Deshinchan el globo de la 5G y no es quien esperabas

Hay veces que las piezas del puzzle están mezcladas sobre la mesa pero al tener la caja donde éstas venían sabemos cómo va a ser si lo montamos correctamente. Podríamos decir algo parecido de la 5G, las piezas están desparramadas encima del tablero, pero todos sabemos qué forma tendrá el dibujo final cuando lo acabemos de montar, a menos que cambien muchas cosas en los próximos meses.

Por si no necesitáramos más ayuda para entender el resultado final del puzzle, Eric Xu, presidente interino en Huawei, declaraba la semana pasada en un evento del fabricante en Shenzhen, China, que la diferencia entre la 4G y la 5G iba a ser imperceptible para el consumidor final. El ejecutivo aducía algo así como que los fabricantes de infraestructura no pueden permitirse el lujo de no seguir desarrollando una tecnología con demasiadas dudas sobre si misma, porque las ventas de equipos 4G en la actualidad dependen de los futuros productos 5G. A pesar de que los operadores no tienen claro el modelo de negocio de la 5G demandan a los fabricantes tener un camino evolutivo hacia la nueva tecnología, según dice Xu.

A pesar de que implementar la 5G será un ejercicio realmente caro, su puesta en marcha se ve aún más comprometida porque no existe un modelo de negocio claro para sostener las inversiones—está por ver si los verticales serán la respuesta—. Aún así, los fabricantes cuentan con que los operadores se pongan presión entre ellos mismos para avanzar en los despliegues de la 5G, porque si un operador dice haber lanzado la tecnología, inmediatamente sus competidores, sólo por cuestiones de marketing, deben hacer lo mismo.

El mercado lleva años en un circulo vicioso donde la intención es dejar de una vez por todas al acceso como el reclamo principal del negocio y, sin embargo, los operadores siguen apostando a este factor para desestabilizar a sus competidores y a sí mismos, ganando una ventaja competitiva con una nueva tecnología que rápidamente es replicada por los competidores, aun cuando no hay modelo de negocio concreto más allá de seguir facturando por el acceso, cuyos precios seguirán en retroceso. La culpa es de todo el ecosistema, pero deberían ser los operadores los que pusieran el freno, pero en lugar de eso, en marzo de 2017 pisaron el acelerador.

La posición de Xu no es novedosa. Las dudas —piezas del puzzle— de la 5G han estado entre nosotros desde hace tiempo a pesar de estar hablando de virtualización, network slicing y computación en la nube (MEC, por sus siglas en inglés). Y las piezas lo que dicen a día de hoy es que las inversiones en 5G no tienen mucho sentido, teniendo en cuenta que el desarrollo 4G aún no ha terminado y que incluso la recuperación de las inversiones en esa tecnología, en muchos casos, no se han materializado.

A pesar de las señales sobre el valor de la 5G, medido según el valor del espectro que debe sustentarla, el mercado sigue queriendo hacer creer que existe una carrera imperativa para lanzar y desarrollar la 5G, aún cuando el propio Huawei reconoce que los usuarios no van a notar diferencias entre la 4G y la 5G, y que muchas de las novedades que se prometen para la 5G se podrían implementar en la 4G. Este año España e Italia en Europa llevarán a cabo subastas para espectro 5G, lo que nos permitirá volver a tomarle la medida al verdadero valor de la 5G para los operadores.

La presión por lanzar la 5G viene de las asociaciones que, en teoría, defienden al ecosistema móvil, cuya piedra angular son los operadores. La semana pasada CTIA anunciaba, basado en un reporte de Analysis Mason, que China tenía una pequeña ventaja sobre el posible lanzamiento de 5G en relación a Corea del Sur. Esto es importante porque según la consultora Recon Analytics el liderazgo de Estados Unidos le aportó importantes beneficios económicos. Según Recon Analytics, ganar la carrera de la 4G impulsó el PIB de Estados Unidos en casi 100.000 millones de dólares y los empleos relacionados con la tecnología inalámbrica crecieron en un 84 por ciento, beneficios, dice esta firma de consultoría, que podrían haber aterrizado a otros países si Estados Unidos no hubieran liderado el mundo en 4G. Perder el liderazgo inalámbrico tuvo efectos negativos a largo plazo en Japón y Europa, lo que contribuyó a la pérdida de empleos y la contracción de sus industrias inalámbricas nacionales. Es por ello que analistas europeos se llevan las manos a la cabeza al pensar que Europa va a quedar rezagada de la carrera de la 5G debido a una sobre regulación. Estas voces estarían demandando que Europa se ponga las pilas y cree las condiciones necesarias y favorables para que se acelere el desarrollo de la 5G.

No se puede negar que el avance de la banda ancha móvil es un factor que fomenta la actividad económica y que, cuanto mejor sea la tecnología y mayor alcance tenga, más beneficios se obtienen. Sin embargo, la presión para el lanzamiento de la 5G recae, en última instancia, sobre los operadores. Todos los jugadores, proveedores de infraestructura, gobiernos, analistas e incluso los usuarios demandan y defienden con datos y análisis la importancia que tiene el avanzar en el despliegue de esta nueva generación de tecnología móvil. Es una carrera que a veces roza lo irracional y son los operadores en solitario los que deben encontrar el modelo de negocio racional que les permita poder justificar el lanzamiento de la 5G.

Sin un modelo de negocio que asegure el retorno sobre la inversión, tanto gobiernos como fabricantes de infraestructura deberían no sólo alentar a que los operadores lancen la 5G, sino que deberían contribuir a que los operadores tuvieran menos presión para hacerlo. Por un lado, con el otorgamiento de espectro de forma más económica para que los operadores tengan los recursos para la compra de la nueva tecnología, y por otro, los proveedores deberían acelerar el desarrollo de infraestructura que sea sustancialmente más barata de implementar que sus antecesoras, como vienen reclamando los operadores.

Pero si los gobiernos no aflojan en el tema espectral y los proveedores de infraestructura no tiene ningún incentivo en reducir el precio de su infraestructura de forma considerable ¿por qué deberían los operadores avanzar con la 5G? Si la 5G realmente es tan importante para las economías de los países y sabiendo que no existe un modelo de monetización que justifique su existencia actual dadas las condiciones de mercado existentes, ¿no deberían gobiernos y fabricantes predicar con el ejemplo?

No sabemos si a Eric Xu le agarró aun ataque de sinceridad a la hora desinflar el globo de la 5G, lo que esperaríamos es que fuesen los operadores los que lo hicieran. Hace casi un año nos preguntábamos: ¿Y si los operadores se plantaran y no invirtieran en la 5G?

Rafael A. Junquera
Cuenta con más de 16 años de experiencia cubriendo el sector de las telecomunicaciones para América Latina. El Sr. Junquera ha viajado constantemente alrededor del mundo cubriendo los eventos de mayor relevancia para la industria en América, Europa y Asia. Su experiencia académica incluye un BA en periodismo escrito por la Universidad de Suffolk en Boston, MA, y un Master en Economía Internacional en la misma institución.

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