Panamá presentó sus estrategias nacionales de Inteligencia Artificial y de Semiconductores integradas en la Agenda Nacional de Tecnologías Avanzadas, con el objetivo de posicionarse como un hub digital global y consolidar su participación en la cadena de suministro de tecnologías críticas; con una fuerte apuesta en ciberseguridad y con una inversión proyectada de alrededor de 105 millones de dólares para especializarse en nichos como empaquetado, ensamblaje, prueba, diseño y logística especializada (que no suponen el fabricar, al menos en principio, wafers de silicio).
Tal como adelantó TeleSemana.com en el marco del Telco Tour Panamá, el segundo semestre de 2026 marcaría una bisagra para el país como consecuencia de la presentación de las estrategias que lo prometen conducir a la próxima década en condiciones provilegiadas. No sin debates.
La apuesta versa sobre el desarrollo de industrias del conocimiento: la industria de la inteligencia artificial (IA) y la de semiconductores, que se vienen debatiendo desde hace tiempo y que se complementan con otras, como la Estrategia Nacional de Exportación de Servicios Modernos de Panamá (ENESM-PA).
A éstas, se suman el desarrollo de infraestructura local (de data centers y del amarre de cables submarinos), junto con la puesta a disposición del mercado de recursos espectrales, tanto para 5G (para que amplíe la ecuación de mercado) como de la banda de 6GHz, que plantean que el horizonte al 2030 pasa por erigir al país como hub digital, con una participación activa en la cadena de suministro global.
Hacia allí se abrevan los esfuerzos que también suponen desembolsos y reembolsos concretos: la expectativa oficial involucra que la IA aporte entre 1,1 y 1,7 billones de dólares en valor anual a América Latina para 2030 y aumente el crecimiento de la productividad regional entre 1,9 por ciento y el 2,3 por ciento.
El anuncio
“Con el lanzamiento de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial y de la Estrategia Nacional de Microelectrónica y Semiconductores, el Estado panameño declara, al más alto nivel, que las tecnologías que están transformando el mundo formarán parte del futuro de esta nación”, declaró el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, al encabezar el acto de presentación de la propuesta este jueves 30 de julio.
Se trata de la Agenda Nacional de Tecnologías Avanzadas, al calor de la que se despliegan dos instrumentos que buscan posicionar al país en industrias tecnológicas que definirán la competitividad y el crecimiento económico durante las próximas décadas: la IA y los semiconductores. Y que incorporan, por ejemplo, la creación de la Comisión Nacional para Tecnologías Críticas y Emergentes y su Subcomisión de Inteligencia Artificial, donde el Estado, la academia y el sector productivo se reúnen bajo la coordinación técnica de la Secretaría Nacional de Ciencias, Tecnología e Innovación (Senacyt).
Esta Agenda, a su vez, busca que las Estrategias permitan traccionar al desarrollo de otros sectores, como los de logística, salud, finanzas, manufactura, telecomunicaciones, energía, agricultura, ciencia y otros. En ese marco, también se debate la sanción de una normativa de gobernanza que, según trascendió de fuentes oficiales, “dará a Panamá un marco jurídico moderno, basado en riesgos y experimentación, que protege los derechos del ciudadano y da certidumbre a la inversión”.
Todo el plan tiene un propósito y un contexto global, de geoestrategia. Panamá forma parte de Pax Sillica, la alianza global dirigida y lanzada por Estados Unidos en 2025 –disponible aquí– e integrada por una treintena de naciones (entre los que se encuentran Japón, República de Corea, Alemania, Reino Unido, la Unión Europea, Argentina, Chile y Costa Rica, por citar algunos) tendiente a generar “una cadena de suministro de silicio segura, próspera e impulsada por la innovación, desde minerales críticos e insumos energéticos hasta fabricación avanzada, semiconductores, infraestructura de IA y logística”. Esto, en el escenario actual, supone todo un posicionamiento.
“La misión de la Senacyt es convertir la ciencia, la tecnología y la innovación en herramientas de transformación nacional. Las estrategias que hoy presentamos son la expresión más ambiciosa de esa misión, y ambas fueron construidas con rigor técnico y con amplitud nacional”, dijo Eduardo Ortega Barría, secretario general de Senacyt.
Apostar por la economía del conocimiento
Ya en abril de este mismo año, el país había presentado su Estrategia Nacional de Exportaciones de Servicios Modernos (ENESM) que –disponible aquí- advierte tener las condiciones para explotar este tipo de activos, que significan el 16 por ciento de su actividad comercial internacional y que lo ubican octavo en la región; muy por debajo del 38 por ciento latinoamericano y lejos del 60 por ciento que representa para aquellos que lideran la actividad.

Imagen: Kjpargeter/Freepik
La economía del conocimiento es una meta “real y alcanzable” para Panamá y alrededor suyo suscribe narrativas, esfuerzos, promesas e inversiones para capitalizar a su favor las prácticas globales de deslocalización de tareas cognitivas, de nearshoring, de digitalización y de demanda global de servicios profesionales remotos.
Y al calor de esta estrategia, se priorizan seis sectores en los que ya posee capacidades: servicios financieros (1.378 millones de dólares exportados en 2024), seguros (543 millones de dólares), tercerización de procesos (289 millones de dólares), servicios profesionales (236 millones de dólares), como también transformación digital y tecnologías avanzadas (IA, cloud, ciberseguridad, videojuegos), con 41 millones de dólares, y servicios creativos y audiovisuales, con 13 millones de dólares.
Debatir el futuro
Las iniciativas presentadas en Panamá marcan un punto de inflexión para la economía local al diversificar su modelo productivo hacia la del conocimiento y el nearshoring. Al respaldar este plan con un marco regulatorio que se presenta como moderno, por flexible; sumado a la infraestructura clave necesaria (como de cables submarinos, capacidad para el procesamiento de datos y espectro radioeléctrico para las telecomunicaciones) y alianzas geoestratégicas internacionales, Panamá aspira a atraer inversiones extranjeras de alto valor y a acelerar la productividad regional.
Eso en la narrativa oficial. Pero nada es tan lineal, ni exento de debates en el ecosistema socioeconómico, académico y tecnológico panameño, cuyas discrepancias pasan por aspectos como las capacidades locales o el impacto de largo plazo.
Uno de los puntos que se tradujo en inmediata controversia local fue el anuncio de 10.000 becas de formación en áreas digitales e iniciativas articuladas por la Senacyt, sobre la que pesa la duda de la academia y de diversos gremios acerca de la real posibilidad de alcanzar el nivel de especialización requerido, por ejemplo, en materia de ingenieros en diseño de microchips o científicos de datos.
Inclusive, se advierte la paradoja de aspirar a ser un hub regional de IA mientras que diversas plataformas del sector público manifiestan serias vulnerabilidades, cuyos ciberataques y filtraciones hacen cuestionar las capacidades reales de garantizar la gobernanza de datos y la soberanía tecnológica.
La discusión estratégica también es parte y hay analistas internacionales que advierten que mantener una posición tan alineada con Estados Unidos en Pax Sillica -sumado a que en 2023 fue nombrado socio del International Technology Security and Innovation Fund (ITSI), creado bajo la ley estadounidense CHIPS- puede condicionar la neutralidad del Canal y, con ello, la relación comercial histórica que el país mantiene con Asia.
Con todo, la apuesta y el debate pasa por asegurar que el salto al futuro sea cualitativo. La forma en que Panamá logre equilibrar los retos internos -como la brecha en la formación de talento altamente especializado y la vulnerabilidad en ciberseguridad- y los externos, plantean el fuerte desafío que el país tiene por delante.


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