibilidad y eficiencia energética (estrategias para reducir el consumo de energía y las emisiones de carbono), el panorama global y nacional (comparación de los estándares internacionales y la dinámica del mercado brasileño), como también los desafíos y oportunidades (que van desde la universalización de los servicios hasta el uso de nuevas tecnologías, como 5G y edge computing).
“La creciente exigencia de conectividad de alto rendimiento, aplicación de la IA, renderizado, eficiencia energética, baja latencia, impulsada por la implementación de la tecnología 5G y por la expansión de servicios digitales críticos, ha redefinido los parámetros de concepción, implantación y operación de los centros de datos. De esta forma, los centros de datos se consolidan como componentes esenciales de la economía digital contemporánea, desempeñando un papel central en la implementación de servicios innovadores, escalables y resilientes”, dice el reporte que busca servir como referencia informativa y analítica, a la vez que aspira a contribuir al debate calificado sobre este segmento en el país.
El foco de la apuesta
Brasil entiende que el desarrollo de infraestructura crítica, entre las que incluyen a los data centers tiene un carácter estratégico, tanto para el desarrollo de una economía y una sociedad conectada.

Data centers e inteligencia artificial – Crédito: Pixabay – Franganillo
En ese horizonte, identifica que el avance de la IA – para la que ya desarrolló una política pública con presupuesto y objetivos de largo plazo-, el rendering y la implementación de 5G -que alcanza una evolución récord– son los principales factores que redefinen los requisitos de cómputo, con alto rendimiento, baja latencia y mayor eficiencia energética.
Todo esto, además, en el marco de una previsión de crecimiento inédito de la demanda global de electricidad, que podría duplicarse hasta 2026 y cuya sostenibilidad es prioritaria, como consecuencia del requerimiento de los centros de datos y de la IA.
El trabajo cita a un informe divulgado en el primer semestre de 2024, en el que la Agencia Internacional de Energía (IEA) destacó que habrá un crecimiento inédito de la demanda global de electricidad, “que puede más que duplicarse hasta 2026, debido al avance de los centros de datos, la minería de criptomonedas y la inteligencia artificial”.
Y continúa: “La Agencia estima que, en los próximos dos años, el consumo global de energía eléctrica por centros de datos se sitúe entre 620 y 1.050 teravatios-hora (TWh), dependiendo del nivel de la evolución tecnológica a lo largo de ese período, siendo que la cifra de mayor crecimiento equivaldría a la demanda de energía de países altamente desarrollados, como Alemania y Japón”.
Además, tiene un profundo enfoque regulatorio. Por un lado, vinculado a la ciberseguridad, donde se encolumna la aprobación del Reglamento de Seguridad Cibernética (R-Ciber), aprobado en 2024, tendiente a normatizar de forma indirecta a los proveedores de telecomunicaciones y obligarlos a gestionar los riesgos derivados de la contratación de servicios críticos de centros de datos y cloud computing; aunque también instala la necesidad de que los data centers adopten certificaciones y estándares internacionales. Por el otro, vinculado a la interoperabilidad y la latencia, y al financiamiento, porque se plantean estrategias de desgravación fiscal y otras.
“El ecosistema digital es un entorno complejo y dinámico formado por diversos agentes interconectados que trabajan en conjunto para crear, entregar y capturar valor de productos y servicios digitales. La cadena de valor representa la secuencia de actividades que transforman ideas y recursos en soluciones digitales para los consumidores”, dice el Libro Blanco, y añade que “el mercado de centros de datos presenta economías de escala y alcance no despreciables, resultando en barreras de entrada, así como en requisitos técnicos y de capital intensivo, lo que implica una limitada capacidad de impugnación”
Como es de esperarse, la cuestión de la soberanía y la descentralización también están en la agenda, porque el documento recuerda que cerca del 60 por ciento de la carga digital se ejecuta en centros de datos en el exterior, y esto subraya la importancia de avanzar en la materia.
De las oportunidades
Un punto interesante de este documento es que aborda los desafíos y las oportunidades futuras. Plantea al desarrollo de la IA y de la computación de alto rendimiento como los principales motores de la expansión e innovación tecnológica en el mercado de centros de datos.
En ese umbral, ubica a Brasil como un mercado prometedor, con una capacidad proyectada de hasta 1.210 MW para 2029, lo que representa importantes oportunidades de crecimiento; pero que también involucra desafíos a superar.
En el orden de los desafíos, la Anatel consideró que el país aún posee una elevada carga impositiva, aunque advirtió que hay iniciativas de gobierno tendientes a reducirlas para promover las inversiones en el sector y anticipar los efectos de la reforma fiscal. Un ejemplo es el régimen presentado hace tres meses.
Otro de los desafíos pasa por la concentración geográfica, dado que la mayoría de los centros de datos se nuclean en San Pablo y en los puntos de anclaje de cables submarinos, lo que genera preocupaciones de seguridad y resiliencia; por eso el plan pasa también por la descentralización.

Pixabay – Elchinator
En el haber, además, se destaca que se trata de un sector que demanda de grandes inversiones, que hay escasez de mano de obra cualificada, que la producción nacional de componentes es limitada (algo que impone la importación de equipos críticos) y esto aumenta los costos.
En materia de costos, justamente, el consumo energético ocupa un lugar destacado: pueden representar hasta el 44 por ciento de los gastos operativos totales. Y a esto se suma la dependencia de la hidroelectricidad del país que exhibe riesgos ante los cada vez más recuentes períodos de sequía.
Pero también hay lugar para las oportunidades, donde se advierte el desembarco de inversiones anuales de 3.500 millones de dólares, impulsadas principalmente por el auge de la inteligencia artificial, como también de los recursos naturales: el país posee cerca del 12 por ciento del agua dulce mundial, gran potencial de energía limpia (solar, eólica y otras renovables), excelente nivel de infraestructura de telecomunicaciones, e incentivos fiscales y regulatorios.
Con todo, el documento -que está disponible para su descarga aquí- contó con el liderazgo de Alexandre Freire, consejero de la Agencia y presidente del Comité de Infraestructura de Telecomunicaciones (CEIT); y el aporte de la Superintendencia de Control de Obligaciones (SCO) y la Superintendencia de Competencia (SCP), entre otros órganos.

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